Olfateo una vez más la remera de Diego que me queda ancha, simulando un corto vestido. Estoy sentada sobre su cama, acariciando el colchón. Me lo imagino allí, entre sus sábanas en tono azul, con los ojos cerrados. Debe verse muy lindo durmiendo. Dejo de fantasear cuando escucho sonidos en la puerta. —¿Terminaste? —pregunta tiritando del frío. ¡Cierto! ¡Él también se mojó! Me levanto de un respingo y me acerco a la puerta. No puedo evitar estremecerme al verlo frente a mí. Es inevitable pelear contra lo que estoy sintiendo, es natural que un chico como él me atraiga, Diego es... especial... —Disculpa, debes tener mucho frío… —No te preocupes. ¿Te sientes mejor? —pregunta mientras me escanea con la mirada. Me limito a asentir y salgo de la habitación en silencio para

