Capítulo veintisiete No dejar que mi boca hable lo ha enfadado mucho. —No sé qué te puedo decir, no soy nadie—digo mirando el panorama. Golpea el volante —Sara Poezyn, tú eres más que todo para mí —lo miro expectativa a la situación. Tengo que decirle. Lo malo es que se aleje de mí. —Pues la verdad es que recordé ciertas cosas de mi pasado y ahora sé que soy —observa la carretera y luego a mí en actos seguidos queriendo decir que prosiga —soy una mujer demonio. Su cara relajada me demuestra que él ya lo sabía —Yo lo sabía desde que te vi en la mansión, tú eres tan pálida y tus ojos tan profundos, pero tu riquísimo olor me descompuso y no pude pensar en otra cosa que no fueras tú, pero descarte la idea cuando te vi totalmente indefensa ante el vampiro—toma mi mano y la lleva a sus l

