POV DE BEXLEY Voy en el automóvil de regreso a la oficina con Camilo, quien maneja con una lentitud, comparable a la de una tortuga anciana cruzando un camino soleado. Sus manos agarran el volante con firmeza excesiva, revelando una tensión que no ha desaparecido desde nuestra conversación en el restaurante. —No puedo creer que hayas venido —digo, rompiendo el silencio. —Quise venir a ayudarte —responde con simplicidad, como si su explicación fuera razonable y no requiriera mayor elaboración. Su perfil permanece impasible, concentrado en el camino, evitando el contacto visual conmigo. La luz del mediodía ilumina su rostro desde un ángulo que acentúa sus facciones angulosas, haciéndolo parecer más atractivo de lo habitual. —¿Ayudarme? ¿es que crees que soy incapaz? Llevo algunos me

