En el barrio la Sirenas, vivía en una casa en medio de la calle 19 de abril Nancy Ríos, una joven tierna y amistosa que vivía con Sarais Naranjo una amiga que llegó hace poco para estudiar en la universidad, pero como ella no tenia donde quedarse, ésta le pide que le arriende una habitación.
Nancy se encontraba saliendo de su habitación ya arreglada y acomodándose su cabello, después agarra las llaves que colgaban en la pared, también agarra su cartera que revisa a ver si tiene suficiente dinero, se aproxima abrir la puerta cuando ella sube la mirada y observa a un joven parado en su puerta y que vestía una ropa negra oscura de los pies a la cabeza ¿Cómo si hubiese salido de un funeral? Sus ojos se abren impresionados pegando un brinco al escuchar su voz.
– ¿Hola Nancy…? –Su voz sale entre cortada.
– ¡Para que soy buena!. –Lo dice con una voz agradable mirándolo a la cara.
– ¡Te necesito! –Se lo dijo sin preámbulos.
– ¿En serio Ángel? –Contesta extrañada; pero con los ojos brillosos le habla con duda mirándolo a la cara.
– ¿Esta bien?
– ¿Qué? ¿No te gusto que te dijera eso? –Mirándola fijamente a la cara.
– No es eso Ángel, lo que pasa que tu te perdiste por más de dos años, y yo sin saber de ti y ahora tu vienes a mi casa a decirme por dios esas palabras.
Y que me cayó a mi como un balde de agua fría y me perdonarás por ser tan directa contigo.
– Gracias por dejarme entrar. –Pasando soltando un leve suspiro.
– ¿Quieres algo de tomar? –Lo dice caminando hacia la cocina y abriendo la nevera tomando con su mano una jarra.
– Si, un vaso con agua si no es mucha molestia. –Lo dice con una sonrisa.
– ¡Ya te lo llevo! –Ella lo mira desde la cocina, mientras que el se sienta en el sofá mirando un portarretrato, una foto de ella cargando un bebé, pero con una mirada triste, y la toma con la mano preguntando.
– ¿Es tu bebe? –Pregunta Ángel colocándolo de nuevo en la mesa.
– No, es de mi hermana, ella se fue haces unes meses a vivir para Italia, su esposo es de allá, ¿pero me hace mucha falta no te acuerdas de Mery?
– No en realidad no, no me acuerdo de ella. –Lo dice echándose para atrás y recibiendo el vaso de agua, ella se sienta al frente de él, con una posición firme y segura.
– ¿Y cuéntame, que necesitas de mi? a esos viniste por un favor, claro si esta a mi alcancé. –Lo dice ella Cruzando sus piernas, el sube la mirada lentamente detallándola de los pies a la cabeza, soltando otro suspiro habla y colocando el vaso en la mesa.
– Yo vine porque en realidad no tengo a donde ir, me avisaron dos días atrás que mi madre había muerto por causas naturales y hace poco la enterré con mucho pesar y dolor, después, decidí caminar un poco, pero al pasar por esta calle se me hizo conocida al recordar me dije, por aquí vive Nancy, entiendo que yo me perdí por dos años. Pero yo estaba en el ejercitó.
– ¡Lamento la muerte de tu madre!, mi sentido pésame de verdad, entiendo tu dolor yo pase por eso hace cuatro años, aun yo… la recuerdo, mas, la lloro en silencio, ahora que mi hermana se fue no es fácil para mi, la soledad no es buena.
– ¿Vives sola, en esta casa tan grande?
– Con una amiga que le rende una habitación, que está en la universidad, ella es muy colaboradora conmigo y además me hace compañía. –Cuestiona un tanto preocupada, en su pensamiento al creer que el vino para quedarse.
– ¡Ay que bueno, así no estás sola! –Soltando una leve sonrisa.
– Por lo menos sonríes, y el semblante de tu cara cambio, me alegra mucho.
Él se sonríe y mostrando sus dientes más blancos que la leche, después de verlo ella se animo y le propone algo que no espera.
– Oye, yo iba a salir al supermercado a comprar algunos vegetales, será que tu me puedes acompañar y a si me cuentas como te fue en el ejercitó ¿te párese?
– ¡Me parece muy bien!, si vamos, yo te acompaño. –Levantándose del sofá.
– Luego ella se levanta dirigiéndose a la entrada, salen y se van caminando por la calle charlando.
Mientras en la Empresa de Embustidos Pantoja estaba saliendo del ascensor el señor Rubén Emilio Pantoja, llevando en su mano su portafolio y muy elegante que camina por los pasillos, sonando los tacos de sus zapatos negros.
En la losa, llegando donde esta su secretaria Natalia que ella organizaba varios manuscritos y le pregunta con voz gruesa.
– ¿Hola buenos días, Perla mis hijos ya llegaron?
– ¡Buenos días señor Pantoja!, si ellos ya llegaron están en sus oficinas.
– Pues dígale, que en 15 minutos comienza la junta, por favor, también llama a Rogelio que venga de inmediato a mi oficina. –Lo dice saliendo el en dirección a su oficina.
– Sí señor, enseguida le marco y le notifico a sus hijos. –Tomando el teléfono y llamando a la oficina de Camilo y contesta Karla.
– ¿Qué…? –Con una voz fuerte que hace que la secretaria ponga una cara de extrañada, mientras Camilo venia saliendo muy distraído de su oficina leyendo una carpeta y al subir la mirada ve a Karla en el teléfono en su oído.
– ¿Qué haces? Te dije que no tomaras el teléfono ha, hasta que yo te indicara lo que ibas hacer. –Quitándole de inmediato el teléfono de la mano y contesta.
– ¿Hola Natalia, disculpa que desea?
– Señor su padre acaba de llegar y dijo que la junta comenzará en 15 minutos. Y señor Camilo perdone la pregunta y el atrevimiento, pero ¿Quién contesto el teléfono de esa manera, que modales? –Pregunto de forma indiscreta
– ¡Eh! Natalia ella es mi asistente nueva y yo mas tarde la presentare con los demás empleados, no lo hice al momento por las razones que yo debo terminar el bendito informe a mi padre y gracias por la información.
– De nada señor, para eso estamos y que tenga un buen día. –Trancando el teléfono diciendo en susurro.
– ¿Asistente nueva…? Pero si el señor nunca ha tenido una asistente, que raro ja. –Lo dice subiendo la mirada y ve salir del ascensor la esposa de Camilo.
Que asoma su cuerpo muy espectacular con un moviendo de cadera como la de una diosa salida de Egipto, perla levanta una ceja al instante y sorprendida soltando un suspiro largo de molestia hablando en susurro.
– ¡Ya llego la víbora esta Ja…!
– Hola Natalia será que mi marido se encuentra en su oficina.
– Si, pero está ocupado en este momento atendiendo una persona y el va tener una junta importante con su padre señora María. –Respondió rápidamente con seriedad
– ¿Con quien esta? –Se lame los labios, sus ojos se volvieron fríos.
– Pues esa información no la se señora, ¿desea algo más?
– No este dígale, cuando se desocupe que su esposa esta aquí y que necesita urgentemente hablar con él y con permiso. –Se retira molesta dando la vuelta y la secretaria la mira de reojo con mala cara diciendo en susurro.
– ¡uff…no la soporto!, Cada día esta peor.