CAPÍTULO XV: MI LUGAR FAVORITO

1064 Words
Al día siguiente se levantó llena de energía y aunque el dolor quería salir al exterior, ella lo encerraba en lo más profundo. En su rostro solo reflejaba indiferencia por todo lo ocurrido. Desayunó sola, porque Eloísa había salido al pueblo en busca de alimentos y demás artículospara el hogar. No quiso despertarla temprano para que la acompañara, por sí necesitaba descansar. El día estaba un poco nublado, pero muy agradable para salir a despejarse de todo. Fue al jardín y allí leyó uno de su libros preferidos mientras tomaba una fresca y rica limonada. Escuchó el motor de la camioneta de su abuela, corrió a la entrada y la ayudó a bajar las bolsas. Llevaron todo a la cocina. Allí Becca ordenó y colocó cada cosa en su lugar. Hablaba más que de costumbre por lo que Eloísa extrañada le preguntó si se encontraba bien, a lo que la muchacha contestó: -Estoy bien, no estés preocupada por mí abuela. Lo superaré... Quiero que sepas que voy a vivir y disfrutar cada día de mi vida, por lo que no veo porque tengo que estar mal y sufrir siempre. Estaré mucho mejor. Ya lo verás.- -¡Me parece muy bien mi niña, eres joven y debes vivir!- exclamó animada la abuela. -En unas horas pasará por mi Caleb, vamos a ir al lago.- dijo ella. -¡Eso está muy bien!- exclamó. -¿Sabes? Voy a preparar una de tus comidas preferidas, ¿qué te parece?- Preguntó con una gran sonrisa. -Si. ¡sería genial!- respondió la muchacha mientras se comía un grisin. Becca se alistó, se puso un vestido amarillo hasta las rodillas, con un estampado de margaritas muy hermoso. Se veía bella y sus ojos ya no se veían tan tristes como el día anterior. -¡Es Caleb!- Gritó la abuela desde las escaleras. -¡Ya bajo!- exclamó ella levantando su bolso. Al abrir la puerta, el muchacho se quedó por unos segundos inmóvil, mirándola fijo a los ojos. -¡Hola Becca! E..e..estás muy bonita.- dijo nervioso pero con una gran sonrisa. -¡Gracias!- exclamó la muchacha devolviéndole una sonrisa. Ella verdaderamente quería estar bien. -¿Nos vamos?- Preguntó él. -¡Vamos!- Dijo ella. Y se despidió de Eloisa con un beso en la mejilla. Charlaron y rieron camino al lago. Ella estaba radiante y él no podía evitar estar feliz si ella estaba alegre y entusiasmada. Llegaron al lago y caminaron por un sendero que Becca jamás había recorrido. Caleb la llevó hasta un lugar muy particular que quedaba pasando el camino en medio del bosque, hasta subir a una colina. La caminata les llevó casi dos horas. El lugar era llano, con un césped que parecía recién cortado. Las flores que decoraban allí eran blancas y amarillas. Despedían un perfume tan dulce y agradable al sentido de su olfato. Aquel lugar le otorgaba una paz que ella no podía explicar y la compañía de su amigo también. Estar a su lado le daba seguridad. Él siempre había estado con ella desde que había llegado al pueblo. La vista era maravillosa, se podía ver una parte del lago. Becca se enamoró de inmediato del lugar declarando que ahora era su lugar favorito en la tierra. -¡Es hermoso este lugar! ¡Me encanta! Gracias, gracias por haberme traído aquí-. -Desde que te conocí quería mostrarte mi lugar favorito. Sabía que te gustaría, pero no lo había hecho antes porque estabas con Alex y no quería que hubiesen malos entendidos entre ustedes.- Ella permaneció en silencio. -Lamento haber hablado de él, sé que no querías que lo hiciera. Lo siento.- Se disculpó el muchacho avergonzado. -No lo sientas, está bien. Es solo, que este lugar es maravilloso y como te dije ¡ me encanta! Por cierto, este es también mi lugar favorito.- sonrió con las mejillas rosadas. Ambos sonrieron y se quedaron recostados entre aquellas flores mirando el cielo que permanecía aún nublado charlaron sobre todo un poco. -El cielo es hermoso en todo tiempo, aun cuando viste de gris, ¿no lo crees?- Dijo ella perdida con sus ojos en la inmensidad del firmamento. Girando su rostro hacia la muchacha y así, mientras la miraba dijo: -Creo que se parece a ti. Eres hermosa en todo tiempo.- Ella se mantenía mirando hacia arriba. No parecía incomodarse por lo que le había declarado Caleb. Es que no le molestaba, porque él hacía que se sintiera muy bien y sin importar qué, siempre estaba a su lado. A demás, no podía negar que sentía un cierto afecto por él. Desde que lo había conocido en la tienda, algo la cautivo, pero no quería ir más allá del afecto, de una simple amistad. -Si pudiese quedarme aquí por siempre lo haría. ¿Podemos venir cuando sea de noche? ¿Y ver así el cielo estrellado?- Preguntó entusiasmada como una niña. -Claro. ¡Sería magnífico! Podríamos venir mañana mismo, si el cielo se encuentra despejado.- dijo feliz de poder pasar aquel tiempo con ella. -Odio tener que decirlo pero creo que ya es hora de irnos, en unas horas va a anochecer.- -Está bien. Pero si por mi fuera me quedaría aquí.- respondió ella. Hablaron de todo un poco, de su niñez, adolescencia, juventud, de lo que quería cada uno para su futuro entre otras cosas. Se desnudaron el alma como jamás lo habían hecho antes. Pasaron una tarde muy agradable. Hablaron en ese tiempo mas de lo que habían hablado antes. Se conocieron un poco más y sin lugar a dudas se estrechó aún más aquella amistad. -Me hace muy feliz haberte conocido. Eres el mejor amigo del mundo entero. Creo que ya te lo había dicho unas cuantas veces, aunque no está demás decírtelo de nuevo.- sonrió tímida. -¡Yo soy feliz si tú lo eres!- Exclamó. Bajaron por aquel sendero riéndose de los ambos chistes que Caleb contaba. Al llegar hasta el lago vieron que ya habían en el lugar muchas personas, entre las que se encontraban Rosa y Sabrina con los demás chicos del grupo. Rosa advirtió la presencia de ambos e inmediatamente les hizo señas para que se acercaran a donde ellos estaban. Cuando se dirigieron entre risas hasta el grupo, se escuchó con fuerte voz: -¡Caleb, Amigo!- Se trataba de Alex, quien al verlos corrió para saludarlo.
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