SUSAN
Estoy teniendo el sueño más placentero de mi vida, en donde le doy una patada en el culo a Weston, mi archienemigo y competencia dentro del bufete, por fanfarrón y por decir que me han dado el caso "Black" por acostarme con los altos directivos. Claro que eso no es cierto, pero en un ambiente donde solo lidera el sexo opuesto, ser la mejor y ser mujer, te traer digamos… ciertas consecuencias.
El hecho de era que yo en realidad no le había dicho a nadie que no tomaría el caso más importante de Nueva York, y que mucho menos salvaría al bufete de la ira del afamado y desconocido para mí, Kilian Black, porque odiaba a ese tipo con todas mis fuerzas y con todas mis leyes, por idiota, machista y vanidoso.
Como fuera. Mientras nadie se diera cuenta, todo estaba bi…
[Suena el timbre de mi teléfono]
La rubia que tengo a mi lado se remueve incómoda, me abraza dejando una pierna entre las mías y bufa aún con sus ojos cerrados.
—Vamos, Susan. Trabajo hoy no, no contestes. —pide haciendo pucheros.
Sonrío y sin hacerle caso tomo mi teléfono de la mesa de noche y reviso el identificador, dándome con la frente en la realidad al ver el nombre de mi jefe en él.
—Lo siento, baby, pero tengo que contestar.
—Noo… —Hace un nuevo puchero, arrebatando mi teléfono para que no tome la llamada. —Dijiste que ahora veríamos una serie completa. Hasta estaba pensando en cual…
—Alejandra, mi teléfono.
—Noo quiero. —Pone sus boca de pato y se sube a mi cadera con sus piernas abiertas inclinando su torso solo un poco más para besarme y moverse como si pudiéramos penetrarnos, bajando su mano a mi centro para empezar a estimular. Me retuerzo, muerdo su labio inferior y acojo sus senos en mis manos, apretando lento. —Perderé mi empleo por tu culpa. —Jadeo, bajando de la misma manera mi mano a su abertura y tocar, mirando como su boca se abre, su pecho se infla y sus ojos se entornan.
—Perderás tu empleo por no insistirle a Black y convencerlo de que te deje ser su abogada. Aunque tienes razón, el idiota no sabe a quien rechazó.
—A pues gracias. —Río, tratando de quitarle mi teléfono. Sin embargo, en el intento ella aprovecha para devorar mis senos y estimular con mucha más fuerza, haciendo que llegue al orgasmo. —Eres la mejor, baby.
—Lo sé. —Gimotea, llegando al mismo tiempo. —¿Y? ¿Riverdale? ¿Los 100?.
Suelto una risita, le doy vuelta en la cama, beso sus labios con alevosía y con mis labios hambrientos y la escucho jadear.
—Ya vimos muchas series, Al. Tengo que atender la llamada.
—De hecho ayer, Susan, solo cogimos. —muerde su labio y acaricia mis pezones con sus dedos índice y pulgar. —Y ese era mi plan para ahora.
—Sal con Kristal o qué sé yo, con Adriana.
Niega y desliza sus manos por mis glúteos.
—No, a comparación de mi ninfómana, ellas son aburridas…
Vuelvo a reír.
—De acuerdo, cariño, hagamos algo. —Le robo un beso, luego otro, y otro, hasta que mis labios se cansan y se hinchan. —Tomaré la llamada, hablaré con mi jefe y cuando regrese hacemos todo lo que quieras.
Tomo sus senos y los palpo sin pudor, deleitándome con sus gestos y sus gemidos.
—Eso suena justo. —Ríe sobre mis labios y me da una nalgada. Estoy por salir de la cama cuando la candente rubia me vuelve a jalar y prende sus besos húmedos en mi cuello, chupando con delicadeza mis senos, haciendo que pierda la cordura y el tiempo. —Una vez más, baby. —Susurra con sus labios avasallando los míos.
Está bien… supongo que mi jefe puede esperar.
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Los minutos escasean y por fin salgo de la cama, dejando cansada por esta mañana a mi amante de cabello dorado. Tomo mi teléfono y me sorprendo de ver las ¡40 llamadas perdidas!
Ese sujeto seguro me quiere estrangular.
—¡¿Qué carajo pasa contigo, Baxter?! —es su primera reacción cuando remarcó a su teléfono. —¡¿Sabes cuántas veces te he llamado?!.
No respondo enseguida porque sé que está furioso.
—No le insista si no quiere, Lic, yo llevaré el caso. —Dice la voz de Weston al fondo de la línea. —Ambos sabemos que a una mujer nunca se le confía ni la tarjeta de crédito, ni la libertad de un hombre.
Camino al cuarto de baño a hacer mis necesidades, me pongo a reír y con todas las ganas del mundo dejo salir por fin una carcajada.
—Que bueno que no tiene pareja entonces. —Señalo divertida. —De tenerla no tendría ni tarjeta y mucho menos libertad que otorgarle.
Escucho las risas de mis demás compañeros, que seguramente están reunidos y escuchando el altavoz, y me siento satisfecha de ponerlo en su sitio.
—Mejor seguiré con la llamada en la oficina. —Avisa y escucho unos pasos algo fuertes cruzar el pasillo. —Ahora sí, dime ¿Por qué no estás en la primera audiencia del señor Kilian Black.
Suspiro fastidiada.
—Es un idiota.
—Eso no es excusa.
—¡Sí lo es! —extiendo una mano al frente en el espacio vacío de mi cuarto de baño. —Ayer llevaba tooodo listo para la primera audiencia y para negociar su libertad y el idiota me mandó a sacar con los mismos oficiales de la penitencialía.
—Susan…
—¿Sabe lo cansada que estoy de trabajar con idiotas (Sin ofender) como para pasar todo el día con el rey de los tarados?.
El señor Zuniga bufa ciertamente molesto y gruñe cansado.
—Escucha, Baxter, el tipo tiene la capacidad de destruir el bufete con un puto chasquido de sus dedos como si fuera el maldito Thanos. Así que levántate, ve allá y sácalo de la penitenciaría lo más rápido que te sea posible. Y luego busca la forma de demostrar su inocencia.
—¡Puff! ¡Vamos, jefe! Ni siquiera sabemos si el sujeto es inocente o de verdad mató al amigo.
—Ex socio, y ese, Baxter, es justo tu trabajo.
Corta la llamada dejándome sin oportunidades para objetar.
Es increíble la forma en la que hay personas que se creen capaces de comprarlo todo.
Dejo de mala gana el teléfono en el mueble lavamanos, me meto a la ducha y me doy un baño tibio, relajando mi cuerpo con las gotas que caen sobre mis hombros y mi espalda. Salgo después de quince minutos y voy a la habitación a alistarme para ir al tribunal, eligiendo una camisa formal de color beige a botones, una falda tubo negra que me llega hasta la rodilla, un par de zapatos de tacón cerrados, y mi saco del mismo color que la falda. Decido dejar mi cabello suelto y completo con un maquillaje suave mi outfit de hoy. Alejandra ya no está en la cama, así que creo que se ha ido para su cuarto a dormir un poco puesto que ayer solo dormimos un par de horas. Pero, para mi sorpresa, al bajar la veo haciendo el desayuno, usando nada más un albornoz ultra delgado y transparente que no deja nada a la imaginación. Ella está cantando mientras mueve sus caderas y prepara café y tostadas. Sobre la barra ha dejado los sobres de correspondencia y el periódico.
Me siento sobre el taburete con una risita divertida y la observo atenta.
—¿Saliste en ropa interior a recoger el periódico?
Me voltea a ver con una sonrisa pícara, se encoge de hombros y se inclina para dejar un plato tostadas y una taza de café frente a mí, mostrándome sus redondos senos debajo del sostén.
—Sí, luego de tomar la correspondencia. Los vecinos casi me lanzan agua "bendita" encima pero me da igual.
Niego sin poder dejar de reír.
—¿Y así agarraste la correspondencia?.
Asiente.
—El chico era apuesto. Casi se atora con su propia saliva al verme, pero le pedí su número. Tal vez algún día hacemos un trío.
—No, lo siento… hazlo con Kristal.
—Dejé a Kristal, Susan. —Resopla aburrida. —Ella no comprende que no busco seriedad en la relación.
—Lo siento.
—Ah, no importa. —Le resta importancia y rodea la barra para sentarse con las piernas abiertas sobre mi regazo. —También llamó tu padre. Acaba de colgar, pero dice que quiere que vayas a la boda de tu tía Lucrecia el domingo de la otra semana…
¡Ash!
—Odio ir a las bodas de la tía Lucrecia. Se casa a cada rato y luego me pide ayuda para solicitar los trámites del divorcio.
Ale se pone a reír y me roba un beso, el cual se prolonga por varios minutos.
—Tu papá me pidió que te cuidara. No sabe que tras esa puerta me cojo a su hija. Creo que si no, me odiaría por traerte al lado oscuro.
Le regreso la sonrisa, acaricio sus muslos y sacudo la cabeza.
—Yo ya tenía claro que era bi. —me encojo de hombros. —Tú solo llegaste a asegurarmelo.
Reímos y después de un rato más entre besos y el desayuno, me levanto del taburete y me despido de ella.
—Ah, Susan. —me detiene antes de salir.
Volteo a verla y ella está jugando con sus dedos y con la mirada puesta en el suelo.
—¿Sí?. —Arrugo mi cejo.
—¿Y si lo intentamos? Ya sabes… que no sea algo abierto.
—¿Hablas de seriedad?.
Asiente cohibida.
Suelto un suspiro, pienso un poco en ello y al tomar una decisión, me acerco a ella y la tomo de la nuca para atraerla a mis labios y darle un profundo beso.
—Suerte en el consultorio. —Le digo.
Sus mejillas están rojas y su sonrisa se ha ensanchado.
—¿Novias?.
Asiento y le doy otro beso.
Salgo del apartamento sin saber bien porqué le dije que sí. Quizá porque nos conocemos desde hace mucho tiempo, es mi confidente, sabe mis defectos y mis debilidades y sabe que son más que mis virtudes, y sigue ahí.
No es tan malo.
Es claro que no encontraré en un hombre ese compañerismo o esa confianza, además de que dudo mucho que haya alguno que logre hacerme sentir lo que ella cuando estamos juntas. Lo acepto, al inicio fue difícil aceptarlo, pero ahora es normal, y es que nadie debería criticar o juzgar a las personas por sus gustos personales o su sexualidad.
Ella es mi compañera perfecta y… no estaría mal intentarlo porque… ¿Qué podría pasar?.
Al llegar al estacionamiento del edificio, recibo un mensaje de "buenos días" de Ivar. Caso contrario a Ale, él es mi mejor amigo, pero el cariño que siento por él siempre ha sido distinto.
Le respondo con una carita lanzando un beso y guardo el móvil. Subo al auto, lo enciendo y lo pongo en marcha, hasta que una hora después llego a mi destino.
Debo lidiar con el rey de los idiotas.
¡Genial(!)
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KILIAN
—¿Sr. Black, y su abogado?. —inquiere el juez al verme sentado solo en la mesa de litigio sin nadie a mi lado con una tonta corbata con forma de rombos y un maletín de mano de color n***o hecho de cuero.
—No tengo, señor juez.
Me reprimo las ganas de tirarme una carcajada al ver la cara que pone al verme tan relajado a pesar de no tener defensa alguna.
—Debe tener un representante legal. ¿Ya lo interrogaron?.
Asiento sin mucho ánimo y lleno de aburrimiento.
—Sí, ayer, y dije todo lo que sabía. Yo no maté a esa rata traidora. Alguien fue más inteligente y rápido.
—¡señor Black!
La puerta de la sala se abrió, y que sorpresa fue para mí ver a la zorra que me había dejado por Zachary, o más bien por el dinero que él me había robado, entrar junto al abogado.
—¿Y ella por qué está aquí?.
—Es la prometida de la víctima. Ella levantó la denuncia.
—¿En mi contra y sin pruebas?
Agatha fingió soltarse a llorar, miró a su abogado y le dijo algo al oído.
—Mi clienta pide que el señor Black sea custodiado por oficiales capacitados mientras dura la investigación.
El juez me mira y… no sé qué tanto miedo provoca mi mandíbula tensa, lo que sí sé es que estoy cabreado, y esa zorra tiene la culpa. Por la mirada del anciano con cara de pocos amigos, creo que dirá que sí y tendré que estar como si fuera un psicópata siendo custodiado, o como si fuera un animal peligroso, pero en ese momento la puerta se abre de nuevo, al tiempo que una suave, fina y dulce voz llena mis oídos.
—Objeción, señoría. Mi cliente no está siendo procesado como se debe y según el código de lo penal. La petición del abogado Milkowis y su clienta es cuestionable y carece de motivos.
Una hermosa cabellera castaño con mechones rubias aparece frente a mis ojos, unos labios rojos que apenas miro me dan ganas de devorar y una mirada azulada y fría que me eriza el cuerpo y me pone duro es todo en lo que mi concentración y la de todos, se pierde.
¿Es la misma chiquilla de ayer? No, esta parece ser toda una mujer de armas tomar, de esas que es difícil conquistar.
Sonrío al ver que su mirada cabreada se dirige haca mí y confirmo lo que ya sabía. Es ella.
—Denegado. —Señala el juez al abogado de Agatha, dándome el primer giro de victoria contra aquella zorra.
La chica se sienta a mi lado con algo de recato y recelo, sus ojos se encuentran de nuevo con los míos cuando la volteo a ver y veo como su gesto duro pierde fuerza y sus ojos se dilatan…
Es una gatita con alma de tigre, y quizá suene mal lo que voy a decir pero… ella será mía… mi gatita.
Aunque aún no lo sabe.