—¡Te gané! —Me levanto del piso que acabamos de limpiar y salto como loca, bailando alrededor del mestizo. Es la tercera vez que le gano. —¡Hiciste trampa! —Revisa el juego con un puchero todo berrinchudo. —¡Qué mal perdedor eres, mestizo! —Diego sonríe ante el apodo. Creo que tengo derecho a apodarlo, dado que él lo ha hecho conmigo. —Alguna trampa has de estar haciendo. No es normal que siempre me ganes. —Otro lindo y tierno puchero. Me dan ganas de apapucharlo. Me tiro en el piso con los brazos y las piernas abiertas. Me siento tan cómoda aquí, tan tranquila... He apagado mi celular porque las llamadas y los mensajes no paraban. Aunque es cuestión de tiempo para que papá me encuentre. ¡Rayos! —Salgamos de aquí. —Diego, quien había imitado mi acción, se levanta del suelo sorpre

