—¿Pero qué…? —lo tomé de los hombros y lo llevé a la mitad del corredor antes de que Ale, Ivar o incluso mi padre medio noqueado lo vieran. ¡¿Qué se suponía que estaba habiendo en mi apartamento?!. —¿Le picó algún mosquito, señor Black? ¿Uno que le pasara la taradupidez? ¡Ese es mi apartamento! Sonrío y me detalló con la mirada de cuerpo completo, quemando con sus hermosos ojos grises mi piel por donde pasaban. Su mirada era oscura e intensa, tanto que con sólo eso ya estaba sudando helado, estremecida a más no poder y con mi corazón a punto de salir de mi pecho. Eso que con solo esa sonrisa también había hecho que empapara mis bragas. —Es una genia, señorita Baxter. ¿Qué crees? Por eso vine. —¡No! —lo señalé decidida, o eso creo porque el dedo índice con el que lo señalaba temblaba,

