Capítulo 34

1381 Words
Capítulo 34 VALENTINA Me sentía de lo más fatal que podía sentirme después de haber cometido lo de Charlotte y sabía que a mi Charles, ya le estaba yendo de lo peor con los reyes, ya que, de no ser así, él nunca se habría salido a tomar la llamada fuera del piso. Esto era una situación por demás complicada y lo que era peor, que yo no tenía ni idea de como arreglar esto con los reyes, lo único que pasaba por mi mente de una persona normal era poder disculparme, pero algo me decía que no iba a ser suficiente. No tenía idea como se debía comportar una con esa gente de la realeza. Le di su copa de vino a Arthur y ambos esperábamos a que entrara Charles al piso. —Vale, no te preocupes—dijo Arthur calmando mi ansiedad—no pasará nada. Mis padres son los mejores, tú los conoces. Ellos no saben estar enojados, es por eso que es muy bonito ser su hijo. —Es que no quiero que Charles tenga problemas por mi culpa—declaré—créeme Arthur, lo que menos quiero es perjudicarlo, yo lo amo. —Y él te corresponde, no por nada vas a ser mi cuñada—Arthur me abrazó—estoy feliz por ustedes, en serio y también porque vas al Fashion Fest, espero que me vayan a llevar ya que estaré aún por aquí. —Gracias por aceptarme como novia de tu hermano, Arthur—respondí—en serio, eso significa mucho para mí. —No agradezcas, Vale—respondió muy amable—aún recuerdo cuando llegaste por primera vez a Mónaco con Charles. Ese día nos cambió a todos la vida. Claro que yo también me acordaba de aquella ocasión y sonreí al hacerlo, recuerdo como estaba muy nerviosa y no sabía ni lo que los reyes iban a pensar de mí. Yo no sabía mucho de la realeza, pero sí lo más básico que los príncipes se casan con princesas y yo, era todo menos una princesa. ***FLASHBACK AÑOS ATRÁS*** Charles y yo, llegamos a Mónaco para pasar el año nuevo con sus padres y con su demás familia. Me sentía de los nervios, al saber que iba a conocer a unos reyes de verdad y que esto no era uno más de mis cuentos, era mi realidad. Un chofer real nos recogió en el aeropuerto a Charles y a mí y a medida que íbamos recorriendo las calles de Mónaco, yo sentía subir la ansiedad por todo mi cuerpo y Charles lo notó, él tomó mi mano para besarla. —Mi Vale, no tengas miedo preciosa—me trataba de calmar—además ya has saludado a mis padres por teléfono y han sido ellos mismos los que te han invitado a venir a Mónaco. —Lo sé, pero me aterra pensar lo que van a decir de mí—dije muy nerviosa—ellos y además también están tus hermanos. No sé, pero hoy más que nunca me pesa no ser de la realeza. —No pasará nada, sólo una cosa. Mis padres se van a enamorar de ti, tanto como yo lo estoy y ya hemos llegado—dijo Charles muy feliz apenas llegamos al principado de Mónaco—bienvenida a mi hogar, mi princesa. —Gracias, mi príncipe. Apenas llegamos al principado, un despliegue de gente se acercó para escoltarnos y para ayudarnos con lo del equipaje. Charles, me tomó de la mano y apenas cruzamos la puerta y ahí estaban sus padres y sus dos hermanos, siendo ellos los primeros que nos saludaron y nos dieron la bienvenida. —Vaya hermano—dijo Arthur—tu chica está bellísima. Es la mujer más hermosa de todas y lo siento si te pones celoso. —Yo lo sé, ella es la mujer más bella del mundo—sonrió Charles—papá, mamá, ella es mi hermosa Vale. —Su alteza—dije haciendo una reverencia—encantada de conocerlos, esto es un sueño para mí y lo siento, pero me siento muy nerviosa. —Nada de su alteza—dijo la madre de Charles—ven acá y danos un abrazo. Los reyes me recibieron muy amables y hasta de abrazo y beso me saludaron. Charles tenía razón, toda su familia era encantadora y hoy más que nunca yo me sentía más que especial por poder estar aquí con él. Ellos organizaron una comida para nosotros para darnos la bienvenida y después, Charles y yo, subimos a instalarnos a la recámara de Charles, algo que me puso demasiado nerviosa. Llevábamos solo un par de meses juntos y nunca habíamos hecho el amor y ahí, sólo estaba la enorme cama de Charles. —No te preocupes, mi hermosa princesa—dijo Charles—si te molesta que compartamos la recámara, me puedo ir con mis hermanos o a una recámara de invitados. Sólo quiero que tú te sientas cómoda. —Lo estoy mi príncipe y no te preocupes, creo que todo pasa cuando debe pasar—lo abracé y nos besamos dulcemente—creo que si vamos a compartir tu recámara es porque ya me siento segura de dar el siguiente paso. —¿En serio, mi princesa? —me preguntó Charles muy sorprendido—entonces, tendremos una velada especial, la primera noche no puede pasar aquí, tiene que ser solo de nosotros dos. —Cómo tú quieras mi amor, sólo quiero que sepas que estoy preparada para ser tuya. Charles me besó tiernamente y después, Arthur irrumpió en la recámara con sus ocurrencias y nos convenció de ir a pasear en el yate, algo que a Charles y a mí nos agradó. Así empezó mi vida con la familia real. ***FIN DEL FLASHBACK*** En ese momento que Arthur y yo, estábamos recordando todo lo que pasó desde que nos conocimos su familia y yo, Charles entró al piso. Él me miraba dulcemente y se acercó a sentarse a mi lado y yo, le di su copa de vino y varios besos muy tiernos. —Charles, mi amor—lo abracé tiernamente—dinos ¿qué ha pasado? Tengo miedo de lo que pudieran decirte los reyes. —Mi padre está enojado, mi princesa—confesó—pero, nada que no podamos solucionar. Lo que sí, es que no puede volver a repetirse nada de eso ¿me lo prometes? —Te lo prometo, Charles—nos dimos un tierno beso—aunque me pese controlarme, tendré que hacerlo. —Gracias, mi princesa. —Sabía que todo se iba a arreglar—dijo Arthur—mis padres no son tontos y no se iban a poner en contra de Vale cuando saben que la amas tanto como para renunciar a la corona por ella, Charles. —Eso es verdad, yo renunciaría a lo que fuera por solo tener el amor de Vale—confesó Charles—te amo, mi princesa. —También te amo, mi príncipe. Después de pasar el trago amargo, pedimos algo de cenar. Ya era muy tarde para salir y ni Charles, ni yo teníamos ánimos de hacerlo. Cenamos los tres juntos y más tarde cuando Arthur se fue a su recámara, Charles y yo entramos en la nuestra y yo, lo seguía viendo demasiado desanimado. Me senté en sus piernas y miré esos hermosos ojos de los que estaba muy enamorada y él me sostuvo la mirada, dejándome hechizada como la primera vez que me miró así. —Lo que dije a Arthur es verdad, yo renunciaría a todo con tal de ser felices—me dijo tiernamente—quiero que tus sueños, sean los míos Vale. Quiero hacerte muy feliz y darte siempre lo mejor de mí. —Yo también lo quiero, mi Charles. Eres todo lo que siempre busqué en un hombre y lo que sinceramente dudé que existiera, pensé que eso solo pasaba en los cuentos de hadas y ahora que estás conmigo, no pienso dejarte ir. —No lo hagas, Vale. Yo quiero estar contigo hasta que seamos viejitos, que veamos las puestas de sol y los atardeceres juntos, quiero que se siga escribiendo nuestra historia de amor y quiero que sea eterna, hasta que uno de los dos deje este mundo.
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