—Te amo —repetía cada vez que con dulzura besaba sus labios. No había mentira en esas palabras, no había duda en ellas y me esforzaba por repetirlo cuantas veces pudiera, porque quería que lo sintiera, que lo supiera y que no lo dudara nunca. Fue en cada beso que le di que supe que no había besado o amado a alguien como lo amaba a él. Pero se había ido, me había dejado y todo por mi culpa. Aquella seguridad que quería brindarle, al final me había faltado y ya no había forma de retroceder y enmendarlo. Por una parte las palabras y la promesa que le hice a Ivar de renunciar al caso y declarar en su contra si resultaba ser culpable, habían tenido mucho peso, pero acepto que la mayor de las responsabilidades era mía. Si solo hubiera confiado más en él ... quizá mis "te amo" hubieran ten

