Poniendo en práctica las enseñanzas de las empleadas de la casa, agucé el oído tras la puerta. Era la manera apropiada para subsistir en una cueva de fieras. Clodomira despotricaba e insultaba a mi padre y al abuelo sin apenas detenerse a tomar un respirar. Si bien me resultaba imposible hilvanar las oraciones aisladas, acerté para comprender a fondo la conversación que se llevaba a cabo dentro del salón. Las palabras claves: chiquilla, loca, tonta y peligro. El resto, lo dejaba a mi prolifera imaginación. Nada bueno saldría de la bruja siniestra. Deseaba aguzar el oído, sin embargo consideré inteligente abandonar mis merodeos y poner rumbo al colegio. De un salto, me colé dentro del automóvil. Ansiaba enfrentar mis miedos y sobre todo volver a ver a Esteban. No cesaba de preguntarme po

