Xander
Finalmente salgo de la oficina esta tarde a las siete. Lo que, según todos los indicios, es temprano para mí. Lo organice de esta manera, porque los miércoles son mis días infalibles de gimnasio. Pero este miércoles fue un día infernal. Todo se prolongó una hora más, lo cual es el camino más rápido para enviarme a la tumba. Mi obituario algún día se leerá: “Aquí yace un hombre sano y sabio, su muerte temprana fue causada por un escandaloso atasco de tráfico en la autopista 80, lo que hizo que llegara tarde al quirófano. Familia solicita a la sociedad de revisar los procedimientos de puntualidad en lugar de flores”
Una cirugía importante se canceló a último momento debido al incumplimiento del paciente, y mi única cauterización real a tiempo se prolongó una hora debido a una reacción alérgica al tinte. El cansancio me persigue a cada paso que doy hacia mi auto, y cuando llego a mi lugar de preferencia para médicos en el estacionamiento de la clínica tomo una decisión. Voy a cancelar a Madison.
Me toma mucho tiempo encontrar mis llaves, que estaban justo en mi mano hace unos segundos, y cuando logro ordenar mis pensamientos lo suficiente para concentrarme, me doy cuenta de que las he tenido apretadas en el puño todo el tiempo. Es solo otra prueba de que necesito cancelar mi reunión con Madison. Ni siquiera puedo pensar con claridad. Necesito ir a casa y dormir doce horas, aunque eso no cubrirá ni la tercera parte de mi deuda de sueño.
Mi teléfono suena con un nuevo correo electrónico mientras me siento en el asiento del conductor. Una parte de mi duda en renunciar a la oportunidad de ver a Madison, pero la parte lógica de mi sabe que esto es lo mejor. Insistiré en que realicemos las siguientes etapas por correo electrónico. Me ayudará a recargar las pilas para mañana y, sinceramente, cuanto menos ves a Madison, mejor.
Me deslizo hacia el correo de mi cliente y la línea de asunto del nuevo correo electrónico hace que me de un vuelto en el estómago.
Asunto: Consideración de la ronda final- por favor lea.
Si me están implorando que lea, eso solo puede significar algo bueno o algo muy malo. Leí el correo electrónico rápidamente, con la respiración entrecortada, hasta que llegué al final. Y, de alguna manera, el veredicto es a la vez muy bueno y muy malo.
Estan acelerando el proceso de selección y han fijado una fecha para mi última entrevista, que tendrá lugar dentro de aproximadamente un mes. Este es el proceso de selección más lento del que he oído hablar, solo porque todo el comité está formado por médicos a tiempo completo y a menudo famosos. Es difícil reunirlos en una sala al mismo tiempo, por eso todavía no los he conocido a todos. Hasta ahora, la entrevista ha tratado temas estrictamente comerciales, lo que significa que la enorme mentira que puse en mi solicitud inicial que decía “Casado, sin hijos” aún no ha sido abordada.
No había ninguna opción para soltero. De hecho, las únicas opciones restantes en la solicitud eran “Casado, con hijos y Viudo/Divorciado” Así que esto se tratara en la última entrevista, tiene que ser así. De todos los puntos que hemos tocado, una de las pocas áreas restantes es la vida personal.
Maldigo en voz baja mientras pongo el coche en marcha. Supongo que no puedo cancelar mi reunión con Madison después de todo.
Salgo del lugar de estacionamiento a toda velocidad, mucho más rápido de lo que es aconsejado, apretando fuertemente el volante mientras maniobro a través del tráfico en el centro de Green Bay. El anochecer apenas se acerca, los tonos otoñales se filtran en el cielo en tonos miel y sangría. Me distraigo con los colores y entonces el rostro de Madison aparece en mi mente. Esa pequeña sonrisa que tenía en la azotea la semana pasada acecha en los bordes de mi enfoque. Probablemente tendría la misma sonrisa ahora si estuviera mirando esta puesta de sol conmigo.
Un coche toca la bocina detrás de mí y me apresuro a acelerar. Tener la luz verde en la hora pico es de un mal médico. Este es exactamente el tipo de distracción que no puedo permitirme en la vida. probablemente tambien he enviado a algún otro fanático de los horarios a una muerte prematura.
Llego al gimnasio a las ocho menos diez y hago un trabajo rápido de cambiarme la ropa. tengo hambre, pero no estoy muerto de hambre; me recompensaré con una comida enorme de camino a casa. tengo una hora para levantar pesas y voy a disfrutar hasta el último segundo. Si puedo dejar de pensar en el trabajo o en esta próxima entrevista, aunque sea por cinco minutos, lo considerare un éxito.
Me pongo unos pantalones cortos de malla para hacer ejercicio y me libero de la corbata que me ha estado apretando el cuello todo el día. Quitarme la ropa de oficina siempre es un alivio, y hoy más que nunca. Aunque eso signifique sumergirme de cabeza en ese territorio inexplorado de tiempo libre, que ahora me resulta más desconocido que nunca. El hecho de que Madison husmee en mi vida personal me hace darme cuenta de lo poco que tiene que investigar.
La línea entre el Xander normal y el Dr. Xander ha sido tan fina. Para ser sincero, ya ni siquiera estoy seguro de cómo es el Xander normal. Quien era antes de que el Dr. Xander tomara el mando.
Pensé que estaría más feliz con este cambio. Ese era el objetivo, después de todo. Pero ahora estoy atrapado en una caída libre. No estoy seguro de que cuerda tirar para liberar mi paracaídas.
El tiempo se desvanece en este refugio de entrenamiento lleno de ruido y lejía. Acabo de sudar mientras hago flexiones de bíceps cuando las grandes puertas dobles se abren. Y ahí está ella. una de las pocas mujeres en la sala de pesas, pero la única que hace que todos se den vuelta para mirarla. Entra como si fuera la dueña del lugar, pero no de manera arrogante. Hay una sutil gracia en ella, confianza mezclada con algo más. Quizás curiosidad. Como si estuviera segura de sí misma y lo asimilara todo.
Cuando su mirada se posa en mí, siento una descarga eléctrica en todo mi cuerpo. Mala señal. Busco una toalla para el sudor y me la paso por la cara. Cuando miro hacia arriba, ella no está frente a mi como esperaba, sino charlando con un tipo sin camiseta con un cuello del tamaño de un tronco de árbol que ya esa mas sudado que yo.
Mi mirada esta fija en ellos. Están lo suficientemente lejos como para que no pueda escuchar lo que dicen, pero me recuerdo a mismo que no debo preocuparme y vuelvo a mis repeticiones. Aún así, mi mirada se desliza hacia ella. Ella es un imán y yo soy la débil ferrita, víctima de su atracción. Ella es toda sonrisas mientras habla, y luego su risa llega hasta mí.
Genial. Probablemente se conocieron en el vestíbulo y estan planeando su primera cita antes de la máquina para piernas. ¿Me importa? Absolutamente no.
Agarro el mango con tanta fuerza comienzo a sentir espasmos en las manos. Está claro que los hombres simplemente acuden en masa a ella donde quiera que vaya. Incluso me hizo ir a mí mismo, lo cual es el mejor doble sentido que nunca compartiré con ella. Pero es una de las muchas razones por las que debería mantenerme alejado de ella. Si pudiera aislar la sinapsis de mi cerebro que me permite sentir atracción por ella, la quemaría hasta dejarla crujiente. La vida sería más fácil sin esa molesta atracción hacia ella.
Pero no puedo aislarlo, así que mi estómago se convierte en un pretzel cuando el tipo extiende la mano y aprieta por encima de su codo antes de separarse. Madison se acerca rápidamente hacia mí, con una sonrisa tonta en su rostro, esta se desvanece levemente cuando llega a mi lado.
—Hola, Xander— dice, más gutural de lo normal. Tan cerca, es imposible ignorar lo que lleva puesto. Tampoco puedo hacerlo desde el otro lado de la habitación. Lleva una mallas de color rosa intenso que se cortan justo por encima del tobillo, pegadas a unas curvas largas que hacen que mis dedos tiemblen. Lleva un top n***o sin mangas, que permite ver dolorosamente su sujetador deportivo verde azulado y su vientre bronceado. Vuelvo a coger la toalla para el sudor, con la esperanza de que esta vez pueda quitarme los globos oculares.
—Madison, me encontraste—
—No lo hiciste fácil. La próxima vez, envíame un mapa detallado—
—¿Nunca habías ido a un gimnasio antes? —
Ella se apoya contra lo no utilizado. La máquina que está a mi lado sonriendo burlonamente. —Este no es un gimnasio normal. Es un laberinto de lujo que tiene sala de pesas—
Lucho contra la risa que se dirige a mis labios. —Vamos. Con todo ese dinero de casamentera que estas ganando, deberías poder permitirte un laberinto de lujo—
—Gasto mi dinero en otra cosas, muchas gracias. ¿Este es tu gimnasio habitual? —
—Si, es el más cercano a mi casa—
—Por supuesto. Déjame adivinar— me lanza una sonrisa maliciosa y ladea la cadera. Mi polla se contrae dentro de mis pantalones cortos. Sin tan solo pudiera mirarme así todo el tiempo. —Vives en el centro, justo encima de la clínica—
La risa finalmente se escapa. —No encima de eso–
—Entonces, ¿solo vives en tu oficina? Admítelo, tienes una cuna debajo de tu escritorio—
—Eso tampoco— se me escapa una gruñido al final de mis palabras mientras llevo los brazos hacia el cuerpo en la última repetición. Suelto los brazos de la maquina y vuelvo a coger la toalla para el sudor.
—Tengo un pent-house en la calle West—
Arquea aún más la ceja. —Ah. Un pent-house. Ahora tiene sentido—
—¿Qué? — Me levanto y me inclino sobre ella. Ella inclina la cabeza hacia atrás para mirarme y una oleada de calor me recorre el cuerpo, las yemas de los dedos arden con la necesidad de acercarla contra mí, apretar mi boca contra la suya y ver qué pasa.
—Médico que vive en un pent-house. Gimnasio de lujo en el centro de la ciudad— se encoge de hombros.
—Esto no es lujoso—
—¡Apenas me dejaron entrar! — dice, extiendo los brazos hacia los costados. —Tuve que presentar mi declaración de impuestos para poder entrar—
— Oh, ¿es eso cierto?
—Cuando vieron que ganaba menos de cien mil dólares al año, me rechazaron. Pero me las arregle para entrar, aunque tuve que hacerlo por el conducto de la calefacción—
Lucho contra la sonrisa que se dibuja en mis labios. —¿Así que llevas contigo regularmente tus formas W-2? —
Ella resopla, echando su larga cola de caballo por encima del hombro. —¿Ese es el único detalle escandaloso que has captado de lo que acabo de decir? —
—Parces alguien que se colaría por un conducto de calefacción. Así que sí. Tener la declaración de impuestos constantemente a mano me parece extraño—
Ella me mira con ironía. —¿Cómo te las arreglas para insultar y elogiar a alguien al mismo tiempo? —
—No pienso compartir los secretos que tanto me costaron conseguir—. La verdad es que podríamos quedar aquí bromeando sobre los conductos de calefacción durante otra hora. Lucho por concentrarme en algo que no sea ella, porque es demasiado fácil perderse en ella. No me extraña que ella y el cuello de tronco probablemente ya estuvieran planeando su boda cuando llegaron a las elípticas. Estoy a punto de planear una propuesta espontanea junto al soporte de mancuernas. Señalo con la barbilla el banco de prensa. —¿Puedes vigilarme? —
La duda nubla su rostro. —¿Cuánto peso vas a usar? —
Me encojo de hombros. —Dos veinte—
Sus ojos se abren de par en par. —¿Estás bromeando? ¡Eso es casi el doble de mi peso! No pudo agarrarlo si lo dejas caer—
Su reacción es profundamente placentera; puedo sentir mis células sonreír. —Bien. entonces quédate ahí parada y luce bonita— Porque no será difícil. Me muerdo la lengua antes de poder decir las palabras que se absolutamente que no debería decir.
Ella cruza los brazos y su mirada rebota alrededor de la sala de pesas. Algo no dicho queda entre nosotros, pero sospecho que es solo el peso de lo mucho que quiero envolverla con mis brazos y levantarla del suelo.
—Entonces— dice ella, una vez que he cargado la barra y me recuesto en el banco. —ahora que estas en posición supina y vulnerable, cuéntame más sobre tu vida laboral—
Capto su mirada mientras se cierne sobre la barra, con las manos extendidas como si planeara ser la observadora.
—Creo que ya sabes todo lo que hay que saber al respecto— digo, envolviendo mis manos alrededor del frío metal. —¿De verdad vas a vigilarme? —
—Simplemente actúo como si supiera lo que hago— dice, con un destello conspirativo en los ojos. —Si no lo hago me echaran, ¿no? ¿Estoy haciendo un buen trabajo? —
Se me escapa otra risa. —No tienes los bíceps necesarios para esta barra, así que me temo que todos aquí saben que estas fingiendo—
—¿Ni siquiera puedes complacerme? —
Me humedezco el labio inferior, olvidándome de lo que se supone que debía estar haciendo. Mirarla desde ese ángulo extraño la hace aún más fascinante, más desgarradoramente hermosa. —Eres una gran vigilante. Probablemente la mejor que he tenido nunca—
Una sonrisa sincera llena su rostro.
—Sinceramente, no esperaba que me hicieras un cumplido—
No tiene idea de cuantos otros cumplidos tengo guardados, reservados solo para ella, que nunca verán la luz del día.
—Si no complazco a mi vigilante antes de mi entrenamiento, podría resultar fatal—
Una sonrisa maliciosa cubre su rostro. —No te preocupes. No te dejaré morir. Necesito tu dinero—
Esta vez no consigo contener la risa. Me lanzo a hacer mis repeticiones, y el peso que tengo en las manos es un alivio bienvenido. Mis pensamientos se reducen a la nada, duramente unos benditos momentos. Pero mi cuerpo no olvida que ella esta aquí, ni mucho menos. Madison vibra en la periferia del silencio de mi cabeza, recordándome cosas que me había obligado a olvidar hace mucho tiempo. Ha pasado demasiado tiempo desde que tuve que mantener la calma cerca de una mujer, y más tiempo aún desde que esa mujer era alguien del nivel de Madison.
Pero lo más llamativo de hoy es que ya he alcanzado mi objetivo: dejar de pensar en el trabajo y el futuro por lo menos cinco minutos. Normalmente cuando estoy aquí, tengo la suerte de poder perderme unos minutos en el bullicio de la distracción y el levantamiento de pesas. Pero Madison me quita el estrés con una sola mirada.
Cuando termino mis repeticiones, vuelvo a colocar la barra y exhalo una última bocanada de aire. El sudor se acumula en mis sienes y me incorporo, buscando mi toalla. Madison aplaude con fuerza.
—Vamos. Próxima ronda—
—Eres una entrenadora brutal— le espeto, girándome para mirarla.
—Simplemente manteniendo este corazón sano. Lo que me recuerda—dice mientras su mirada se pierde en la sala de pesas. —¿Por qué te dedicaste a la cardiología? —
Me deshago de la toalla y me recuesto en el banco. —Fue lo que más me gusto durante mi residencia—
—¿Alguna vez consideraste ser un tipo diferente de medico? —
Sus preguntas son tan sinceras, tan puras. Es como si realmente quisiera saber, pero lógicamente tienen que serlo debido a esta tarea demencial que le he encomendado. Este constante acto de equilibrio entre sentir que nos estamos conociendo como dos adultos normales y luego recordar que le he pagado para que lo haga es repugnante.
Principalmente porque quiero conocerla más allá del alcance de esta tarea.
—Mis tres opciones principales eran pediatría, obstetricia y neurología. Pero una vez que llegué a la residencia, ninguna de ellas me pareció adecuada. Uno de mis asesores me sugirió cardiología y el resto es historia—
—¡Vaya! ¡Casi te ganabas al vida trayendo bebes al mundo! No me lo puedo imaginar—
—Demasiado líquido para mi—
—Hay algo poderoso en salvar el corazón de una persona, ¿verdad? — Ella ladea la cabeza y me quedo sin aire.
—Es satisfactorio — digo, intentando parecer lo más clínico posible mientras su mirada azul baila sobre mi rostro. La veo como una paciente, no como una belleza castaña clara y pecosa cuyas mayas rosas me susurran que se las quite.
—Sabes, ambos estamos en el mismo campo— dice ella, apoyando sus manos en sus caderas.
—¿Ah, ¿sí? No vi el MD detrás de tu nombre en tus correos electrónicos—
Ella sonríe. —He salvado muchos corazones con mis servicios. Salvaré el tuyo también—
—El mío no necesita ser salvado— le recuerdo, acercándome a la barra. —El mio está perfectamente bien—
Su comentario alegre, aunque bien intencionado, me hace sentir una gran ansiedad. Como si tal vez ella pudiera ver más allá de la fachada cuidadosamente construida que he erigido. No pasé años construyendo estos muros solo para que todo se derrumbe frente a una mujer cuyo pariente más cercano parece ser el sol mismo. soy más fuerte que esto. No me importa Madison.
Pero sus palabras resuenan dentro de mi cabeza y por toda la cavidad de mi pecho. Una vez me permití sentir, y no resultó nada bien.
Ahora, mi corazón está bien. Pero solo porque me niego a abrirlo. A nadie. Nunca más.