18. La gente de siempre

2432 Words

—Ven conmigo —se levantó Alejandra de un salto y le mostró a Chase un viejo y polvoriento reloj de pie que había en un rincón. Era tan anodino que ni siquiera se había fijado en él. Era más bien el tipo de cosa que se encontraría languideciendo en cualquier chamarilería, y no en el fantástico país de las maravillas que era Meridiano. —Vamos, entonces —le dijo ella—. ¿A qué esperas? Creía que te gustaba jugar con los relojes—. El verdadero propósito del viejo reloj se hizo evidente en el momento en que Alejandra abrió su carcasa para revelar una escalera oculta que se desvanecía en la oscuridad. Bajó los estrechos escalones sin vacilar. —Este lugar se vuelve más extraño a cada segundo —murmuró, quitándose las telarañas mientras la oscuridad lo consumía. Algo perplejo ante otro giro inespe

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