(Punto de vista de él) Estuve atrapado en la oficina todo el maldito día. No había comido bien y me había enfrascado en el trabajo con tal de no pensar en cierta mujer. Las llamadas constantes de mi papá, que había evitado responder, porque ya sabía a qué se debían, no me ayudaron en nada. Al final del día estaba atorado en el maldito tráfico de la ciudad. Sí, todo era un infierno, pero mi cabeza lo era todavía más. El claxon de un taxi sonó como una bofetada y no ayudó a calmarme. Estaba sudando, aunque tenía el aire acondicionado encendido. Me pasé la mano por la nuca, una, dos, tres veces, como si eso fuera a quitarme el maldito nudo que se me había hecho desde que Jenna se fue echando humo de mi hotel y, horas después, mis hermanos me habían visitado para decirme lo de los rumore

