Diego y yo salimos del baño entre risas y miradas furtivas por todo el alrededor. Por suerte a nadie se le ocurrió venir a este tocador. Soltamos nuestros meñiques cuando nos encontramos con los demás. —¿Dónde estaban ustedes dos? —pregunta Dominik sugerente y con mirada acusatoria. Mis mejillas se encienden ante el recuerdo y acaricio mi cuello por inercia. —Por ahí... Recorriendo el lugar... —masculla Diego tratando de ocultar su nerviosismo. Tan lindo. —¡Qué lindos los tortolitos! —ironiza con una mueca incómoda—. Gracias a ustedes estar por ahí... —Pasa su mirada alusiva de mí a Diego—, haciendo sus cositas, nos hemos atrasado diez minutos. Diego entorna los ojos y le pasa por el lado ignorando sus berrinches, entonces toma mi mano, me sonríe y empieza su andar. Yo le sigo en s

