CAPÍTULO 54 — La marca del eclipse

947 Words
El termal estaba que jodía, agua hirviendo, vapor subiendo tan espeso que apenas se veía la polla de Kai colgando pesada entre sus muslos mientras él se lavaba la sangre seca del costado. Yo estaba metida hasta las tetas, agua quemándome los pezones, el coño abierto debajo del agua caliente como si ya me estuviera follando la propia tierra. De repente, sin aviso, la marca en mi vientre bajo, ese tatuaje lunar que mi madre me clavó con aguja y sangre cuando tenía quince, empezó a arder como si me hubieran metido un fierro al rojo directo en las tripas. — ¡La reconcha de la lora, la puta madre que me parió! Salté fuera del agua como loba en celo, agua chorreando por mis tetas, por el coño, por los muslos, todo salpicando la roca caliente. Kai se giró rápido, polla dando un salto aunque estuviera herido, ojos ámbar abriéndose grandes. —Elara, ¿qué mierda te pasa, carajo? —La marca… quema… joder, quema como si me estuvieran metiendo la luna entera por el coño y me la prendieran fuego! Él corrió, cojeando todavía, mano grande cubriendo mi vientre al instante. Sentí sus dedos temblar. —Está roja como sangre… brilla… mierda, está latiendo más rápido que tu coño cuando te follo duro. El chamán entró en ese momento, bastón golpeando la piedra con ruido seco, ojos lechosos fijos en mi marca como si la viera perfectamente. —Te lo advertí, sombra. El eclipse rojo ya eligió su carne. —Viejo hijo de puta, ¿qué mierda significa esto? ¡Me estoy quemando viva! —Significa que la luna te marcó desde antes de nacer. Tu madre pagó con su propia sangre para que llevaras el sello del eclipse. Cuando la luna se ponga roja, la marca te va a obligar a elegir: abrir la veta y dejar salir a los antiguos… o cerrarla para siempre con tu vida y la de quien te folle mientras arde. — ¿Y si no quiero elegir ninguna de las dos mierda? —Entonces la veta se abre sola, se traga la puna entera: manada, cachorros, coños, pollas, tetas, todo. Los antiguos van a salir con hambre de siglos y se van a follar y devorar todo lo que se mueva. Kai gruñó tan fuerte que retumbó en la cueva, colmillos saliendo completos, pelaje gris empezando a brotarle del pecho. —Ella no elige sola, viejo. Yo estoy dentro. Mi hierro y mi sangre son de ella. El chamán lo miró fijo, sin parpadear. —Alfa, las leyes de tu manada lo prohíben desde antes de que nacieras. El hierro puro no puede unirse a la sombra marcada por eclipse. Si te metes en ella mientras la marca arde, te destierran. Te arrancan el rango. Te dejan sin manada. —Que me destierren a la mierda entera. Que me corten la polla si quieren. Mi semen y mi vida son de Elara. Si la marca la quema, yo la apago con mi hierro hasta que deje de doler. El ardor subió, me doblé en dos, coño latiendo tan fuerte que sentí jugos chorreando por mis muslos aunque no me hubiera tocado. —Viejo… ¡dime cómo paro esta mierda ahora mismo! El chamán habló lento, voz como piedra raspando piedra. —Solo hay una forma antes del eclipse: que el hierro te folle mientras la marca arde vivo. Que tu corrida y su semen templen la plata. Que tu placer y su placer sellen la elección. Pero si lo hacés, Kai, la manada te va a oler como traidor. Te van a marcar la espalda con garras y te van a echar para siempre. Kai me miró directo a los ojos, polla ya dura como fierro, latiendo contra su propio vientre. —Elara… dime que sí y te follo aquí mismo, contra la roca caliente, hasta que la marca deje de quemarte o hasta que me muera dentro de ti. —Fóllame, cabrón. Quema o no quema, méteme esa polla hasta el fondo ya. ¡No aguanto más! El chamán negó lento con la cabeza, dio media vuelta y salió murmurando. —Está hecho. El eclipse ya tiene su respuesta. Que la Pachamama se apiade de sus coños. Kai no esperó más. Me agarró por las caderas, me levantó como si no pesara nada y me estrelló contra la roca caliente del termal. El vapor nos envolvió, el agua salpicando alrededor. —Siente mi hierro, sombra… te apago el fuego con mi leche. — ¡Rómpeme, Alfa! ¡Métemela toda! Entró de un solo empujón, polla gruesa abriéndome hasta el fondo, golpeando tan hondo que grité. La marca ardía más fuerte con cada embestida, pero el dolor se mezclaba con placer hasta que no sabía cuál era cuál. — ¡Sí, joder, sí! ¡Más duro, quémame por dentro! Él gruñía como bestia, caderas chocando contra mi culo, bolas golpeando mi clítoris, manos clavadas en mis tetas, pellizcando pezones hasta que dolía rico. —Tu coño aprieta como nunca… la marca te está haciendo mía de verdad. — ¡Tuyo siempre, cabrón! ¡Lléname hasta que reviente! La primera corrida me pegó como rayo, coño convulsionando, jugos chorreando por su polla, la marca brillando violeta y roja al mismo tiempo. Pero no paró. Siguió embistiendo, más rápido, más salvaje. — ¡Otra, Elara! ¡Dame otra corrida pa’ templar esta mierda! La segunda me rompió la espalda contra la roca, aullando tan fuerte que retumbó en toda la cueva. Y la marca seguía ardiendo. Y él seguía follándome. Y afuera, la manada ya empezaba a oler la traición en el viento. Y yo solo quería que nunca parara.
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