Capítulo 11: Sombras Residuales (Narrado por Elara Vargas)

1154 Words
El eco del ritual aún me corría por las venas como chicha caliente, el cuerpo de Kai pegado al mío en la choza, su brazo pesado sobre mis caderas desnudas, respiración ronca contra mi nuca oliendo a pino sudado y semen seco –un recordatorio crudo de cómo me había follado hasta el amanecer, embestidas lentas y profundas que me dejaban temblando, su polla latiendo dentro mientras aullábamos bajo la plateada. "Eres mi eternidad, Luna –mi sombra que brilla", me había gruñido, mordiendo suave mi hombro pa' sellar cada promesa con dientes que dolían dulce. Dormía ahora como un lobo saciado, pecho subiendo y bajando contra mi espalda, su mano descansando posesiva en mi vientre plano, dedos rozando el tatuaje lunar que ya no ardía con maldición, sino con luz templada por su hierro. Pero el sueño se rompió de golpe con un aullido lejano –no el coro familiar de Silverfang, sino algo nuevo, como un viento quechua cargado de secretos oscuros, susurrando promesas de carne fresca y plata robada. Me incorporé despacio, el aire frío de la puna erizándome la piel morena, chal andino envolviéndome las curvas que aún palpitaban de placer –muslos pegajosos con nuestros jugos, pezones endurecidos por el viento que se colaba por las grietas de adobe. Salí al claro, la luna menguante colgando baja como una uña afilada, plata tenue iluminando las fogatas apagadas y los betas de guardia que patrullaban con pelajes medio desplegados. Lira estaba allí, su silueta castaña tensa contra el risco, ojos miel fijos en el horizonte norteño donde las cumbres del Ausangate se perdían en niebla espesa. Se giró al oírme, su blusa suelta marcando curvas que brillaban de sudor de vigilia, una sonrisa pícaro cruzando sus labios pero sin llegar a los ojos. "Hermana Luna, no duermes? El chamán lo vio en sus visiones durante el ritual –sombras residuales de Isadora, tejiéndose como yuyo venenoso en una manada nueva al norte. No son Blackthorn, con su olor a rencor bastardo; son errantes como tú eras antes, marcados por la plaga que quedó de la bruja. Lobos solitarios que cazan bajo lunas rojas, sedientos de plata mística pa' romper sus propias maldiciones. ¿Vienen como aliados, queriendo un lazo con nuestra veta? ¿O como rivales, oliendo nuestro ritual fresco y queriendo morder lo que construimos –tu unión con Kai, la fuerza que la plata nos dio anoche?". Sus palabras me helaron la nuca, el lazo latiendo advertencia en mi pecho como un tambor de fiesta que se acelera antes del clímax. Me acerqué, mi chal rozando su brazo en un toque de hermana guerrera, y miramos juntas el horizonte –sombras moviéndose sutiles, como fantasmas andinos que no terminan de morir. "Joder, Lira, el ritual fue fuego puro –Kai me folló como si la luna nos devorara, su polla embistiéndome hasta que aullé y la plata bebió nuestros jugos como néctar. Sentí la maldición romperse, el tatuaje enfriándose en mi piel mientras su semen me llenaba, goteando por mis muslos pa' sellar el lazo eterno. Pero si queda eco de Isadora... carajo, esa perra tejida no muere fácil. Me maldijo pa' cazar sola, a morder carne que sangra como mi viejo Ramiro, y ahora sus sombras buscan lo mismo –unión o destrucción. ¿Qué dice el chamán? ¿Vamos a cazarlos al amanecer, o los dejamos oler nuestra puerta pa' ver si muerden o lamen?". Lira se rió bajito, un sonido ronco que aliviaba el frío, su mano subiendo a mi hombro en un apretón que era lealtad pura. "El viejo murmura de 'sombras que buscan luz' –quizá lobos como tú, errantes con maldiciones residuales, queriendo la plata pa' templarse. Pero el chamán advierte: si su alfa es fuerte, vendrán por el trono de Kai, oliendo nuestro ritual como debilidad. Yo digo que los probemos –una cacería en la quebrada norte, donde el río termal lava traiciones. Si se unen, follamos la alianza con un ritual compartido; si muerden, los destripamos y colgamos sus pellejos pa' que los cóndores se den un festín. Tú y Kai al frente, hermana –tu lazo es el escudo que Isadora nunca tuvo". Kai salió entonces de la choza, desnudo y feroz bajo la menguante, su cuerpo marcado por arañazos míos que brillaban rojos como medallas de placer. Su polla semi-dura colgando pesada entre muslos musculosos, ojos ámbar escaneando la oscuridad con esa mirada que me ponía mojada al instante. "Oí el aullido, Luna. Sombras nuevas? Que vengan –mi hierro está templado por ti, listo pa' romper lo que quede de la bruja". Me tomó por la cintura, su calor pegándose a mi espalda, mano bajando posesiva a mi vientre, dedos rozando el triángulo de vello n***o donde aún sentía su eco. "Pero primero, sombra –despierta mi lobo de nuevo. El ritual fue fuego, pero la menguante pide más. Fóllame aquí, en el claro, pa' que la manada huela nuestro lazo fresco y sepa que no hay debilidad". No esperé ni un segundo. Lo empujé contra el ceibo nudoso, rodillas hundiéndose en la tierra fría y húmeda, mi boca bajando directo a su polla ya endureciéndose –lengua girando en la cabeza roja, sorbiendo el pre-semen salado que goteaba como ofrenda matutina, manos en sus bolas pesadas masajeando suave mientras lo tomaba entero en la garganta. "¡Joder, Elara, chúpame profundo, hazme explotar en tu boca como anoche en tu coño!", gruñó él, caderas empujando instintivas, una mano en mi cabello tirando pa' guiarme, la otra en mi nuca apretando como si quisiera fundirnos. Lo succioné con hambre cusqueña, garganta apretando alrededor de su longitud venosa, uñas raspando sus muslos internos hasta que jadeó ronco: "¡Sí, Luna, traga mi polla –siente cómo late pa' ti, listo pa' embestirte de nuevo!". El placer de su sabor me inundó, mi clítoris latiendo entre mis muslos, jugos goteando por la tierra mientras lo ordeñaba con la boca, lengua presionando la vena underside hasta que su chorro caliente me llenó la garganta, tragando cada gota espesa mientras gemía alrededor de él, mi mano bajando a mi coño pa' frotar el clítoris hinchado y correrme con él, ondas de placer sacudiéndome contra el árbol. Nos levantamos jadeando, besos con sabor a su semen y mi humedad, su polla aún semi-dura rozando mi vientre. Lira sonrió desde las sombras, ojos miel brillando con aprobación pícaro. "Listos pa' morder sombras, entonces. Al amanecer, a la quebrada norte –cacería de prueba. Si se unen, celebramos con chicha y cuerpos enredados; si no, sangre pa' la plata". El lazo latió fuerte, advertencia dulce, pero en los ojos de Kai, vi la promesa: juntos, follando cada batalla hasta la victoria. Pero el aullido se acercó más –nueva manada en el horizonte, ojos violetas brillando como ecos de Isadora. La eternidad traía guerra... o un nuevo fuego que quemaría más hondo.
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