La aurora despuntaba sobre la puna como un cuchillo de luz fría, cortando la niebla espesa que aún olía a pólvora global y sangre yankis rancia, las cumbres del Ausangate recortadas contra un cielo que sangraba rojo victoria. La veta mística latía en la cueva principal como un corazón expuesto y saciado, su fulgor plateado amplificado por la alianza tejida en el termal –Silverfang, Ceniza y Salvajes fusionados en un tapiz de lealtad sangrienta y placer compartido, aullidos que aún resonaban en mis oídos como gemidos de la emboscada de anoche. Los corporativos yacían destrozados en el paso estrecho, excavadoras autónomas volcadas en el río como bestias mecánicas muertas, drones con IA esparcidos como insectos aplastados, y el humo n***o de los robots caídos enredándose en la niebla como dedos de la Pachamanca vengativa. El aire estaba cargado de circuitos quemados, sangre de 'expertos' rancia y el eco de nuestra victoria cruda –los francotiradores cayendo en mis mordidas, sus miras láser apagándose en gorgoteos, Elara destripando un robot con garras que crujían circuitos como hueso.
Elara estaba a mi lado en el risco alto, su n***o ágil replegado en humana, piel morena reluciendo con sudor de batalla y jugos residuales del follada lenta contra el risco –pechos altos subiendo contra mi brazo, pezones endurecidos rozando mi piel cobriza en chispas que me ponían la polla dura de nuevo, caderas anchas tensándose contra mi calor. El lazo latía en mi pecho como un pulso entre mis piernas, templado por el ritual pero avivado por la sangre fresca –el operador de excavadora gritando inglés roto mientras mis colmillos rasgaban su arteria, Elara mordiendo cables de un drone que zumbaba como mosca moribunda. "Hierro, los corporativos cayeron, pero su transmisión crepitó antes de romperse –refuerzos federales al mediodía, con tanques yankis y órdenes de Washington, drones con IA militar pa' mapear la cueva sin piedad, papeles de 'seguridad nacional' pa' explotarla con máquinas que mastican montañas en segundos. Quieren la plata 'estratégica' pa' venderla en bolsas globales, contratos que envenenan la tierra con satélites armados".
Me pegué a ella, mi torso desnudo presionando sus curvas, mano bajando posesiva a su vientre donde aún sentía mi semen latiendo, dedos rozando el vello n***o pa' encender chispas en su clítoris. "Juntos, Luna –como en el termal, mi polla embistiéndote mientras Zara y Lira lamían, ahora embestidas de garras pa' romper tanques federales. Si vienen con IA militar falsa, les arrancaré chips con dientes, pa' que la plata no caiga en manos de 'seguridad' que venden ríos por acciones. Pero antes de fortificar, sombra –fóllame lento aquí, en el risco a la aurora, hazme sentir tu coño pa' templarme pa' las excavadoras. Quiero tus jugos goteando por mis muslos mientras muerdo cañones, pa' que huelan nuestra unión y se cortocircuiten en sus servidores".
No esperó –me empujó contra el risco frío, sus rodillas hundiéndose en la tierra húmeda, boca bajando directo a mi polla ya endureciéndose –lengua girando en la cabeza roja, sorbiendo pre-semen salado que goteaba como ofrenda matutina, manos en mis bolas pesadas masajeando suave mientras me tomaba entero en la garganta. "¡Joder, Elara, chúpame profundo, hazme explotar en tu boca como anoche en tu coño!", gruñí, caderas empujando instintivas, una mano en su cabello n***o tirando pa' guiarla, la otra en su nuca apretando como si quisiera fundirnos. Lo succioné con hambre cusqueña, garganta apretando alrededor de mi longitud venosa, uñas raspando mis muslos internos hasta que jadeé ronco: "¡Sí, Luna, traga mi polla –siente cómo late pa' ti, listo pa' embestirte de nuevo!". El placer de su sabor me inundó, mi clítoris –no, su boca era fuego, mi polla latiendo en su garganta mientras ella ordeñaba con succiones que me hacían arquear, su mano bajando a su coño pa' frotar el clítoris hinchado y gemir alrededor de mí, vibraciones que me llevaban al borde.
Levanté su cabeza, labios brillando con mi esencia, y la tumbé en la tierra fría, mi cuerpo cubriéndola, polla rozando su entrada resbaladiza antes de empujar lento, centímetro a centímetro, su coño abriéndose pa' mí como flor nocturna, paredes aterciopeladas apretándome en puño de fuego que me arrancó un gruñido gutural. "¡Carajo, sombra, tu coño es mi ruina –apretado, mojado, hecho pa' ordeñarme eterno!". Ella arqueó la espalda, pechos rebotando con el movimiento, piernas enredándose en mi cintura pa' clavarme talones en el culo y empujarme más hondo. "¡Llénamela toda, cabrón! ¡Fóllame profundo, hazme sentir cada vena de tu polla latiendo en mí –quiero tu semen sellando el lazo, goteando por mis muslos pa' que la manada lo huela y sepa que soy tuya!". Zara se acercó desde las sombras, su piel oliva brillando de sudor de vigilia, pechos firmes subiendo con jadeo, una sonrisa lobuna cruzando labios manchados de batalla: "Alianza tejida, Luna –déjame lamer tus jugos mientras el hierro te embiste, pa' que la plata beba nuestro eco nuevo".
Zara se arrodilló a mi lado, lengua rozando mi cuello, succionando suave al principio, luego con hambre que hacía pulsar mis venas –sus hilos violetas brillando sutiles pero templados, eco de Isadora roto en luz. Sus manos bajaron por mi espalda, una uniéndose a la de Elara en mi polla –no, a su clítoris, girando rápido mientras yo sorbía su entrada, dedos de ella trazando el tatuaje lunar que palpitaba con placer. "¡Sí, lamenme, cabronas –Kai, méteme la lengua hasta el fondo, Zara, araña mis cicatrices que heredaste de la perra! ¡Hagan que explote, pa' que la plata beba mi jugo y teja el lazo nuevo!". El placer subía como volcán en erupción, mi coño convulsionando alrededor de la lengua de Kai, jugos chorreando por sus bolas mientras Zara lamía mis pechos, mordiendo suave pa' dejar marcas aliadas.
Kai levantó la cabeza, labios brillando con mi esencia, y se posicionó –polla dura y venosa rozando mi entrada resbaladiza, cabeza roja goteando pre-semen que cayó al suelo como ofrenda. "Mira cómo la follo, Zara –mi hierro embistiéndola, rompiéndola en luz pa' todos". Empujó lento, centímetro a centímetro, mi coño abriéndose pa' él como flor nocturna, paredes aterciopeladas apretándolo en puño de fuego que le arrancó un gruñido gutural. "¡Carajo, Elara, tu coño es mi ruina –apretado, mojado, hecho pa' ordeñarme eterno!". Zara lamió mi cuello, lengua trazando la mordida de Kai del ritual, su mano bajando a mis bolas –no, a su propia entrada, frotando mientras observaba, gemidos ayacuchanos mezclándose con los míos. "Fóllala duro, hierro –hazla gritar pa' que mis hilos violetas se quiebren con su placer".
Embistí –no, Kai embistió crudo y sin piedad, caderas chocando contra las mías en ritmo brutal que hacía chapotear jugos contra la roca, el termal salpicando como aullidos ahogados. Sus manos en mis pechos, pellizcando pezones duros mientras bajaba la boca a morder mi hombro, dejando marcas rojas que sangraban placer dulce, lengua lamiendo el sudor salado de mi clavícula. "Sientes eso, Luna? Mi polla latiendo en tu coño, el lazo fundiéndonos con Zara oliéndonos –te follo pa' que aulles mi nombre, pa' que tu maldición muerta se ahogue en mi semen caliente y teja alianzas en tus venas". Me moví con él, caderas girando en círculos que lo volvían loco, uñas rasgando su espalda en surcos profundos que ardían como fuego bendito, mi voz rompiéndose en gemidos cusqueños: "¡Lo siento, Kai, joder! ¡Tu hierro me quema el alma, tu polla me hace diosa de la alianza –más duro, embésteme hasta que explote, hazme chorrear pa' que Zara lama y la plata beba nuestro lazo!". Zara se unió más hondo, su lengua bajando a donde Kai y yo nos uníamos, lamiendo bolas y clítoris en cada embestida, sus dedos en su propio coño frotando rápido hasta gemir: "Sabe a unión, sombra –tu jugo en su polla, mi lengua probando el eco roto".
La manada no se contenía –gemidos ahogados convirtiéndose en aullidos bajos, betas tocándose abiertamente, Lira arrodillada con un beta macho, su boca en su polla mientras él lamía su coño, el claro convirtiéndose en orgía de lealtad tejida. El placer subía como alud, mi clítoris rozando el pubis de Kai con cada embestida, sus bolas golpeando mi culo en slap húmedo que resonaba. "¡Ahora, Luna –córrete conmigo, apriétame pa' ordeñarme, haz que Zara pruebe nuestro semen mezclado!", gruñó él, una mano bajando a mi clítoris, girando rápido mientras embestía más profundo, la cabeza de su polla golpeando ese punto que me hacía convulsionar. Zara succionó mi pezón, dedos curvándose en mi entrada junto a la polla de Kai, estirándome en placer que dolía dulce. "¡Explota, aliada –tu placer rompe mis hilos violetas!".
El clímax nos golpeó en cadena –yo primero, coño ordeñándolo en oleadas que me dejaron gritando cusqueño roto: "¡Kai, carajo, me corro! ¡Tu semen, lléname, hazme tuya pa' la alianza eterna –Zara, lame, chupa mi jugo mientras exploto!". Jugos chorreando por sus bolas y la lengua de Zara, quien gemía su propia liberación, dedos hundidos en su coño convulsionando. Kai me siguió, semen derramándose en chorros calientes y espesos que llenaron mi coño hasta rebosar, goteando por mis muslos en riachuelos plateados que el termal bebía con pulsos de luz, la veta respondiendo con fulgor que iluminó el claro. Aullamos los tres –un sonido primal sincronizado que hizo rugir a la manada en eco, el vapor temblando como si la Pachamanca se corriera con nosotros, alianzas tejidas en éxtasis compartido.
Nos quedamos enredados en la roca, jadeos calmándose en el vapor que nos envolvía como sudario de placer, la polla de Kai aún semi-dura dentro de mí, palpitando con los últimos ecos mientras Zara lamía suave los jugos mixtos de mis muslos, lengua trazando marcas violetas que se desvanecían en plata pura. Besos salados en piel sudada, mi lengua en la boca de Kai, luego en la de Zara –sabor a nosotros tres, alianza sellada en saliva y semen. "Eterno y tejido, Alfa –siento los hilos romperse, la Ceniza unida a Silverfang", murmuró Zara, ojos violetas ahora claros, cuerpo temblando de liberación. Kai sonrió, lobuno y saciado, saliendo lento de mí con un pop húmedo que hizo goteo final al termal. "Bienvenida, alfa Ceniza. Caza con nosotros –y folla la lealtad cuando la luna pida".
La manada se unió en orgía controlada –cuerpos enredados en parejas y tríos, aullidos mezclándose con gemidos, la plata bebiendo el placer colectivo pa' fortalecer vetas. Pero al alba, un explorador vio luces en cumbres lejanas –no sombras, sino reflectores de robots corporativos, máquinas autónomas zumbando con IA yankis. "Vienen con excavadoras sin hombres, Alfa –la guerra mecánica llama".
El lazo latió, fuego nuevo. Juntos, morderíamos acero sin alma.