Capítulo 13: La Alianza Tejida (Narrado por Elara Vargas)

1668 Words
El sol del mediodía quemaba la quebrada norte como un hierro al rojo, el río termal burbujeando a un lado con vapor que se enredaba en la niebla residual de la mañana, oliendo a azufre dulce y promesas de carne fusionada. La cacería había sido un baile de garras y aullidos –el jabalí gigante cayendo bajo nuestras fauces unidas, su sangre caliente salpicando pelajes gris, n***o y ceniza, la plata mística del río lamiendo nuestras heridas como lengua de amante. Zara y su jauría Ceniza habían probado leal: mordidas sincronizadas, no traicioneras, sus hilos violetas brillando pero no envenenando, rompiéndose con cada sorbo de agua encantada. Ahora, en el claro del termal, la alianza se sellaba no con palabras de chamán, sino con cuerpos enredados –ritual crudo pa' tejer lazos nuevos, pa' que la plata bebiera nuestros jugos y fortaleciera lo que Isadora había intentado romper. Kai estaba al centro, su forma humana imponente bajo el sol, torso cobrizo marcado por arañazos míos que relucían rojos como medallas de placer, polla semi-dura colgando pesada entre muslos musculosos que recordaban embestidas eternas. Me miró con ojos ámbar que ardían, el lazo latiendo en mi pecho como un pulso entre mis piernas –*ven, Luna, fóllame pa' sellar esto, haz que la nueva manada huela nuestra fuerza*. "Sombra, la Ceniza probó en la caza –ahora prueban en el fuego. Zara, únete –lame las cicatrices de mi Luna, siente cómo mi hierro las templa". Su voz era un gruñido ronco, puneño puro que se espesaba con deseo, mano extendida pa' guiarme al altar de roca humeante. Zara se acercó desnuda, su piel oliva curtida brillando de sudor de la cacería, cabello gris plateado trenzado con plumas que azotaban su espalda como cola lobuna, curvas esbeltas de alfa nómada –pechos firmes con cicatrices violetas serpenteando como venas vivas, caderas estrechas pero musculosas, muslos fuertes entreabiertos revelando labios hinchados de anticipación residual. Sus ojos violetas se clavaron en mí, no con codicia de traidora, sino con hambre de aliada –eco de mi propia soledad pasada, errante cazando bajo lunas rojas. "Sombra templada, tu lazo con el hierro huele a libertad que nunca probé. Isadora nos dejó hilos que queman en la llena, obligándonos a morder solos, pero tu unión... carajo, lo sentí en la quebrada, aullidos que sacudieron mis venas. Déjame lamer tus marcas –no pa' robar, sino pa' tejer mi eco en tu luz. Si la plata responde, mi jauría se entrega –cazamos contigo, follamos la alianza hasta que el lazo sea uno". El termal burbujeaba más fuerte, vapor envolviéndonos como velo de la Pachamanca, la manada Silverfang y Ceniza en círculo amplio, pelajes medio desplegados, jadeos ahogados llenando el aire espeso con olor a excitación colectiva –Lira mordiéndose el labio con ojos miel oscurecidos, betas moviéndose inquietos bajo telas raídas, erecciones visibles y coños húmedos goteando anticipación. Me recosté en la roca caliente, piernas abriéndose instintivas, el agua termal lamiendo mis nalgas como dedos juguetones mientras Kai se arrodillaba entre mis muslos, su boca bajando directo a mi coño ya empapado. "Prueba el sabor de mi Luna, Zara –jazmín andino y fuego cusqueño, hecho pa' ser devorado". Su lengua plana lamió desde mi entrada hasta el clítoris en una pasada larga, sorbiendo jugos que goteaban salados, dos dedos curvándose dentro pa' golpear ese punto que me hacía arquear. "¡Joder, Kai, chúpame profundo –hazme chorrear pa' que Zara pruebe cómo me templas!", gemí, caderas empujando contra su cara, uñas clavándose en su cuero cabelludo pa' guiarlo, pechos rebotando con cada jadeo. Zara se arrodilló a mi lado, su lengua rozando mi pezón izquierdo, succionando suave al principio, luego con hambre que hacía pulsar mis venas –sus hilos violetas brillando sutiles pero no quemando, eco de Isadora templándose en el toque. "Sabe a libertad, sombra –tu piel es fuego que rompe mis cadenas, pezones duros como plata pura". Sus manos bajaron por mi vientre, una uniéndose a la de Kai en mi clítoris, girando rápido mientras él sorbía mi entrada, dedos de ella trazando el tatuaje lunar que palpitaba con placer, no dolor. "¡Sí, lamenme, cabronas –Kai, méteme la lengua hasta el fondo, Zara, araña mis cicatrices violetas que heredaste de la perra! ¡Hagan que explote, pa' que la plata beba mi jugo y teja el lazo nuevo!". El placer subía como volcán en erupción, mi coño convulsionando alrededor de la lengua de Kai, jugos chorreando por sus bolas mientras Zara lamía mis pechos, mordiendo suave pa' dejar marcas aliadas. Kai levantó la cabeza, labios brillando con mi esencia, y se posicionó –polla dura y venosa rozando mi entrada resbaladiza, cabeza roja goteando pre-semen que cayó al termal como ofrenda. "Mira cómo la follo, Zara –mi hierro embistiéndola, rompiéndola en luz pa' todos". Empujó lento, centímetro a centímetro, mi coño abriéndose pa' él como flor nocturna, paredes aterciopeladas apretándolo en puño de fuego que le arrancó un gruñido gutural. "¡Carajo, Elara, tu coño es mi ruina –apretado, mojado, hecho pa' ordeñarme eterno!". Zara lamió mi cuello, lengua trazando la mordida de Kai del ritual, su mano bajando a mis bolas –no, a su propia entrada, frotando mientras observaba, gemidos ayacuchanos mezclándose con los míos. "Fóllala duro, hierro –hazla gritar pa' que mis hilos violetas se quiebren con su placer". Embistí –no, Kai embistió crudo y sin piedad, caderas chocando contra las mías en ritmo brutal que hacía chapotear jugos contra la roca, el termal salpicando como aullidos ahogados. Sus manos en mis pechos, pellizcando pezones duros mientras bajaba la boca a morder mi hombro, dejando marcas rojas que sangraban placer dulce, lengua lamiendo el sudor salado de mi clavícula. "Sientes eso, Luna? Mi polla latiendo en tu coño, el lazo fundiéndonos con Zara oliéndonos –te follo pa' que aulles mi nombre, pa' que tu maldición muerta se ahogue en mi semen caliente y teja alianzas en tus venas". Me moví con él, caderas girando en círculos que lo volvían loco, uñas rasgando su espalda en surcos profundos que ardían como fuego bendito, mi voz rompiéndose en gemidos cusqueños: "¡Lo siento, Kai, joder! ¡Tu hierro me quema el alma, tu polla me hace diosa de la alianza –más duro, embésteme hasta que explote, hazme chorrear pa' que Zara lama y la plata beba nuestro lazo!". Zara se unió más hondo, su lengua bajando a donde Kai y yo nos uníamos, lamiendo bolas y clítoris en cada embestida, sus dedos en su propio coño frotando rápido hasta gemir: "Sabe a unión, sombra –tu jugo en su polla, mi lengua probando el eco roto". La manada no se contenía –gemidos ahogados convirtiéndose en aullidos bajos, betas tocándose abiertamente, Lira arrodillada con un beta macho, su boca en su polla mientras él lamía su coño, el claro convirtiéndose en orgía de lealtad tejida. El placer subía como alud, mi clítoris rozando el pubis de Kai con cada embestida, sus bolas golpeando mi culo en slap húmedo que resonaba. "¡Ahora, Luna –córrete conmigo, apriétame pa' ordeñarme, haz que Zara pruebe nuestro semen mezclado!", gruñó él, una mano bajando a mi clítoris, girando rápido mientras embestía más profundo, la cabeza de su polla golpeando ese punto que me hacía convulsionar. Zara succionó mi pezón, dedos curvándose en mi entrada junto a la polla de Kai, estirándome en placer que dolía dulce. "¡Explota, aliada –tu placer rompe mis hilos violetas!". El clímax nos golpeó en cadena –yo primero, coño ordeñándolo en oleadas que me dejaron gritando cusqueño roto: "¡Kai, carajo, me corro! ¡Tu semen, lléname, hazme tuya pa' la alianza eterna –Zara, lame, chupa mi jugo mientras exploto!". Jugos chorreando por sus bolas y la lengua de Zara, quien gemía su propia liberación, dedos hundidos en su coño convulsionando. Kai me siguió, semen derramándose en chorros calientes y espesos que llenaron mi coño hasta rebosar, goteando por mis muslos en riachuelos plateados que el termal bebía con pulsos de luz, la veta respondiendo con fulgor que iluminó el claro. Aullamos los tres –un sonido primal sincronizado que hizo rugir a la manada en eco, el vapor temblando como si la Pachamanca se corriera con nosotros, alianzas tejidas en éxtasis compartido. Nos quedamos enredados en la roca, jadeos calmándose en el vapor que nos envolvía como sudario de placer, la polla de Kai aún semi-dura dentro de mí, palpitando con los últimos ecos mientras Zara lamía suave los jugos mixtos de mis muslos, lengua trazando marcas violetas que se desvanecían en plata pura. Besos salados en piel sudada, mi lengua en la boca de Kai, luego en la de Zara –sabor a nosotros tres, alianza sellada en saliva y semen. "Eterno y tejido, Alfa –siento los hilos romperse, la Ceniza unida a Silverfang", murmuró Zara, ojos violetas ahora claros, cuerpo temblando de liberación. Kai sonrió, lobuno y saciado, saliendo lento de mí con un pop húmedo que hizo goteo final al termal. "Bienvenida, alfa Ceniza. Caza con nosotros –y folla la lealtad cuando la luna pida". La manada se unió en orgía controlada –cuerpos enredados en parejas y tríos, aullidos mezclándose con gemidos, la plata bebiendo el placer colectivo pa' fortalecer vetas. Pero al atardecer, un explorador Ceniza volvió jadeando –sombras más grandes en las cumbres altas, no errantes, sino una horda de lobos salvajes atraídos por el eco residual de Isadora, sedientos de la veta ahora más brillante con nuestra unión. "Vienen al eclipse, Alfa –docenas, alfas múltiples, oliendo rituales frescos como debilidad". El lazo latió advertencia, pero con Zara y su jauría a nuestro lado, tomé la mano de Kai, dedo trazando su polla aún sensible: "Juntos, hierro –follando cada batalla hasta la luz. Que vengan; los templaremos con nuestro fuego". La eternidad ardía más hondo, y la luna menguante reía, prometiendo guerra tejida en placer.
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