Llegó el día de su cumpleaños. Se despertó con un rico desayuno en la cama preparado por su maravillosa abuela. Contenía un pequeño pastel y una vela rosa brillante, mientras le cantaba el feliz cumpleaños muy emocionada. Además le dio un regalo. Becca muy feliz rompió el papel que lo envolvía, así como una pequeña niña. Eran unos hermosos aretes de perlas. Le encantó, e inmediatamente se dirigió al espejo para probárselos. Les lucían hermosos.
-¡Gracias abue!- Dijo muy feliz.
-Mi niña, te quiero tanto y deseo que este día lo disfrutes, porque es tuyo y te lo mereces.-
El día se encontraba maravillosamente estupendo. El teléfono sonó, era Alex que le deseaba también un feliz cumpleaños y le comunicó que en un rato pasaría a dejarle un obsequio.
Ella estaba como el día, maravillosamente estupenda. ¿Quién iba a decir que sería uno de los mejores cumpleaños de toda su vida? Meses atrás ni siquiera se le hubiera pasado por la cabeza, pero ahora lo estaba viviendo y todo era real.
Mientras decidían con Eloisa acerca de qué iban a almorzar, se escuchó nuevamente el teléfono. La abuela corrió a contestar. Al decir hola, la respuesta que recibió del otro lado hizo que cambiara su semblante. Se trataba de su ex nuera, que quería desearle un feliz cumpleaños a la muchacha.
-Hola mamá-, contestó Becca algo desanimada.
-Hola hija, ¡feliz cumpleaños! ¿Cómo has estado?-
-Muy bien, aunque hoy puedo decir que estoy mejor que nunca.-
-Todos aquí te envían saludos, también Asbel.-
¿Qué? ¿Cómo era posible que siquiera lo mencionara y se atreviera a desearle un feliz cumpleaños?
-Esta bien, gracias. -
-Pronto voy a ir a verte hija, te extraño demasiado- exclamó con la voz entrecortada.
Pero inmediatamente fue interrumpida por la joven.
-Emm, no te preocupes en venir, no es necesario.- respondió aún molesta.
No había logrado perdonarla, ni a los demás. Pero tampoco quería que eso le arruinara su día, así que se despidió lo más amable posible, por lo que exclamó:
-Gracias por llamar.Me tengo que ir. Adiós. -Y seguidamente colgó el teléfono.
Becca había quedado algo molesta con aquella llamada. Eloisa trató de subirle el ánimo.
-Mi niña, pronto vendrá Alex así que ponte más hermosa de lo que estás y espéralo, hoy no harás nada más que disfrutar. -
Sentada en el jardín leía muy entusiasmada un libro que encontró en la pequeña biblioteca que le había pertenecido a su abuelo, quien había sido demasiado romántico por cierto. La novela trataba de una historia de amor entre una doncella y un rey. Mientras se adentraba en la historia, oyó el sonido del motor de un coche que se acercaba. Corrió creyendo que se trataba de Alex pero no, era Caleb quien bajó con un ramo de rosas rojas, regalándole una vez más una dulce sonrisa.
-¡Feliz cumpleaños Becca!- exclamó a lo lejos.
Ella sin saber que hacer, ya que también era el cumpleaños de él y no tenía a mano ningún obsequio que ofrecerle, solo respondió:
-Gracias. ¡Feliz cumpleaños para ti también!-
Le entregó ese enorme ramo de rosas que él mismo había recogido del jardín de su madre.
-Solo quería desearte un feliz cumpleaños. Esta tarde nos veremos en la fiesta. ¡Espero de todo corazón que en este día la pases muy bien !- dijo él.
-¡Así es y tú también!, gracias por haber venido hasta aquí, fue un gesto muy lindo de tu parte.-
-Lo hice con mucho gusto y porque te aprecio.- sonrió.
-¡Gracias!- dijo nuevamente ella. -Yo también, y sabes, eres un buen amigo. Un amigo como el que nunca tuve.-
El muchacho volvió a sonreír y exclamó:
-Tengo que irme pero nos vemos por la tarde.-
-¡Por supuesto!- respondió muy contenta.
No se había imaginado en ningún momento que éste le llevaría un ramo de flores tan bellas como esas. Fue corriendo a la cocina y llenó un florero antiguo pero muy hermoso que tenía su abuela y colocó allí aquellas hermosas rosas.
Al poco tiempo llegó Alex, con un ramo de rosas blancas, como si él y Caleb se hubiesen puesto de acuerdo.
-¡Feliz cumpleaños amor mío! ¡Aquí traigo las rosas mas hermosas para la chica mas preciosa!-
-¡Gracias Alex, están hermosas! Que casualidad, hace unos minutos pasó por aquí Caleb y me trajo un hermoso ramo de rosas por mi cumpleaños. Pero me sentí un poco triste porque no tenía nada para darle sabiendo que hoy también es su cumpleaños.-
Mientras decía esto el rostro de Alex padó de estar feliz a serio porque no se lo esperaba y un tanto molesto replicó:
-¿Por qué te trajo ese ramo de flores? ¿quién se cree que es para hacerlo? Yo quería darte esta sorpresa.-
-No te molestes, solo fue un gesto muy lindo de su parte, somos muy buenos amigos nada más, no tienes porque ponerte así- le contestó exasperada.
-Lo siento, es solo que no comprendo porqué lo hizo, sí podría haberlo hecho tranquilamente en la fiesta, o no lo sé.- Dijo él.
-Ya te expliqué, somos amigos y si tsta tanto te puedes ir. – exclamó enfadada dándole la espalda.
En ese punto Becca estaba sumamente enojada.
-No mi amor, perdóname. No quiero que estemos mal por esto. ¡Me excedí, otra vez!-
-Está bien, y espero realmente que esta situación no se vuelva a repetir por la misma causa- Él y yo somos amigos, y tú y yo somos novios, así que no hay de qué preocuparse o enfadarse,- respondió terminantemente.
Se quedaron por un rato en el jardín y todo volvió a estar bien, como si nada hubiese pasado. Charlaron acerca de la fiesta que se llevaría a cabo en la casa de Gustavo, el mejor amigo de Caleb y hermano mellizo de Rosa, quienes son dueños de un lugar especialmente para fiestas y eventos, son hijos de Gustavo Birner un importante empresario y dueño de una compañía de eventos en el pueblo y en ciudades aledañas, por lo que de seguro, la fiesta estaría muy bien organizada. Alex no trataba con la mayoría de los asistentes a la fiesta pero él mismo estaba decidido a ir por Becca y si era necesario, hasta de arreglar su relación con Caleb, solo por ella.
-Es a las cinco pm así es que te estaré esperando- dijo ella.
-¡Ahí estaré!- exclamó él feliz por ella.
Y se despidieron allí mismo, porque Alex debía ayudar a su madre y hermana con unos pedidos.
-Ah, por cierto lo olvidaba. Maritza te manda saludos por tu cumpleaños. Me va a matar si no te doy el mensaje.-
-Dile que muchas gracias,- contestó ella con una enorme sonrisa.
Se besaron con un hasta luego sin palabras.
....
Rosa junto a Sabrina llamaron a Becca para saludarla, estaban terminando algunos arreglos con respecto a la fiesta. Se encontraban muy emocionadas porque nunca habían tenido una fiesta de cumpleaños doble, por lo que aquella debía ser original e inolvidable.
-¡Allí nos veremos chicas, gracias por todo!- contestó del otro lado del teléfono la muchacha.
-¡Nos vemos!- Exclamaron a una voz las muchachas.
Estaba cercana la hora cuando una llamada de Alex le causó descontento, ya que éste no podría pasar a buscarla para ir juntos a la fiesta porque debía llevar a su cachorro al veterinario, al parecer se había puesto muy mal, estaba con vómitos y no podía mantenerse en pie. Ella por un lado lo entendía pero por el otro se entristecía porque realmente quería ir con él a su fiesta de cumpleaños. Para sí pensaba que los dieciocho años sólo se cumplían una vez, pero no le reprochó nada.
Envolvió un regalo para Caleb, que días atrás, mientras buscaba entre las cosas de su padre había encontrado. Se trataba de un prendedor de corbata que ella le había regalado cuando era una niña pequeña para el cumpleaños de éste. El prendedor tenía la forma de una nota musical, la nota sol más precisamente. Su padre amaba la música, al igual que Caleb, lo que a ella le pareció una excelente idea obsequiárselo a él.
Eloisa estaba admirada de la belleza de su nieta, no dejaba de mirarla con los ojos llenos de amor y admiración. Podía ver a su hijo en ella. Juntas partieron rumbo a la fiesta en la camioneta.
Al llegar todos la esperaban con algunos obsequios, abrazos y saludos. También con lluvias de serpentinas. Caleb ya estaba en el lugar. La muchacha se acercó a él y tan solo con una sonrisa le entregó el prendedor que se encontraba dentro de su cajita, envuelto en un papel de regalo dorado con lunares plateados y un moño blanco.
-¡Gracias! ¡Toma, esto es para ti!- le dijo él, sacando una cajita roja que se encontraba en el bolsillo de su saco. -Ah, pero ábrelo en tu casa.-
Ella asintió con la cabeza y le correspondió con una sonrisa.
El lugar verdaderamente era estupendo. Se podía ver campos verdes que rodeaban toda la casa. Con un jardín magnífico, que parecía contar con todas las flores del mundo. Se habían dispuesto en el lugar unas carpas blancas con mesas y sillas para los invitados, la fiesta era solo para unos pocos, pero decidieron hacerlo con mucho estilo.
Sabrina lo primero que preguntó al verla fue:
-¿Dónde está Alex?-
Becca contestó:
-No pudo venir por un tema complicado, pero si puede pasará más tarde.-
-Estas muy linda amiga- exclamó Rosa.
-¡Si, así es!- dijo Caleb. Eso hizo que Becca se pusiera un poco nerviosa.
-¡Que lindos aretes! dijo Sabrina.
-Me los regaló mi abuela esta mañana. Me encantaron.- Dijo mientras se los mostraba a sus amigas
La música era perfecta, melodías que perfumaban el aire del lugar, el mismo viento olía a música, era realmente hermoso.
Después de unos minutos se convocó a los invitados a que pasaran al salón, el cual era un lugar todo cerrado por cristales que permitía ver todo el paisaje que los rodeaba. Quien dirigía la fiesta era Rosa. Ésta, llamó a Becca y Caleb para que pasaran a la tarima así los presentes les cantan el feliz cumpleaños. Contaban con una banda amiga, quienes entonaron la célebre canción.
Luego se invitó a todos aquellos que deseaban pasar a decir algunas palabras para los cumpleañeros. Todos los saludaron y desearon un feliz año más de vida.
Hubo canciones, hasta juegos muy divertidos como la búsqueda del tesoro y muchos más. La muchacha estaba muy emocionada pues la fiesta fue la mejor que jamás había tenido, solo le apenaba demasiado que Alex no estuviera disfrutando junto a ella y compartiendo su alegría.
Caleb no dejaba de mirarla, no podía no hacerlo, era imposible. Porque si, él estaba enamorado desde aquella vez que la vio en el supermercado. Sabía que ella amaba a otro y sinceramente lo respetaba. No quería perder su amistad, quería estar para todo lo que ella necesitara. La quería cuidar, proteger y amar. Aunque ella nunca lo supiera.
Becca sonreía todo el tiempo aunque no dejaba de pensar en Alex y en cómo se encontraba Roco.
Mientras hablaba con Sabrina, pudo ver que del otro lado del salón estaba él, tan guapo como siempre. El corazón le saltaba de alegría. Vio a Rosa acercarse a él, la cual le señaló donde se encontraba Becca. Su corazón latía muy fuerte de la emoción. Alex se dirigió hacia ella buscándola para abrazarla y besarla.
Ella no podía más de la felicidad, al fin se completaba su alegría. Corrió hacia él, se abalanzó y lo besó en medio de todas los invitados. No le importó lo que podían pensar.
-Hermosa como siempre,- dijo Alex.
Ella inclinó la cabeza y sonrió conmovida. Permanecieron abrazados por un minuto entero.
Alex estaba algo incómodo, dado que no trataba con la gran mayoría de invitados que estaban presentes.
-Relájate. Allí está Caleb, Vamos a saludarlo porque también es su cumpleaños.-
Claro que Alex lo sabía. Lo tomó de la mano y lo llevó a donde estaba el otro cumpleañero. Alex saludo a éste, pero estaba algo tensa la situación.
-¡Que bueno que estés aquí! - Exclamó Caleb con una inmensa sonrisa.
-Si, se me había presentado un inconveniente, pero aquí estoy acompañando a Becca- dijo Alex abrazando a su novia.
-¿Cómo has estado?- preguntó Caleb interesado.
-¡Bien! - contestó él.
Entre conversación va y viene, la tensión fue desapareciendo y poco a poco los dos ex amigos comenzaban a entablar una conversación de verdad. Becca se retiró porque Sabrina necesitaba hablar con ella.
-Ven Becca hay algo que tengo que mostrarte-. Dijo Sabrina exasperada.
Mientras se alejaba, vio que ambos sonreían, como si lo que estuvieran hablando fuera gracioso y eso la animó aún más.
-¿Qué sucede?- Preguntó Becca algo preocupada al ver el estado en el que se encontraba su amiga.
-¡Mira!- le mostró unos panecillos. -No son los que encargamos, vamos a tener que hablar con Silvina- exclamó enfadada.
-¿Es enserio?- preguntó Becca sonriendo.
-¡Pues sí!- respondió y luego agregó:
-Ahora veo que Alex y Caleb se están hablando. ¡Eso sí que es un milagro!¿Qué hiciste para que eso sucediera?-
-¡Si! ¿no es genial? - Dijo muy contenta mientras los miraba con ternura.
-Es cierto, después de tantos años es bueno que volvieran a hablarse, eran inseparables de niños.- dijo Sabrina con una mirada melancólica.
-Eso me haría muy feliz, que recuperen su amistad- dijo Becca con una sonrisa que se expandía por todo su rostro.
-Ahora mismo voy a contárselo a Rosa, se va a alegrar con la noticia, ah y ¡a decirle lo de los panecillos!- exclamó Sabrina mientras se alejaba.
La fiesta marchaba excelente. La banda que estaba tocando era muy buena, y todo se veía realmente muy bien. Becca la estaba pasando de maravilla, y ahí estaban los dos viejos amigos hablando tan placenteramente lo que la colmaba de felicidad, porque sabía que eso les haría muy bien. Se quedó intencionalmente por un momento del otro lado del salón para darles tiempo, pues había mucho de qué hablar, al mismo tiempo que los observaba con mucha satisfacción. En un momento Alex volteó y la miró. Le hizo un gesto para que se acercara y mientras ella se dirigía hacia ellos, ambos hombres la veían con los ojos llenos de amor.
-¡Que gusto me da verlos charlar así!- dijo ella sonriente.
-¡Si! Hace un largo tiempo que no lo hacíamos- exclamó Caleb.
-Si, y pensar que fue por una pelea tonta y sin sentido- dijo Alex abrazando a su ahora amigo.
-Bueno, pero eso supongo que quedó en el pasado.- Exclamó la muchacha mirándolos a los dos. Estos se miraron y sonriendo dijeron casi a una sola voz:
-¡Estás en lo cierto!-
Contaron algunas historias y aventuras que vivieron de niños. Una de ellas tenía que ver con Caleb cuando quiso asustar a una vaca y terminó huyendo por todo el campo porque la furiosa vaca quería venganza. Todos rieron con aquella anécdota.
Rosa invitó nuevamente a los cumpleañeros a subir a la tarima porque serían los primeros en abrir el karaoke. Becca estaba espantada, no cantó jamás en público. Sus manos sudaban tanto que no podía sostener nada con ellas. Todos aplaudían mientras estos se acercaban a la tarima. Caleb estaba muy tranquilo y a gusto, claro que cantar era algo que él hacía a menudo, pero ¿Becca? sus pómulos estaban tan rojos como dos tomates. Éste se percató de los nervios de su amiga, por lo que pidió hacer un dúo para que ella no se sintiera sola y no se pusiera tan nerviosa, ya que la consigna era que cada uno cantara una canción a elección del público, pero su petición fue concedida y juntos lo harían. Esto aplacó bastante los nervios en los que estaba sumida la angustiada muchacha.
Todos se ubicaron en sus lugares en las mesas que rodeaban el centro del salón, y con sus miradas fijas en la pareja de cumpleañeros. Era casi imposible que la muchacha no temblara como la hoja de un árbol a punto de caerse en otoño. Caleb se acercó y le susurró al oído:
-Tranquila, estamos juntos, lo vas a hacer muy bien. Debes sacar todo lo que está ahí, adentro de tu corazón.-
La pista comenzó a sonar, ambos conocían la canción que iban a interpretar, “Amor a primera vista, de Japiaguar”.
Comenzó Caleb cantando, pues Becca no podía iniciar. Solo podía mirarlo y esos ojos tan llenos de amor, le dieron seguridad y era como si le dijeran: ¡vamos, tú puedes!
Es así que abrió su boca y sus cuerdas vocales comenzaron a vibrar. Salió la más hermosa y dulce voz que Caleb había escuchado. Por un momento no podía creer lo que sus oídos estaban escuchando. Esa hermosa voz inundaba y cautivaba aún más de amor el corazón del muchacho.
Alex, atónito porque tampoco conocía ese talento de su novia, quedó fascinado aún más con su amada. Los invitados quedaron maravillados con la interpretación de la cumpleañera. Ambos interpretaron excelentemente la canción. Se podría decir que allí había algo de química.
Al terminar todos se pusieron de pie y aplaudieron como si hubieran escuchado un verdadero recital. Realmente fue una increíble interpretación.
-Estuvieron estupendos,- les decían algunos.
Alex muy contento los felicitó y dirigiéndose a Becca, la besó. Lo que hizo que Caleb se sintiera un poco incómodo, de modo que con una excusa los dejó para que pudieran estar a solas.
-¡Bueno! creo que me llaman-. Dijo mientras se alejaba sonriendo.
-¡Wooow! Estuviste esplendorosa, ¿por qué no me lo habías dicho?-. Preguntó Alex intrigado.
-¿Decir qué?- Respondió ella.
-Que cantabas así, maravillosamente.- dijo él.
-No es para tanto,- respondió tímida y aun sonrojada.
-Pero esa canción nos representa a la perfección. – dijo el muchacho besando a su novia en la mejilla.
Los juegos continuaron durante toda la tarde. Ya entrada la noche, se dio inicio al baile de la celebración.
Caleb se encontraba con unos amigos cuando Rosa, Sabrina y otras chicas los invitaron a bailar. Mientras tanto, Becca que le encanta bailar y ya había pasado un largo tiempo que no lo hacía, le pidió a Alex que la acompañara, pero él se negó y se excusó diciendo que no era muy bueno para eso, pues no era algo que le gustara demasiado.
-¡Vamos! es solo un momento,- dijo la muchacha insistente .
Pero no hubo caso, no pudo convencerlo. Así es que ambos permanecieron sentados, y ella con el rostro compungido, ya que quería bailar y mucho más que eso, ella deseaba bailar con su novio.
-Es mi cumpleaños y ¿no lo vas a hacer aunque sea por mi? - Dijo algo molesta.
Él muchacho como si no le quedará otro remedio la invitó a bailar. Becca saltaba de alegría. Era cierto, bailar no era lo de Alex, pero ella lo estaba disfrutando tanto que a él no le importo acompañarla por un rato más. Caleb, conociendo a su amigo y lo que este no disfrutaba el bailar, esperó a que se sentaran para ir luego hacia ellos e invitar a Becca a la pista, pues sabía que ella estaba muy animada y que era lo que disfrutaba hacer.
-Vamos a sentarnos-, le pidió Alex.
Y a ella no le quedó más que aceptar aquel pedido , así como él lo había hecho primero.
Apenas Caleb vio la oportunidad, se acercó e invitó a la muchacha a bailar. Ésta miró primero a Alex y luego le respondió a Caleb que en otra oportunidad lo haría.
-¡Ve! ¡No me iré de este lugar!- exclamó Alex con algo de ironía pero animándola.
-Qué gracioso eres. ¡Está bien!- respondió ella pellizcando el brazo derecho de Alex.
La música era excelente, ideal para una fiesta divertida de cumpleaños doble. Ambos se estaban divirtiendo demasiado, disfrutando de ese momento juntos.
-La verdad es que todo es muy lindo. Nuestras amigas se lucieron, ¿no crees?- Dijo Caleb acercándose al oído de la muchacha.
-Si, de eso no hay duda. Además nunca había tenido una fiesta como esta, ¡me encanta!- Exclamó muy animada.
En ese momento comenzó a tocar una música lenta, de esas románticas para bailar cuerpo a cuerpo, latido con latido. Ambos se encontraban nerviosos en un primer momento sin saber si seguir o terminar allí mismo. Luego de luchar con aquella indecisión Él se acercó y la tomó de la cintura con la mano derecha y con la otra sujetó la pequeña mano de la muchacha. Becca no pudo evitar mirar hacia donde se encontraba Alex, pero ya no estaba. Caleb le hablaba acerca de lo hermoso que había cantado, y lo mucho que le gustaría enseñarle unas canciones que estaba componiendo para ver si en algún momento le gustaría interpretarlas. Ella se sintió muy alagada y complacida por ese pedido pero le respondió que no creía que eso fuera una buena idea ya que quizás eso podría molestar a Alex y no quería que hubiese malos entendidos entre ellos, ya que recién retomaban su amistad.
-Quizás en otro momento- concluyó.
Él solo quería que ella cantara sus canciones porque le parecía que podía interpretarlas muy bien.
-Pero eso no es problema, Alex también puede venir- replicó el.
-Está bien, se lo voy a comentar- dijo ella con una sonrisa.
Terminó aquella canción, y Rosa invitó a los cumpleañeros a apagar las velas del pastel, el cual era inmenso. Se apagaron todas las luces y solo quedaron las velas encendidas que se ubican en el centro de cada mesa y, claro, las del pastel. Todos cantaron nuevamente el feliz cumpleaños y juntos apagaron las velas.
-¡Fue el día más maravilloso que hemos tenido!- dijo ella muy alegre mirando a Caleb a su lado.
-¡Así es, el mejor!- respondió con la sonrisa de siempre. -¡Ahí estás Alex, te perdiste el pastel!- dijo Caleb dirigiéndose al muchacho quién se acercaba hacia ellos.
-Si, lo siento. Es que recibí una llamada de mi hermana- respondió preocupado.