(Punto de vista de ella) El aire de la noche estaba frío, pero no lo suficiente para apagar el fuego que me quemaba por dentro. Mi cuerpo temblaba. De ira. De impotencia. De una rabia tan pura que casi dolía. Y digo "casi" porque me negaba a que me doliera algo que Massimo hiciera. Lo que menos haría era doblegarme fácil ante él. Salí del after party sin mirar atrás, mis tacones resonando en el pavimento con cada paso decidido. No me importaba que el chófer aún no estuviera cerca para recogerme. No me importaba que estuviera sola en medio del estacionamiento de un club donde hacía apenas un momento habían intentado comprarme como si fuera una pvt^ de lujo. Todo gracias a Massimo. Él lo provocó. Él me marcó. Él me vendió como si yo no valiera más que su maldita humillación pública. Y lo

