CAPÍTULO NUEVE El director de la Central de Inteligencia estaba a punto de recoger su maletín para terminar el día y llamar a su conductor para que acercara el auto cuando repicó su teléfono personal. Era su director adjunto, Webster. —Señor director, acabamos de recibir noticias desde Ciudad de México. Hubo una explosión. Ocho muertos confirmados, docenas más heridos. —¿Ferrera? —Sí, señor. Hizo explotar una bomba que había armado dentro de la habitación del hotel. Se eliminó a sí mismo, al equipo de asalto y a varios oficiales de la policía mexicana. El DCI maldijo por lo bajo. —De acuerdo, Roy, ven, tenemos que controlar esta situación. Era un terrible desastre. El DCI mismo también era padre, sabía cómo se hubiera sentido, y ciertamente hubiera manejado el duelo de Ferrera mucho

