Él. Pasé esa tarde con la señora Sylvia a quién le brillaban los ojos de la emoción. No se me hizo extraña su reacción, siempre me dijo que esperaba que algún día me casara con él o cómo en palabras textuales decía: Si no te lo propone, te lo propondré yo y lo casamos con una escopeta, como nuestros ancestros hacían. Me atacó a preguntas incómodas que me dejaban en blanco, sin saber qué decir, como, por ejemplo: ¿Cómo fue su reencuentro? ¿Te buscó o te llamó? ¿En qué momento decidieron retomar su relación? ¿Cuándo será por fin mi anhelada boda? No sabía cómo debería contestarle a eso porque nada sucedió de una forma normal. No podía decirle así: Lo que sucedió fue que Gael me fue a buscar al club de bailarinas exóticas donde trabajo, nos vimos, él fingió ser otra persona y poco después d

