Capitulo 22.

1757 Words
''Cayendo en una espiral de circunstancias aterradoras. ‘‘ Estaba muy confundida por ese mensaje, sentía miedo, desesperación, intriga por saber quién y porque me lo mandó. Pasé toda la tarde pensando quien podría ser pero no se me ocurría nadie. ¿Qué podría hacerme si no me alejo de él? Esa pregunta rondaba mi mente a cada momento, realmente me asustaba mucho que enviaran un mensaje de ese tipo. Cada vez crecía más la incertidumbre de saber quién era la persona la cual me estaba amenazando. Esa noche le dije a Ben que no viniera, quería estar segura de que no nos estuvieran vigilando o algo así. Pasé la peor noche de mi vida, no dormí, estaba paranoica y a cada rato veía por la ventana. Ya era de mañana y tenía que ir al colegio y por causa de ese mensaje no pude dormir, tenía unas ojeras que no se me tapan ni con él corrector de ojeras, me coloque hasta base y nada, decidí salir así porque ya no podía hacer nada por mis ojeras, estaba estresada así que agarré unos lentes de sol y me los coloque. No desayuné y salí antes de que Ben me viniera a buscar, espere el bus y cuando llegó me subí. Seguía pensando en que podría ser una broma pero también estaba la posibilidad de que fuera real. Llegue al colegio, camine rápido por el pasillo para entrar al salón porque no me quería topar con Ben, no en este momento. Camine un poco más y entre al salón, me senté y de un momento a otro apareció Madison, tenía tiempo que no hablaba con ella, ni siquiera me miraba o dirigía la palabra y yo estaba feliz con eso ya que por culpa de ella me ahogaron en el lago. Desde que pasó lo de Benjamín un odio increíble creció en ella, según mis amigos eran desde antes pero a quién le importa ya. —Hola Fabiana ¿cómo estás?— note un poco de falsedad o mucha en sus palabras, igual en mi aspecto podía notar como estaba. Tampoco deje escapar el amago de sonrisa que pasó por sus labios. —Hola Madison, pues como ves, no tan bien—dije seca—y si no te importa, quisiera estar sola y en silencio—ella alzó una ceja y yo la miré por encima de los lentes. —Y eso... ¿por qué?—preguntó con acidez, la maldad se ponía oler en cada letra que salía de su boca, realmente no entendía que podría interesarle de mí. No sabía si debería contarle aunque aprovechando la oportunidad y creyéndola capaz, solté un suspiro cansado y puse cara triste. —No, bueno ayer me enviaron un mensaje el cual no me dejo dormir en toda la noche y como notaras me veo destruida—ella fingió sorpresa y yo la miré entrecerrando un poco los ojos. —Y ¿qué decía el mensaje?—quise reírme porque seguramente había sido ella pero qué mejor que seguirle el juego. La malicia en su mirada la delataba. Esta no es la misma Madison con la que podía hablar por horas, ya no sabía cuál era su verdadero rostro pero este en definitiva no me gustaba para nada. —"Aléjate de Benjamín, estás advertida"— cité exactamente lo que decía el mensaje. Alzó las cejas y dibujó una pequeña sonrisa en su rostro aunque trató de ocultarla la pude ver, y en ese momento lo supe, es que era cosa de sumar dos más dos, ella había enviado ese mensaje y ahora necesito saber el porqué. No podía dejar las cosas así. Benjamín. Se me dificulta mucho cada vez que dejo a Fabiana en su casa, además me pareció muy extraño que no quisiera que fuera en la noche para dormir juntos. Nunca he querido ser posesivo pero me aterraba la idea de perderle después de esperar tantos años por ella, no podía perderla aunque estuve a punto de dejarla ir solo para que viviera un amor con otro pero ella me dijo que solo quería estar conmigo. No sabría qué hacer si se alejara de mí, había esperado mucho tiempo, había estado soñando con ella cada día que pase alejado y ese amor que dejamos a medias fue creciendo al pasar los años. Porque la amo y ella a mí también. Y porque la amo no podía permitir que se encerrara en un amor sintiendo algo por alguien más pero agradezco al cielo que nuestro amor sea más fuerte que cualquier otro sentimiento. Aleje esos pensamientos de perderla de mi cabeza y vi el reloj ya eran las siete de la mañana, salí corriendo para subirme a mi auto tenía que ir a buscarla. La llamé varias veces pero no contestó así que llamé a su mamá quien me dijo que ya se había ido, yo fruncí el ceño y aceleré para llegar rápido a la escuela, igual me perdería la primera hora. Después de quince minutos llegué al colegio, iba caminando rapidísimo lo más seguro es que me vería raro pero no me importo, de hecho me reí porque cuando camino rápido se ve medio extraño. No había absolutamente nadie en los pasillos y cuando quise entrar a la clase la profesora no me dejó, así que espere a fuera a la segunda clase. *** Ya era hora de almuerzo, el timbre sonó y todos salimos del salón, caminé hacia el jardín y me frené al ver a Fabiana sentada sola en una banca, se veía triste y preocupada, además de cansada. Me acerqué y la abracé por la cintura agachándome detrás de ella, le dejé un beso en el cabello, ella acunó su cabeza en mi cuello. La volteé para poder verla, en su rostro estaba reflejado la preocupación, se veía demasiado cansada, traía unos lentes de sol y se los quité viendo unas grandes ojeras debajo de sus ojos. Me dolió verla así, era demasiado extraño porque ayer me dijo que no quería que fuera en la noche y eso le agregaba mucha más preocupación al asunto. —Promete que jamás vas a dejar que nos separen, promételo—dijo y yo fruncí mi ceño. Veía la preocupación en sus ojos, los tenía cristalizados, realmente parecía que iba a empezar a llorar. —Pero... ¿por qué dices eso? ¿Qué paso?—le pregunté tomando su rostro con mis manos. —Ayer después que me dejaste en casa me llegó un mensaje el cual me dejó aterrada y no pude dormir en toda la noche por eso mismo. — ¿Y qué decía ese mensaje?—se quedó pensando pero asintió como dándose seguridad ella misma y continuó. —''Aléjate de Benjamín, estás advertida''¨—Y escuchar como su voz se quebraba por la preocupación, la angustia, la incertidumbre. No podía verla así, me dolía mucho el hecho de que alguien quiera infringir miedo o hacerle algo. ¿Quién le habrá mandado ese mensaje? ¿Quién quiere destruir nuestra relación? ¿Qué le podrían hacer si no se aleja de mí? Esas preguntas empezaron a surgir sin piedad y quise poder tenerles respuesta pero no era así. —Prométeme que nadie podrá hacernos daño, que no me vas a dejar nunca— por lo general ella es una chica fuerte pero podía ver cómo esto le afectó y vi como una lágrima caía por su mejilla. —Jamás Fabiana, nunca nadie nos podrá separar, nunca te dejaría y el que se atreva a hacerte daño se las verá conmigo.—Estoy hablando en serio que al que se le ocurriera tocarle un cabello a mi princesa se las vería conmigo, puse mis dos manos en sus mejillas y le di un beso— te prometo que siempre estaré para ti. —Y con nosotros—escuché a Charlotte y voltee para verlos a ambos. Ella asintió y entre los tres la acompañamos a sus clases. Así pasamos toda la mañana de clase en clase hasta la última hora que fue eterna porque era matemática, sonó la campana de salida y salimos del salón. Nos encontramos los cuatro en el estacionamiento y nos dirigimos a su casa, le rogamos al señor Maximiliano que nos dejara pasar la tarde con ella y Charlotte hasta lloró. Nos quedamos y nos invitaron a comer, Fabiana estaba un poco más tranquila y mientras comíamos hablamos de todos los temas habidos y por haber, terminamos de comer y Fabiana junto a Charlotte se fue a cambiar, pasaron alrededor de quince minutos y ya estaba lista. Se veía bella se puso un pantalón blanco tiro alto, un suéter manga tres cuartas n***o y unos sacos negros, se veía hermosa. Charlotte sonreía satisfecha y a Fabiana le había vuelto un poco de ese brillo a sus ojos, se veía radiante y no tenía esas ojeras de esta mañana. Salimos y fuimos a un parque que está cerca de su casa, vio un columpio y salió corriendo yo fui detrás de ella mientras Erick y Charlotte pelean por comprar helados. Me dijo que la empujara y así hice, se estaba riendo a carcajadas y en ese momento supe que sería feliz viendo su hermosa sonrisa siempre, me encanta verla feliz. Caminamos, hablamos, reímos, nos besamos, nos abrazamos, fuimos hasta un carrito de helados donde Charlotte y Erick pelearon y nos compramos unos helados de chocolate, nos sentamos en una banca y antes de que me diera cuenta ya tenía helado en mi nariz, voltee y vi que se estaba riendo, me derretía cuando la veía sonreír es tan hermosa. Ya habíamos terminado y estábamos caminando por el parque, llevé a Fabiana a su casa, saludé a sus padres y me fui a llevar a los dos chicos. —Tenemos que averiguar quién le envió ese mensaje—asentí y me detuve en un semáforo. Saqué mi celular para enviarle un mensaje a Fabiana y tenía un mensaje de un número desconocido. ¨Mantente alejado de Fabiana, no dudaría en hacerle daño¨ Abrí los ojos de par a par, se los enseñé a los chicos y quedaron igual de sorprendidos. — ¿Quién puede ser? ¿Quién quiere hacerle daño a Fabs?—preguntó Charlotte y yo leí otra vez ese mensaje. — ¿Qué quiere esa persona? no podemos permitir que le hagan daño—dijo Erick y yo asentí viéndolo. Jamás permitiría que le hicieran daño, nadie la iba a tocar. Se lo había prometido y así iba hacer.
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