Tensión. Era lo único que se respiraba en el aire. —No tenemos que llegar a estos extremos —Traté de conciliar al ver que Nichols sacaba del otro lado del cinturón otra pistola y apuntaba a ambos guardias —Bajen las armas y Nichols lo hará también. —¡De ninguna manera! —señaló ofendido Viktor Volkov, en guardia, con sus manos al frente —. Ustedes vinieron aquí a generar conflicto. Ustedes deben bajar primero las armas, o bueno, él. Señaló a mi temido guardaespaldas. —Él no las va a bajar. De ustedes no me fio. —¿Y crees que nosotros de ti sí? Defiendes a Black, un asesino a sangre fría. Aquello de alguna forma logró molestarme. —Hay un proceso para saber si es culpable o no. Pero ¿qué me dicen ustedes? Me llaman a media noche para amenazarme de muerte y ahora me preguntan c

