Las primeras luces del alba me sorprendieron en el dormitorio vacío de Marta. Ella se había despertado muy temprano a preparar el desayuno y adelantar el almuerzo. A pesar del dolor en la espalda, dormí de un tirón. Me molestaba solo si me tocaba o hacía un gesto brusco. De lo contrario, apenas ardía un poco. Las contusiones suelen ser peores al día siguiente cuando la sangre está fría, tras horas de inactividad física; pero al parecer los remedios florales surtían efecto. Los peores magullones, los que en verdad herían con acuciante hondo y hondo dolor, eran los que cargaba por dentro. No cesaba de pensar en Esteban afrontando el castigo mientras yo reposaba plácidamente. En ese instante, él y Guillermo me preocupaban por igual. No me estaba dejando llevar por mis sentimientos. Nada de

