Mi corazón late desbocado ante el susto. Me volteo con incredulidad y agrando los ojos al ver un rostro que se me hace familiar, pero que no recuerdo haber visto antes. —Amber, debemos hablar. ¿Qué? ¿Quién es esta mujer? —¿Cómo sabe mi nombre? ¿De dónde me conoce? —cuestiono con los nervios alterados. —Te invito un café y allí te explico todo. La miro con desconfianza. —¿Desconfías en ir a un lugar público, cuando estamos en un estacionamiento solitario? Si mi intención es hacerte daño, este es el lugar indicado, ¿no crees? Aún me causa desconfianza, pero decido hacer lo que me pide, creo que la curiosidad me gana. Caminamos de regreso al centro comercial y, una vez nos sentamos en una mesa de la cafetería, me apresuro a preguntar: —¿Quién es usted? Ella juega con la servilleta qu

