En la mansión Pantoja, estaba saliendo de su recamara la señora Clara Prieto muy elegante con prendas lujosas y un vestido verde.
Bajando las escaleras cuando la señorita de servicios Olga la está viendo bajar, ella se para de frente con sus manos hacia atrás anunciando
– ¿Señora afuera la espera el taxi que pidió?
– Esta bien Olga, gracias por llamarlo nos vemos… – Lo dice ella saliendo de la mansión baja los escalones con cuidado por los tacones y el jardinero Gregory la ve mientras esta podando el césped. Voltea hacia atrás mirando parada a Olga y le lanza un beso haciendo mueca con la boca, ella odiosa voltea la cara torciéndole los ojos y se regresa a la mansión cerrando la puerta, ella camina por el pasillo, después agarra luego la escoba y comienza a barrer, voltea la mirada mirando a la puerta, pero continúa barriendo. Mientras que la señora Clara Prieto saca el celular de su cartera ya dentro del taxi y el taxista la ve por el espejo y le pregunta.
– ¿Señora a donde la llevo?
– Lléveme al centro comercial las brisas por favor. – Responde marcando al numero de su hija de nuevo que se encontraba en la sala de espera mirando su reloj de manos, que sube la mirada ve salir a las personas de la junta escucha el celular que lo saca ve el número arruga la cara, lo apaga y lo lanza en su cartera, Pablo fue el primero en verla y le dice en susurro a su hermano Camilo en el oído que estaba de espalda mirando a su padre.
– La cuaima, a la izquierda… – Dando la vuelta Camilo la ve, dice apartando la cara. –, ¡Lo que me faltaba! ¿Qué haces aquí María?
– ¿Cómo qué hago aquí Camilo? Aquí es donde tu trabajas y si a mi me da la gana venir las veces que yo quiera lo hago, ¿Cual es el problema?
– Pues María…– Es interrumpido por su padre Rubén y sube su mano.
–El problema aquí María, es que es mi empresa, solo Camilo es un m*****o más a igual que sus dos hermanos, te pido que le bajes al tonito que traes de mal gusto, te exijo respeto en este momento acabamos de salir de una junta muy importante con varios accionistas del extranjero.
– Pero, pero señor Rubén lo siento no fue mi intención.
– ¡Cállate, María! Me estas haciendo pasar una vergüenza. –Lo dice molesto tomándola por el ante brazo y jalándola para llevarla a una oficina, pero ella no se deja y se suelta echándose para atrás. –No me voy a callar Camilo, ahora me tengo que calar que tu padre me trate así y tú no dices nada.
– ¿Que quieres que haga, que te defienda tu ridiculez? Por favor María, te lo pido vamos a una oficina y hablamos si mira que nos están viendo, ya basta.
– ¿Y porque a esta oficina y no vamos a la tuya Camilo? – Lo dice ella pelando los ojos Camilo cuando la secretaria Natalia se acerca después de susurrar.
– ¡Ay, no con esta mujer! – Acotando en voz alta. –, Señor Camilo, su oficina aun la chica de limpieza esta adentro realizando la respectiva limpieza como usted lo ordeno se acuerda.
– ¡A siiii, Natalia! Gracias. – Dando la vuelta la secretaria dirigiendo a su puesto de trabajo y camilo toma del brazo a su esposa María que la alza fuertemente ya molesto le grita al oído.
– Me tienes arto, cansado de tus locuras esto llego asta el limite María, esta escena no te la perdono. Mostrando el ceño fruncido enfadado.
María nota a Camilo muy molesto al escuchar su tono de voz fría con la mirada fija en ella y entrado a la oficina, la suelta mientras da la vuelta y se mete la mano en los bolsillos de su pantalón y ella sube la mano para decirle algo, pero la interrumpe Camilo.
– ¿Quiero el divorcio María?
– ¿Qué...? Camilo no es para tanto, perdóname si… amor, entiendo que estés molesto es verdad tengo que cambiar mi temperamento, pero tu no me puedes dejar.
– ¿Cómo que no? – Lo dijo él dando la vuelta. –, Si puedo te lo estoy pidiendo en este momento. –Tomando el teléfono del escritorio que sube.
– Llamaré a mi abogado para que empiece de una vez este con los trámites del divorcio, ya no quiero estar a tu lado ni un minuto más María.
– Baja ese teléfono. – Agarrando su mano y quitándole el teléfono.
– Mi amor piénsalo muy bien
– ¿Que dices? No seas cínica María, tú sabes muy bien que eso es mentira, deja de ser tan falsa por dios, pues dame ya el teléfono. – Él se lo arrebata, marcando el número cuando María le lanza su carta que tenía bajo la manga con voz muy baja pasando su mano por su frente y caminando.
– Estoy embarazada Camilo, estoy esperando un hijo tuyo. – Camilo se queda frío al escuchar a María bajando el teléfono y colocándolo en el escritorio.
– ¿Estás hablando en serio o lo estas haciendo para frenar el divorcio?
– Piensas lo que quieras, si dudas de mí pues podemos ir hoy mismo hacerme la prueba para que me creas, Camilo no lo puedo creer que dijeras eso. – Lo dice dando la vuelta demostrando un llanto falso hablando entre cortado.
– Yo pese que te iba alegrar escuchar esa noticia, que vas hacer padre, pero si a ti te hace feliz dejarme pues así esperando un hijo tuyo esta bien voy agarrar mis maleta y me iré de la casa y te firmo los papeles del divorcio terminamos de una vez con nuestro matrimonio.
– Yo no te estoy echando de la casa, eh perdóname y esa noticia me callo de sorpresa no la esperaba, de ti no, no. Yo no permitiría que un hijo mío nazca fuera del matrimonio, sin un hogar, va hacer un Pantoja, así que pues, dada las circunstancias María ya no me divorciare de ti, pero te pido si, que por nuestro hijo cambies tu comportamiento y que ocupes el puesto de mi señora pues ante todos incluyendo a mi familia, ¿Es mucho pedir mujer?
María cambia el semblante de su rostro a una leve sonrisa de hipócrita y dando la vuelta, mirando a Camilo mientras se le acerca para darle un beso, pero el voltea la cara a un lado molesto.
– Esta, bien acepto que estés molesto aún conmigo, pero…
– ¡Vete a la casa y déjame solo si! – Ella se echa para atrás, bajando un poco la mirada saliendo de la oficina, al salir tira la puerta que hace pegar un brinco a la secretaria Natalia que se coloca la mano en el pecho mirándola y susurra.
– Esta mujer uno de estos días me va matar de un susto. – Sacude la cabeza y encogiendo hombros acotando. –, Pobre el señor Camilo, con esta cuaima, no se cuando él se va quitar esa víbora de encima. – Saliendo de la oficina Camilo molesto, pasa por el pasillo en dirección a su oficina mientras que la secretaria lo mira pasar, él le dice.
– No quiero que nadie me moleste Natalia por favor.
– Sí señor, como usted diga. – Dijo la secretaria Natalia.
Camilo entra con una cara de amargado a su oficina, cuando ve a Karla con la pizza a medio camino hacía la boca, ella se asusta y se levanta.
– ¡Ay, señor Camilo, lo siento, yo tenía hambre y ordene pizza!
– Tranquila, ¡Está bien! si tenías hambre, más bien yo venía a invitarte a comer al ver la hora y que yo te tuve a qui retenida. – Mostrando una sonrisa.
– ¡Usted me dijo que lo esperará aquí señor! Y perdone la embarrada de ahora, no fue mi intención…
– No tranquila, pues hiciste bien en llevarme la carpeta, no te preocupes. Al contrario, gracias.
– Le guarde un trozo para usted, esta muy rica coma, usted también debe tener hambre señor, no todo es trabajo.
Camilo baja la mirada, ve la pizza arriba del escritorio, la sube mirándola a ella.
– ¿No me diga que no le gusta? Es de doble queso y champiñones a mi me fascina también hay bebida gaseosa.
– Ya veo que te gusta, yo la verdad nunca he comido pizza.
– ¿Cómo?, usted esta hablando en serio, ja, ja, ja. Señor una pizza como ésta se la come hasta el mismísimo presidente de la República. – Soltando él la risa.
– ¿Por qué se ríe si es la verdad, como me va decir que no come pizza? – Lo dice ella mostrando la mandíbula floja con asombro.
– ¡No pongas esa cara! Pues me apena decir eso, pero te digo la verdad yo no he probado eso. – Mirándola a la cara fijamente.
– Bueno, ahora yo lo invito, Karla Rodríguez, a comer una deliciosa pizza de la Pizzería de la esquina, Ja, ja, ja. – Tomándolo por la mano y lo sienta en la silla dándole un trozo de pizza colocándosela en la mano.
– ¿Coma, esta muy buena, va a ver que le va a gustar? Coma…
– ¿Qué tal le pareció? – Arrugando la frente inclinándose hacia atrás.
– ¡Sabe bien! Tienes razón, me gusto, gracias, pero le puedo pedir un favor.
– Si…ya se acabo la hora de descanso, ya tengo que ir a trabajar, pero usted no me ha dicho lo que voy hacer señor.
– Quiero que me acompañes a un sitio qué sé que te va gustar.
– ¡Acompañar! – Echando para atrás seria, lo mira con intriga.
– No piense mal, las asistentes a veces acompañan a sus jefes a los eventos o lugares donde requiera de sus servicios
– Eso suena más a una dama de compañía, mire señor yo no soy…. – Camilo la interrumpe colocando su dedo en su boca diciendo en un leve susurro.
– Ya le dije señorita, no debe pensar mal de mí, pues, yo no te pediré algo en donde usted no se sienta a gusto, no soy esa clase de persona, ni de los jefes que se propasan con sus asistentes.
– ¡Nooooo!, espero, porque le dejo el pelero, yo no soy tampoco esas mujeres que se aprovecha de los jefes para sacarle usted sabe, ja, ja, ja.
– ¡Ha! –, Respondió Camilo. –Ella agarra después el último trozo de pizza por los nervios se da la vuelta y se la come con las cejas arrugadas, cuando él la mira de lado muy pensativo.
– ¿Karla? Ella sube, voltea la cara y sus ojos se fijaron en un momento único donde le responde con voz tierna y dulce.
– ¿Dígame señor?
– ¿Te gusta los carros? – Le pregunto Camilo directamente.
– Bueno señor, cuando niña a mi me fascinaba mucho, ya que mi padre tiene un taller Mecánico y le llegaba muchos carros. Yo me metía a jugar dentro pero siempre mi padre me gritaba para que me bajara y salía corriendo me escondía detrás de mi madre.
– ¿Qué bonitos recuerdos tienes de tu infancia?
– ¿Por lo que veo usted no lo tuvo? – Lo dice ella con asombro.
– ¡Mi infancia se quedó entre los libros! Ya que estudiaba en una escuela en Londres. Tampoco compartí con mis hermanos, Pablo que es el mayor y que lo conociste hace poco.
– ¡A si, ya! –Lo dice pensativa agarrando su bolso que se lo cruza, escuchando
– El estudio en Italia y Jairo, el pequeño siempre estuvo al lado de mis padres, es el mimado de mi madre.
– ¿Qué infancia la de ustedes? ¡Válgame Dios! – Lo dice ella caminando hacia la puerta subiendo la mirada y lo ve que él se dirige y agarra su maletín y mete algunos documentos, luego se regresa y con duda le pregunta.
– Señor Camilo, ¿Por qué usted me pregunto si a mí me gusta los carros?
– Pues, porque vamos a una presentación de carros de ultimo modelos. – Lo dice mas saliendo de su oficina y ella lo sigue, pero ve la caja de la pizza y se regresa a recoger. Cuando Camilo se detiene dando la vuelta ve que ella sale con la caja y la bota en la basura, él sonríe detallándola, después camina y se dirigen a donde su secretaria, Natalia sube la mirada que lo ve con Karla, ella sonríe. – Dígame señor.
– Natalia si llaman preguntando por mí, dígale que yo salí y regreso mañana, sin darles detalles a nadie, usted sabe cómo es…
– Si señor, y si la doña Prieto regresa, ¿Qué le digo?
– No, no creo que ella regrese Natalia, no se preocupe por ella. Nos vemos en el di de mañana.
– Que le vaya bien señor, hasta mañana y a usted también señora Rodríguez.
– Gracias. – Dando la vuelta, pero estaba de frente a ella Pablo, el hermano de Camilo que coloca una carpeta en el mesón de la secretaria pasando por un lado respirándole por el cuello, en ese instante percibe el aroma de su perfume en un roce que sólo fue de un segundo y Camilo le habla a espada de él.
– Hermano ella es Karla Rodríguez, trabaja para mi como asistente personal.
– Mucho gusto bella dama. – Alzando su mano en son de saludo mirándose y acotando. – Mi nombre es Pablo Pantoja. – Recibiendo la mano que retiene por un momento respondiendo ella. – ¡Hola señor Pantoja! – Se suelta alejándose un poco sin mirarlo a la cara, Camilo le da la mano, dándole una palmada en su hombro y da la vuelta, retirándose mientras Pablo los mira marcharse mero su mirada estaba centrada en ella asta que escucha la voz de la secretaria Natalia que lo llamó dos veces y reacciona.
– ¡Perdón, perdón!, Natalia no la escuche.
– Señor las carpetas son para recursos humanos o para archivar.
– Archivar, gracias Natalia, hermosa la chica no.
– Si bella persona muy sencilla señor, desea algo más.
– No, dando la vuelta, pero se regresa preguntando en voz baja. –, ¿Mi esposa no ha llamado?
– No señor, no ha llamado si quiere yo la llamo.
– ¡No, no, no!, llames voy saliendo, hasta mañana Natalia.
– Hata mañana señor Pantoja. – Responde la secretaria tomando del mesón las carpetas mirándolo marcharse de reojo y negando con su cabeza mas baja de nuevo la mirada.