CAPITULO 4

1238 Words
“Hasta el mismo diablo llega a desconcertarse en su propio reino si de un día para el otro viene alguien y se hace dueño de su infierno” AMBROSE Debo admitirlo, aunque lo haga solo para mí, de todos los escenarios imaginarios en los que me puse de acuerdo con mi plan, no hay uno solo en el que ella haya actuado de la forma en la que hoy lo hizo y peor del caso es que, muy a mi pesar también, me gusto que lo haya hecho. La investigue, mucho, y sé que es una persona que destaca por su inteligencia y sensatez, pero lo que sucedió en mi oficina hace unas horas estuvo a otro nivel. No se trata del reclamo, totalmente fundado, sino de la forma en la que lo presentó y con la seguridad que se dirigió hacia el hombre que puede hundirla con un chasquido. Me gusta tratar con gente que sabe usar la cabeza, negociar con quienes creo que pueden llegar a estar casi a mi altura, pero incluso los más poderosos titubean a la hora de dirigirse hacía mi y secretamente me enfurece porque significa que si se presenta una situación de riesgo no podrán actuar conforme a ella. Athena es distinta, es especial, y verla no solo multiplico mis ganas de seguir con esto, sino que instalo una necesidad extraña de que el proceso se acelere. -¡Hola Amorcito!- Mi mente se limpia en el segundo que Penny decide irrumpir en mi casa, en mi espacio, en mi intimidad. Con su voz chillona y su apariencia ostentosa, exsudando codicia y egoísmo. -Penny ¿Quién te dejo entrar?- No me gasto en ocultar mi molestia, mi desinterés, nunca lo he hecho, aunque ella lo confunda con una “frialdad atrapante”. -Tu padre me llamo, ha dicho que estás muy extraño estos días y piensa que necesitas distraerte un poco. Yo también lo pienso si me lo preguntas- ¿Pensar? ¿Penny? Sonrío frente a lo irrisorio de la situación y otra vez, como siempre, ella malinterpreta mi actitud. -¿Lo ves? Esa sonrisa me confirma que necesitas respirar un poco bichito, deja lo que estás haciendo y vamos al club- Respiro porque lo necesito, es el medio para un fin que aún no consigo, una pieza útil dentro de un juego que todavía no gané. -¡Bien! Llamaré a los muchachos, puedes llamar a tus amigas- Aplaude y asiente, inocente y despreocupada, mientras comienza a teclear a toda velocidad en su móvil y sé a ciencia cierta que la he perdido por un buen rato por lo que aprovecho para subir a mi habitación y cambiarme a toda velocidad. Bajo en cuestión de unos pocos minutos y Penny sigue con la cabeza metida en el aparato, llamo su atención y de inmediato partimos rumbo al club. Durante el camino parlotea acerca de su día en la universidad y la envidia que provoca entre todas sus amigas, excepto una que parece estar más interesada en su laptop vieja que en el último bolso de diseñador que la ciudad entera desea y solo ella pudo conseguir. -Te lo juro bichito, esa cosa se cae a pedazos y ella aun así la cuida como si fuera el tesoro más valioso del planeta. Me he ofrecido a regalarle una de última generación, pero la terca se niega una y otra vez- No necesito que la nombre para saber de quien está hablando y le creo, cada una de las acciones que menciona suenan exactamente como ella. Otra razón más para acelerar todo. -No todos tenemos los mismos gustos o necesidades Penny, debes entender eso- Sigo la conversación, no porque me agrade en absoluto hablar con ella sino porque me interesa escuchar hasta el más mínimo detalle de su amiga. -Lo sé y lo entiendo, pero me niego a tener una amiga que vaya por la calle con ese aparatejo antiguo y desgastado- Lo juro por Dios que nunca he conocido a alguien tan irritante y con tan pocas neuronas haciendo sinapsis, no me sorprende que su padre deba donar cuantiosas sumas de dinero a la universidad todos los meses. -No creo que lo entiendas si sigues insistiendo sobre lo mismo. A ella le funciona, le gusta, no lo conservaría de no ser así ¿O me equivoco?- Penny arruga el entrecejo y se concentra para elaborar una respuesta mínimamente coherente. -Es que no logro entender su apego con esa cosa ¿Por qué conservar algo que ya ha cumplido su ciclo?- Por supuesto que falla estrepitosamente, pero no me sorprendo para nada. -Ella es su dueña, es quien decide si ha cumplido el ciclo o no. En lugar de querer suplantar su laptop podrías intentar averiguar porque le tiene tanto aprecio, tal vez así consigas una respuesta- Su ceño se frunce, pero cualquier respuesta que haya querido dar muere antes de nacer cuando las luces del club nos saludan a corta distancia. Estaciono el automóvil y baja a toda velocidad a reunirse con su grupo de amigas, creando un coro de gritos agudos y molestos que espantan a unas cuantas personas. Desde la comodidad del coche del que aún no me he bajado cuento a las mujeres, sin detenerme en sus intentos fallidos se lucir elegantes y sensuales, y luego del tercer repaso no logro dar con la única mujer que me interesaba ver está noche. Rápidamente envío un mensaje a uno de mis hombres dentro del club y al recibir una foto por respuesta, siento un calor desconocido tomar el interior de mi cuerpo y amenazar con hacerme implosionar. Dejo las llaves con Kasper e ingreso, llevando conmigo una fila de mujeres desesperadas por llamar la atención. Le hago una seña a Murray y Neal y me desvío, corriendo hacía el lugar del que salió la fotografía que me crispo los nervios y allí la veo, rodeada de hombres hambrientos sin tener ni puta idea de lo que genera en ellos. Su vestido es sencillo, sus zapatos lo son también, nada en ella grita ¡Quiero compañía! Y así, a pesar de todo, tiene una horda de orangutanes dispuestos a darle lo que pida sin preguntar. Doy un vistazo rápido hacia donde se encuentra Penny y cuando me aseguro de tenerlo cubierto me acerco a la mujer que me va a enloquecer. -¿Puedo saber porqué estas aquí? ¿Sola? ¿No deberías estar con tus amigas?- Ella se gira y me sonríe, regalándome una mirada que me golpea directo en el pecho. -Está muy cerca Señor Wood. Si Penny nos viera en este momento podría malinterpretar las cosas, también hay un leve peligro en el hecho de que recupere mi consciencia por completo y llegue a arruinar algunos negocios que tenemos pendientes- ¡Que maldito castigo! -Reúnete con ella entonces y evita alterar mis nervios- Continúa bailando en el lugar, sin intención alguna de cumplir la orden que le acabo de dar. -Penny me invito a divertirme y es lo que estoy haciendo, a ella no le molesta tenerme lejos y a mi no me disgusta estarlo ¿Por qué siempre quieres complicar las cosas Ambrose?- Se da vuelta y se va, ignorándome por completo. Este es mi maldito reino, mi territorio, todos lo saben, pero es ella la que lleva la corona cuando estamos juntos y nunca teme hacerla vale aunque sea contra mi persona.
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