SUSAN B. A la mañana siguiente me levanté despacio de la gigantesca cama de Kilian Black. Robé una Jersey blanca, un bóxer y una gabardina negra de su guardarropa, me coloqué una bufanda que encontré entre sus calcetines y fui por mis zapatos a la sala. Lento y sin hacer mucho ruido bajé por el elevador hasta el lobby y pedí un taxi. Iba hecha un desorden y no sabía cómo le iba a explicar esto a Ale, pero por suerte cuando el taxi llegó y después de cuarenta minutos en el tráfico logré llegar a nuestro apartamento, ella seguía dormida. Aproveché para quitarme la ropa de Black y dejarla en mi cajonera, me metí a la ducha para quitarme su delicioso olor, el cual me había quedado impregnado, y una vez estuve lista salí a la habitación, encontrando a mi roomie sentada en el respaldo de l

