Llegó la noche y Allegra estaba en su cuarto arreglándose, estaba un poco nerviosa porque esa noche se decidirían todos los detalles de su matrimonio. Para todos no era un matrimonio por amor, pero para ella sí. Se había propuesto hacer de su matrimonio algo bueno para ambos, quería que la conociera de verdad y tal vez en un futuro pudieran tener algo real. Pero de momento no pensaba precipitar las cosas, no iba a decirle que seguía enamorada como tonta de él, al contrario le haría ver que ella había pasado página.
Llevaba un vestido entallado que quedaba como una segunda piel y definía cada una de sus curvas en un verde intenso. Ese color le quedaba muy bien con su pelo suelto y algo rizado. Se puso unos stilettos negros y bajó.
De un momento a otro sintió miles de mariposas dando vueltas en su tripa solo de pensar que estaba a segundos de ver esa sonrisa que tanto le gustaba.
Llegaron los Giordano a la mansión D'Angelo y Alessandro gentilmente saludó a Francesco y Martina mientras discretamente iba mirando a todos lados buscando a Allegra. Por un momento se alegró de no verla pensando que tal vez, ella se abría echado atrás. Pero no. Escuchó unos tacones sonando sobre el impoluto suelo de mármol de la mansión y se giró. Viendo a una sonriente muchacha con pasos refinados y elegantes acercarse a ellos. Allegra lo primero que hizo fue saludar a los mayores mientras que no le quitaba la vista de encima a Alessandro. Él hombre se había quedado impresionado, esa no era la muchacha gris que el recordaba, de hecho, rebosaba luz y confianza. Además de que le impresionó lo guapa que estaba y como no su espectacular físico, no era delgada pero se veía increíble a sus ojos. Se quedó algo embobado que al darse cuenta carraspeó un poco.
—Hijo recuerdas a Allegra–Gia intento presentarlos.
—Eeh si. Allegra. Me alegro de verte.
—Igual. –Allegra estaba igual de embobada mirándolo. Si hace 8 años era un muchacho joven que ya impresionaba con su porte, ahora le impresionaba mucho más. Era un hombre guapísimo.
—Bueno pasen. Tomemos algo.
Los más mayores de la familia fueron conscientes de las miradas de la pareja. Era evidente que se habían gustado y para ellos eso era un buen comienzo. Entre ellos se hicieron señas de que todo iba bien.
Cenaron mientras acordaban los preparativos, la boda sería en tres semanas puesto que Alessandro tenía un viaje programado a las Seychelles para visitar su nuevo hotel inaugurado hace seis meses. Así la pareja de recién casados pasaria allí su luna de miel. Ambos prefirieron una boda íntima por la iglesia con una recepción para los más allegados en la mansión Giordano, aunque sabían que la prensa enseguida se enteraría de la boda.
Alessandro dentro de si mismo tenía que reconocerlo había quedado muy impresionado con Allegra. No se la imaginaba así. La veía una muchacha alegre, extrovertida, muy elegante en sus andares y movimientos, y por supuesto muy hermosa. Cuando terminó la cena se despidió de todos incluido de ella, al acercarse sentía que era algo extraño volver a darle la mano y se acercó a ella y le dió un beso en la mejilla. Su olor se quedó impregnado en él, le encantó su olor. Era una mezcla de azahar y violetas, no sabía del todo que era, pero salió de la casa con su olor impregnado en sus fosas nasales.
Salió de casa de sus padres para dirigirse a su apartamento, Amber estaba en el sofá del comedor vestida muy sexy para él. Amber fue a besarlo cuando olió el perfume de una mujer y frunció el ceño y no puedo evitar reclamarle.
—Hueles a perfume de mujer. ¿Donde estabas? ¿Con quién has estado?
—Amber tenemos que hablar. –la chica se tenso, esa frase no le gustaba nada.
—¿Me has puesto los cuernos?
—No, déjame explicarte.
Alessandro le explico la situación mientras Amber lloraba. Alessandro intentó consolarla entendía que era algo difícil para ella.
—Pero no me puedes hacer esto yo te quiero. ¿No me quieres? ¿Es eso?
—No Claro que te quiero. Pero Amber no es tan fácil. No puedo cambiar los designios de mi familia.
— ¿Y yo que?
—Perdería todo, la presidencia, la herencia...todo. A menos que tú estés dispuesta a irte conmigo a otro lugar y empezar de cero. Solos tu y yo. Yo busco trabajo en alguna otra compañía y tú de modelo en otra ciudad...—Alessandro en su cabeza pensó que eso sonaría mejor pero a medida que lo decía se daba cuenta de que él no quería eso. Le gustaba su trabajo, su vida en general.
Al mismo tiempo que Amber se tensó al escucharlo decir esa propuesta. Ella no lo quería pobre. Dejó de llorar de repente, se limpió sus falsas lágrimas y se acercó a abrazarlo y con voz melosa le dijo:
—No amor. Yo no podría permitir que tu hicieras eso por mi. Que renunciaras a tu familia, tu trabajo, todo por lo que has luchado. Cásate con esa tonta, mantén tu posición y nosotros podemos seguir como hasta ahora.
Ambos se besaron y dejaron la conversación ahí e hicieron lo único que realmente les unía. El s**o.
Días después la abuela Sarah llamó a Allegra a su oficina para confirmar detalles que todavía faltaban. Allegra y Alessandro habían dejado a sus abuelas y a su madre encargándose de todos los preparativos, uno por falta de interés y la otra para no parecer tan entusiasmada con la boda. Solo quedaba cuadrar la hora de salida a las Seychelles y cuantos días se quedarían. Tampoco habían acordado donde vivirían, así que sabiendo la dirección del apartamento de Alessandro, se armó de valor y fué a su casa.
—Hola buenas noches. Soy Allegra Giordano busco a Alessandro D'Angelo. ¿Se encuentra en su apartamento?– preguntó al portero del edificio.
El hombre no fue desagradable pero le dijo que por seguridad él no podía darle esa información.
—Entiendo. Me parece muy bien que mantengan esas medidas de seguridad. Pero se trata de mi prometido y nos casamos mañana. Será que podría dejarme pasar para hablar con él. Mire se me ha apagado el móvil y no le he podido llamar.
Allegra puso su magnífica sonrisa y se cameló al portero que le dió el acceso. Allegra entró al ascensor algo nerviosa, era la primera vez que iban a estar solos. Apretó el botón de la última planta donde Alessandro tenía un ático duplex con impresionantes vistas.
Al abrirse el ascensor escuchó risas y voces de dos personas, pensó que serían vecinos. Pero se encontró a Alessandro y Amber besándose en el rellano. Se quedó quieta por un segundo ni tan siquiera las palabras le salían al ver semejante escena. Alessandro se percató de una sombra y se giró para encontrarse a Allegra.
—Allegra. ¿Qué haces aquí? –Alessandro estaba avergonzado de que lo encontrara en esa situación.
—Eeh he venido porque quería hablar contigo...Necesitamos concretar algunos detalles.
Amber la miró de arriba a abajo. La consideró una mujer muy guapa pero no del estilo de Alessandro, demasiado volumen para su gusto. Así que le sonrió con una cara de superioridad abasallante.
—Cariño ¿no nos presentas? –intervino Amber.
Alessandro algo incómodo por la situación las presentó, mientras ellas se retaban con la mirada. Allegra no iba a dejar que la humillara otra vez ni la viera llorando asi que le dijo que no era tan importante como para arruinar su última noche de soltero que ya que estaba tan "ocupado" hablarían mañana.
Alessandro intentó pararla pero Amber no lo dejó irse. Allegra presionó el botón del ascensor y salió corriendo del edificio subiéndose al coche, quería salir corriendo de ese lugar. Tenia las lágrimas a punto de salir de sus ojos y no pretendía que nadie la viera llorando. Mañana dejaría claros sus puntos de vista.
Esa noche no pudo dormir nada. No podía evitar sentirse triste y decepcionada. Se iba a casar con un hombre que no la quería y para colmo tenía una amante increíblemente guapa y delgada.
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Todos los telediarios del país e incluso internacionales se hicieron eco de la boda de los hijos de dos de las familias más acaudaladas de Europa. No se había escatimado en gastos para impresionar a los centenares de invitados. Todo el mundo hablaría de esa boda durante semanas. La abuela Sarah, Gia y Martina intentaron hacer una lista de invitados escueta por pedido de los novios, pero teniendo en cuanta los intereses y la cantidad de personas conocidas, fue muy difícil dejarlo en menos de trescientas personas.
Durante la ceremonia ambas familias rebosaban felicidad mientras que ellos se limitaron a mantenerse serenos mientras el cura hablaba sobre fidelidad, compromiso, amor y todo eso que no había en su matrimonio. Intercambiaron anillos, votos y un escueto beso por compromiso que quedo inmortalizado para mostrarlo al mundo fue toda la añorada boda.
El lugar del banquete rebosaba elegancia, distinción y dinero a raudales. Multitud de Flores blancas por todo el salón, manteleria bordaba a mano decoraba las mesas, una vajilla de Flor Danica hecha exclusivamente para el evento, donde el más prestigioso chef de Italia presentaría sus mejores platos. Era un espectacular trabajo de las abuelas y madre de los novios junto con la más prestigiosa organizadora de eventos, Feedora Charles.
Francesco y Thomas estaban exultantes por las noticias de sus asesores, apenas hacia dos horas que el cura había casado a sus nietos y las acciones de ambas compañías habían aumentado más de un 40%.
—Quien nos iba a decir a ti y a mi de jóvenes que un día seríamos familia y estaríamos celebrando la boda de nuestros adorados nietos. –le dijo Thomas a Francesco mientras brindaban.
—Asi es mi amigo. Ha llovido mucho desde entonces. Pero...no dejo de estar preocupado. –Francesco arrugó en ceño.
—¿Por qué? Es una maravillosa noticia la subida de las acciones.
—No es por eso Thomas. No viste la actitud de Allegra y Alessandro en la ceremonia. Apenas se hablaron, ni se miraron, nada. No se...tal vez nos equivocamos. Sé que mi nieta siente algo por Alessandro pero no me lo tomes a mal, tengo serias dudas con respecto a tu nieto. –Thomas no sabía muy bien que decirle porque sabía por dónde iba su amigo.—Es cierto que yo era el más interesado en esta unión, pero Allegra es lo más valioso que tengo y si tu nieto no se comporta a la altura de un buen marido, te juro que se arrepentirá hasta de haber nacido.–Francesco miró muy serio a su amigo. Era un buen hombre pero a las malas era el mismísimo demonio y Thomas lo sabia
—Francesco tampoco vamos a ponernos en ese plan. Se acaban de casar. Tal vez estaban nerviosos. –intentó restarle importancia.
—Espero que sea eso. Tampoco espero que hayan amantes ni nada de eso. Ellos se deben repeto y fidelidad, el amor vendrá con el tiempo. Tu y yo bien lo sabemos.
Thomas asintió. Prevendria a su nieto de no cagarla porque estaban en juego su reputación y el patrimonio de ambas familias.