Lindsey al ver sus zafiros brillar de conmoción, su espíritu se sacudió, muchas noches lloro por él y extraño cada sensación vivida a su lado, en su mente apareció su abuela. —¡Kyle! Como pretendes que me mude contigo de la noche a la mañana, además está mi abuela, no la puedo dejar sola en esa mansión. Él se levantó con ella y la tomó de las manos. —Lin, tu abuela se puede mudar con nosotros, vamos a necesitar ayuda, ya son 5 niños que tenemos que proteger —una mueca de satisfacción se dibujó en su rostro al pensar en las cenas alborotadas y los motivos para llegar temprano a la casa —. También está a pocos metros de la mansión una casa amplia de tres habitaciones que puede servir para tus guardaespaldas o a quien tú quieras que viva allí. —¿Tú vas a perderme matrimonio?, o ¿planeas

