CAPÍTULO XI: UNA PELÍCULA DE HORROR

3059 Words
Es como cuando estás dormido y de repente eres despertado de tu tranquilidad por una explosión o algo similar. Becca se asustó, pues, no lo había visto venir y su tranquilidad fue desvanecida por completo. La música se podía escuchar desde donde ella estaba. Aquella camioneta se estacionó muy cerca de ella y seguidamente bajaron cuatro hombres adultos, que llevaban en sus manos botellas de cervezas y cigarrillos. Becca no supo qué hacer, miró para el lado contrario a éstos mientras pensaba cómo salir de aquella situación, cuando logró escuchar que uno de ellos decía: -¡Pero miren que hermosura hay en este lugar!.- -¡Oh, oh-oh, si, sí!- respondieron los otros. -¡Nos dejaron un regalo en este pueblo insignificante y solo para nosotros!- Decían mientras se reían a carcajadas horrorosas. Se encontraban muy ebrios. De pronto la lluvia, lentamente empezó a caer. La muchacha no estaba segura si debía correr o gritar, estaba paralizada en aquel lugar. Pero logró ponerse en pie lentamente y luego comenzó a caminar lo más rápido que pudo hacía el lado opuesto a éstos. No quería mirar ni escuchar lo que decían, solo quería pasar rápido ese mal momento. En eso, uno de los hombres inició sus pasos hacia ella, casi corría para alcanzarla, y se puso desde atrás hasta que en un momento se paró frente de la aterrorizada muchacha. Aquel medía alrededor de dos metros de altura y tenía una argolla en la nariz, su aspecto era descuidado e intimidante. -¿A dónde crees que vas preciosa? La fiesta aún no ha comenzado- Se paró allí en frente sin dejarla avanzar. Ella solo podía mirar hacia el piso mientras los otros tres se reían a carcajadas y gritaban cientos de groserías. La muchacha comenzó a llorar desesperada, no tenía escapatoria. -¡Oh! ¿por qué lloras preciosa? No tengas miedo, solo ven a divertirte con nosotros, no te haremos daño.- La sujetó con violencia de los brazos y ella comenzó a forcejear en un intento por zafarse, pero el hombre era mucho más fuerte y la sujetaba con absoluta violencia. Desesperada gritaba pidiendo auxilio, pensando que quizás alguien la podría escuchar. El mismo que la sujetaba con mucha fuerza, la cargó sobre su hombro llevándola a donde estaba la camioneta. La lluvia en ese punto se había vuelto torrencial junto a la música tan fuerte, hacía que fuera imposible que alguien pudiera siquiera oír sus pedidos de socorro. Luego, uno de aquellos, el que era más robusto, intentó hacerla beber cerveza, colocándo el pico de la botella en su boca. Ella la mantuvo muy cerrada y tal fue la fuerza que aquel sujeto ejerció al querer introducir la botella y hacer que bebiera a como dé lugar, que el labio inferior de esta se cortó y comenzó a sangrar. El hombre se enojó como si aquello fuera culpa de ésta, de manera que la arremetió con insultos y pechones hasta hacerla caer en un charco de barro. El tercer hombre que estaba allí riéndose y observando lo sucedido, tenía la cabeza rapada y se encontraba lleno de tatuajes a la vista. Éste se acercó e intentó besarla, mojando sus labios con la sangre que brotaba del labio de la muchacha. La sangre corría desde su boca hasta el cuello y por toda la blusa. El último de los malhechores, sacó de encima de Becca al que intentaba besarla y luego la sujetó y subió en la caja de la camioneta, es decir, en la parte trasera de la misma. Becca trataba de defenderse lo más que podía, pero él era tan fuerte que no logró ni siquiera moverlo con los golpes que llegaba a propinarle. Dicho sujeto, tenia un ojo de color azul y el otro de color verde. Su mirada llena de maldad, atormentó a Becca y pudo ver el odio que contenía, lo cual la aterrorizaba de una manera atroz y se paralizó en aquel mismo momento. La intención de éste era causarle daño, quería deshonrarla y como ella se resistía, él la golpeaba una y otra vez en el rostro. Ya sin fuerzas y casi inconsciente, se dio por vencida. Allí mientras el agua caía sobre su rostro ahogándose podía ver como en su mente pasaban muchas imágenes, entre ellas veía la cara de Alex y, cómo deseaba estar con él. Recordaba como esa mañana habían estado juntos y como ella lo había contemplado dormir. El hombre le rompió la blusa con una sola mano y luego comenzó a desabrocharle el pantalón. La violencia que aquel ejercía sobre ella era indeseable para cualquiera. Estaba encima de ella mientras parecía disfrutar del sufrimiento de la joven. Los ojos de ésta se estaban cerrando cuando logró ver como alguien tomaba aquel maleante por detrás y lo sacaba de encima de ella. No entendía qué pasaba, estaba muy aturdida por los golpes que había recibido con anterioridad. Apenas podía oír lo que pasaba a su alrededor ya que la música seguía muy alta y la lluvia no cesaba. De pronto la música dejó de oírse. Ya no se escuchaba nada, ni siquiera a los hombres. A los pocos minutos alguien se subió a la caja y la tomó entre sus brazos. Ella no podía distinguir muy bien de quien se trataba, pues sus ojos estaban muy hinchados y además no alcanzaba a escuchar lo que éste le decía. Sus ojos se cerraron hasta que perdió por completo el conocimiento. El misterioso salvador la llevó en su vehículo inmediatamente al hospital. La muchacha había sido golpeada brutalmente, su rostro estaba cubierto de sangre. Becca despertó seis horas después de lo sucedido. En cuanto pudo abrir sus ojos, miró a su alrededor y vio que se encontraba en una cama conectada a unos aparatos. A su lado se encontraba Caleb, quien estaba dormido en un sillón. Cuando lo vio, supo de inmediato que él había sido quien la salvó de aquella pesadilla terrorífica. Si, había sido él quien peleó contra aquellos malvivientes. ¿Pero cómo lo había logrado él solo? Era un misterio en realidad. Estaba muy adolorida. La cabeza se le partía en mil pedazos y no podía moverse demasiado. -¿Caleb?- murmuró con la voz débil. El muchacho de un sobresalto despertó, como si le hubiesen gritado, pero apenas si se podía oír la voz de la muchacha. En realidad, hasta el sonido de la caída de un alfiler en el piso lo podía haber despertado ya que aun permanecía en modo alerta. -¿Cómo te sientes?- Preguntó muy preocupado mientras se acercaba hacia ella y la tomaba suavemente de la mano. -Me duele todo, ¿qué fue lo que pasó?- Interrogó aturdida. -Esos hombres…- en ese mismo instante fue interrumpida por Caleb. -No pienses en eso ahora. Vas a estar bien. Yo estaré aquí contigo.-dijo, tratando de calmarla. -¿Se lo has dicho a alguien?- Preguntó asustada. -No, aún no lo hice. Estuve esperando que despertaras.- respondió. -Mejor así y por favor no se lo digas a nadie. Mucho menos a Alex. Yo hablaré con mi abuela y le explicaré. Y, Caleb…-dijo mientras él sostenía aún su mano. -Gracias por todo lo que hiciste.- Las lágrimas caían por sus mejillas laceradas. -No sé como, pero allí estabas para ayudarme.- susurró. -No te preocupes, no tengas miedo. Voy a estar aquí junto a ti.- Le dijo mientras besaba su mano. Caleb le llevó un teléfono para que pudiera hablarle a Eloísa. Así es que le comunicó que estaba internada y todo lo que había sucedido solo se lo contaría personalmente. Eloísa corrió de inmediato hacia el hospital. Desesperada preguntó por su nieta en recepción, y tal eran sus nervios que no podía terminar las oraciones sin que el llanto se le atravesara. Es que cuando Becca la llamó, notó que su voz se oía destrozada y triste. Entró a la habitación en donde estaba la muchacha y al ver en el estado que se encontraba se quebró en llanto y a preguntarse qué es lo que había sucedido. Caleb estaba allí y se retiró con la excusa de comprar un refresco, para dejarlas hablar tranquilas, pero Becca no quiso que se fuera y le pidió que se quedara junto a ella. Así le contó todo a la afligida anciana, la cual no paraba de llorar y de imaginar el horror que tuvo que vivir su nieta. -Abue, no quiero que nadie sepa lo que me pasó. Por favor tampoco quiero que Alex se entere de todo esto.- dijo con la voz entrecortada. -Pero mi niña, él tiene que saberlo.- Trató de convencerla, pero no hubo caso. El doctor entró en ese momento y les explicó que por la mañana le darían el alta. Le pidió a Becca que realizara la denuncia correspondiente en la policía por lo ocurrido, pero ella le explicó que no recordaba demasiado. Caleb intervinó y agregó que los hombres no eran del pueblo. Se ofreció a identificarlos para realizar la denuncia, pero la muchacha no estaba de acuerdo, porque pensaba que así se iban a enterar todos y eso incluía claramente a Alex, lo cual no quería por nada del mundo que pasara. Caleb acompañó al doctor mientras éste salía de la habitación con una mirada de resignación. -Tendrás que convencerla de hacerlo antes que pase demasiado tiempo y sea imposible dar con esos malditos hombres- dijo el doctor frustrado. -Si, lo haré.- dijo Caleb pasando su mano por su cabellera, lleno de preocupación. Eloísa se recostó al lado de la muchacha, mientras la consolaba. -Mi niña, ¿quieres que se lo diga a tu madre? Preguntó preocupada. -No abuela, ¿para qué? No quiero verla aún y no tiene sentido darle esta preocupación para hacerla venir solo por eso.- respondió muy triste. Las palabras que salían de su boca estaban cargadas de dolor y tristeza. La luz en sus ojos estaba muy débil, casi como queriéndose apagar. Eloísa acariciaba la frente de su nieta mientras le tarareaba una canción de cuna, como la que le cantaba cuando era una bebé. Una y otra vez le decía que todo estaría bien. Por la mañana siguiente, ingresó a la habitación una mujer anciana. Se trataba de la enfermera. Ésta le quitó el suero y le administró unos calmantes para sobrellevar el dolor. Eloísa aunque no soportaba verla en ese estado, y con su corazón acongojado, ayudó a su pequeña a vestirse mientras Caleb las esperaba afuera para llevarlas a casa. Llegaron y lo único que Becca deseaba era estar en su habitación y acostarse en su cama. Su abuela quería que comiera algo pero ella no tenía apetito, solo se despidió de Caleb y le volvió a dar las gracias, pero su mirada se mantuvo lejana. No podía ni si quiera dormir, solo le venían a la mente las imágenes de lo sucedido. Después de luchar con el dolor por horas, pudo quedarse dormida. Alex llamó al teléfono de la casa varias veces durante esa mañana y tarde, ya que no podía dar con su teléfono celular. Quería invitarla a cenar en su casa uno de esos días ya que estaría toda la familia y celebrarían el regreso de Celeste. Eloisa recibió cada una de las llamadas y le explicó que aun dormía ya que no se había sentido muy bien. Quería decirle lo que había ocurrido, todo lo que su nieta tuvo que pasar, pero no podía, porque respetaba la decisión que había tomado la muchacha. El muchacho quedó en llamarla al día siguiente, ya que pensó que lo.mejor era dejarla descansar. …. No quería salir de su habitación para nada. Eloisa le subía los alimentos pero ella ni siquiera los tocaba. Ya había pasado casi una semana y seguía igual. No salía de su habitación. Alex se cansó de llamar y nunca estuvo disponible, siempre había alguna excusa para él. Eloisa tuvo que inventar cientos de excusas y las veces que fue a la casa también tenía que hacerlo. La abuela ya no sabia que hacer, ya ni siquiera a Caleb quería ver su nieta. > se reprochaba así misma lo que había pasado y de alguna u otra manera se culpaba por ello. Caleb otra vez pasó para saber cómo estaba. La mujer angustiada le contó lo que pasaba y le rogó que hablara con ella porque tenía miedo que se enfermara o le sucediera algo más grave aún. Él preocupado por la situación le pidió a la anciana que les preparara unos sándwiches, se los llevaría e intentaría hacer que comiera algo. De inmediato los preparó. El sándwich preferido de la muchacha (el de pollo con tomates y mucha mayonesa). Mientras sostenía la bandeja con una mano, con la otra tocó a la puerta. -¡No quiero nada!- gritó la muchacha sin fuerzas. -¡Vamos Becca! Soy yo. Tengo algo delicioso, además no quiero comer solo, tu abuela los preparó para mí pero realmente no soy del tipo de personas a las que le gusta comer solas. Por favor déjame pasar. Por cierto, quiero saber cómo estás. ¡Vamos, abre!- exclamó insistente. Becca se levantó de la cama como si fuera un zombi y se dirigió hacia la puerta, decidiendo aun si le abría o no. Pero al final lo hizo. Allí estaba él, con esa sonrisa imborrable y sosteniendo aquella bandeja anaranjada con flores amarillas en donde llevaba dos sándwiches y dos vasos de jugo de naranja, junto a una hermosa rosa blanca que él con mucho gusto le entregó en las manos. -Esta es para ti- dijo sonriendo. -Gracias.- respondió ella esbozando una incipiente sonrisa. Se veía muy pálida, casi como una hoja blanca de papel, no había comido más que la fruta que Eloisa le llevaba con la comida. Sus bellos ojos estaban tan rojos que hacían que los de él se llenaran de lágrimas y fuera casi imposible mirar. Se encontraba muy decaída. A Caleb sin duda alguna le dolía en gran manera el corazón verla en ese estado. -Bueno, ahora si me vas a acompañar a comer este rico sándwich que preparó tu abuela. Se ve delicioso ¿no lo crees?- dijo sonriendo. -Caleb, ya le dije a mi abuela que ahora no quiero nada, quizás más tarde pero ahora no. No soy una niña para no darme cuenta que se pusieron de acuerdo para que comiera eso. Así que ¿no te gusta comer solo eh?- dijo ella con algo de ironía y fastidio. -Lo que pasa es que queremos que estés bien. Y no es bueno que no comas, sabes que eso te va a hacer daño tarde o temprano. Si necesitas hablar aquí estoy, habla conmigo, pero por favor no guardes sola este dolor-. -No puedo, me duele. No solo es por los golpes que ese desgraciado me propinó, también me duele lo que me dijeron y lo que me hicieron. Me siento como si fuese una cosa, como si fuese nada. No valgo nada.- dijo mientras se quebraba con cada palabra que salía de su boca. Caleb no pudo evitar rodearla con su brazos y mientras la abrazaba le dijo: -Tú vales demasiado. Eres especial, no dejes que esto que sucedió termine con lo maravilloso que hay en ti. Tu bondad y hermosura de persona. Durante todo este tiempo que tuve el privilegio de conocerte, pude descubrir que eres una persona preciosa en todos los sentidos. Tu corazón es tan grande y tan lleno de amor que no he conocido aún una persona como tú. Y el brillo que emana de ti no lo vi en otra persona jamás.- -Pero no lo entiendes- murmuró la muchacha. -No, se que no lo podré entender, pero no quiero que vuelvas a decir algo como eso nunca más. Vamos, come, lo necesitas y no aceptaré otra vez un no como respuesta.- insistió él. Durante el almuerzo el muchacho intentó hacerla reír, le contaba historias y algunos chistes que eran tan pero tan malos que hacían a Becca reír de lo malo que eran. En fin, lo único que él deseaba con todas sus fuerzas era que ella dejara de pensar en lo que había pasado y pudiera salir de ese estado en el que se quedó atascada sin fuerzas para salir, pero no estaba sola, él estaba a su lado y sabía que Alex era clave para ayudarla a salir adelante. -Becca, debes decirle a Alex. No dejes que pase más tiempo. El tiene derecho de saber. Vino a mi preguntándome por ti muchas veces y lo evadí lo más que pude, pero ya no estoy seguro de poder seguir manteniéndolo así. Él no se veía nada bien. Estaba desesperado. Tienes que hablar con él.- le sugirió muy preocupado no solo por ella sino también por Alex. -Lo haré en cuanto pueda.- murmuró. -Tienes que poder. Eloisa no puede verte así, le hace daño. ¡Te ama! y está sufriendo tanto como tú.- -Es cierto, me he portado mal con ella. ¿Cómo pude?- se reprochó la muchacha mientras el llanto se hacía presente. Caleb secó con sus propias manos cada una de las lágrimas que recorrían el demacrado rostro de la muchacha. Ella se abrazó muy fuerte de él y éste, con un beso en la frente le dijo: -Estoy seguro que tú puedes y te vas a levantar.- Así se quedaron por un largo tiempo. Y es que en los brazos de Caleb se sentía segura y en paz. -Es hora de que me marche- dijo Caleb levantándose de la alfombra en donde estaban sentados. -Me dio mucho gusto que vinieras. De verdad muchas gracias.- exclamó ella. -Haces que me sienta con energías para seguir.- mientras le regalaba una sincera sonrisa. -Para mí es un placer. Ya sabes que cuando me necesites aquí estaré.- dijo Caleb y le sonrió con amor. Becca lo acompañó hasta la entrada de la casa en donde se despidieron con un abrazo afectruoso y sincero. -Becca,te quiero.- dijo él con los ojos brillosos. -Pues yo también. Y muchas gracias de nuevo.- sonrió. En ese mismo momento Alex se apareció delante de ellos. Había esperando afuera de la casa durante horas.
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