CAPÍTULO X: NOTICIAS INESPERADAS

2654 Words
-¿Pasó algo malo?- Preguntó Becca angustiada. -Es mi sobrina. Está enferma, la llevaron a la ciudad de urgencia.- respondió afligido. -Pero, ¿qué fue lo que pasó?- Preguntó aún más preocupada. -Al parecer se desmayó y días atrás venía con dolores fuertes de cabeza. Mi cuñado vio que era necesario llevarla a la ciudad porque aquí no cuentan con los aparatos necesarios para realizar los estudios correspondientes- dijo Alex. -Si necesitas algo amigo, sabes que cuentas conmigo- dijo Caleb. -Gracias Caleb. Siento haberme ido así- dijo el muchacho con los ojos entristecidos. -No, no tienes por qué sentirlo. Seguro que va a estar todo bien-,dijo Becca tomándole la mano. -Si, seguro que así será-, dijo él con una leve sonrisa y apretando la mano de ésta. -Discúlpanos con los demás Caleb. ¡Nos vamos Alex!- exclamó la joven. -Si, si claro. Vayan tranquilos.- respondió el muchacho. -Lamento haber arruinado tu cumpleaños.- dijo Alex tristemente mirándola a los ojos. -Pero¿ por qué dices eso? ¡No es así!- dijo ella. -Ahora vamos a tu casa y esperamos noticias, además quiero estar contigo en estos momentos-. -Gracias mi amor, por estar justo en estos momentos a mi lado. Te amo.- dijo con la voz casi que se partía. -Yo también te amo.- respondió ella con una dulce mirada. Llegaron a casa de Alex y allí se encontraba la madre, algo afligida porque aún no había recibido noticias sobre Celeste. Estaban esperando juntos en la sala cuando al fin se oyó el ring del teléfono. Era tarde, como las una de la madrugada. Maritza se encontraba llorando, mientras le contaba a su madre que la pequeña estaba muy mal, pues le informaron que tenía un tumor en el cerebro. En ese mismo momento la madre quebró en llanto y Alex preguntó lo que sucedía. Cuando lo supo abrazó muy fuerte a su madre. Intentaba darle fuerzas, y se podía ver que realizaba un gran esfuerzo por no llorar. Les decía tanto a su madre como a su hermana que se tranquilizaran que todo iba a estar bien, los médicos iban a hacer todo lo posible para que estuviese bien. Repetía una y otra vez que Celeste era una niña fuerte y que saldría de aquella situación como toda una guerrera. Becca se encontraba sin palabras, solo quería abrazarlo y consolarlo. Pero solo estaba allí sentada mientras veía como Alex consolaba a Berenice. -¡Yo sé que Dios la va a sanar!- exclamó a gritos su madre, pues era una mujer muy creyente. Alex solo la abrazaba. Becca fue a la cocina y preparó un té para la angustiada mujer y otro para Alex. Cuando todo volvió a la calma, este llevó a su madre al dormitorio y la dejó para que descansara. -¡Vamos! te llevo a tu casa. Tu abuela debe estar muy preocupada por tí.- dijo el muchacho. -No, no te preocupes por favor. Quédate, aquí te necesitan por cualquier cosa que se pueda presentar. Además, hace un rato hablé con ella y le comuniqué lo sucedido.- .No, yo te llevo. De ninguna manera te vas a ir sola-, insistió el. -No, de nuevo te digo que te quedes.- y lo besó. -Por la mañana vengo a ver como están-. Y se despidió de él con un cálido y profundo abrazo . -Te amo, no lo olvides.- le dijo ella. -También yo-, dijo él recostado su rostro entre el cuello y el hombro de la muchacha. Y antes de que abrieran la puerta, se oyeron golpes en la misma. Se trataba de Caleb que quería saber como se encontraban. -¡Qué bien! ¡Eres tú! ¿puedes llevarla a casa?- preguntó Alex más aliviado. - Si, por supuesto-. -Que no te preocupes, yo puedo ir sola a casa- , rezongó ella. -Llévala por favor, como puedes ver es algo terca-. dijo Alex. -¡Está bien! llévame Caleb. Mañana vengo a primera hora-. Y nuevamente se despidió de Alex con un beso. Caleb también se despidió de su amigo, con un fuerte abrazo. -No entiendo por qué no me dejan hacer las cosas por mi misma. Quería irme sola-. Continuaba rezongando de camino a su casa. -No puedes irte sola. ¿Acaso no has visto la hora que es?- dijo Caleb. -Si está bien, pero soy una mujer mayor y puedo valerme por mi misma-. Después que se le pasó su terquedad, dijo: -¿Sabes? Me preocupa Alex, con todo lo que están pasando no lo vi quebrarse, se que intenta ser fuerte pero también es importante que si siente el deseo de llorar lo pueda hacer, sacar todo lo que tiene adentro-. -Si, él siempre fue así. Se preocupa por los demás, pero de él mismo casi nunca. Ahora tú eres muy importante para su vida, quien lo va ayudar. Se ve que el te ama de verdad, de eso no hay duda, pero tienes que ser fuerte, pase lo que pase estar a su lado-. -Si, eso es lo que haré. Gracias por todo esto amigo. Eres el mejor amigo que puedo tener. Te quiero. Sé que Alex también y te necesita.- dijo ella. -Voy a estar siempre que me necesiten. Si se presenta algo, lo que sea, me avisas y yo estaré. Voy a orar para que Él haga lo que tenga que hacer en la vida de Celeste-. Llegaron a casa y se despidieron con un cálido abrazo. -Hasta mañana Becca, que descanses-. -Hasta mañana.- dijo ella y luego entró a la casa cabizbaja. Su abuela estaba despierta esperándola en la cocina mientras lavaba la vajilla. -¿Qué sucedió mi niña?- Dijo afligida dejando de lado lo que estaba realizando. La muchacha le contó todo lo que había pasado. Eloisa, con la voz cargada de preocupación dijo: -Vamos a orar por la pequeña y por toda su familia. Becca no oraba, pero en ese momento solo siguió a su abuela y tomadas de las manos oraron por ellos. La muchacha estaba demasiado cansada, el día había sido uno de los mejores, excepto por la triste noticia que habían recibido. Estaba preocupada por Alex. Pensó en él hasta que se quedó profundamente dormida. …. El sol apenas estaba mostrando sus primeros rayos. Se apresuró a arreglarse para ir a acompañar a Alex. Ni siquiera desayunó, solo se despidió de Eloísa y salió a toda prisa. -Avísame si necesitan algo, vamos a orar aquí con las damas de la iglesia- dijo. -Si, así lo haré- respondió Becca saliendo de la casa. Tocó el timbre de la casa de Alex. Quien abrió fue Berenice. Ésta le dijo que él estaba en su habitación aun durmiendo, puesto que no había dormido en toda la noche. -Querida, yo me tengo que ir, me acaban de llamar las damas porque van a estar orando por mi pequeña Celeste, así que me dirijo a casa de tu abuela. Por favor, ¿te quedas? Y cualquier cosa que necesiten me lo haces saber- le dijo angustiada. -Si, claro, no se preocupe yo aquí me quedaré.- -Gracias hija-. Y se despidió. Becca estaba sentada en el sofá de la sala, mirando unas revistas que se encontraban en la mesa del lado del mismo, pero no podía dejar de pensar en Alex, en cómo estaba y no podía contener las ganas de subir a verlo. Estuvo así por casi una hora, hasta que decidió subir para acompañarlo. Allí estaba su habitación, con un cartel en la puerta que decía: “ESPACIO PERSONAL”. Ella solo sonrió. La puerta estaba apenas abierta. Muy lentamente sin hacer ninguna clase de ruido, para no despertar a su príncipe bello durmiente, abrió la puerta con toda sutileza. Las paredes eran de un color azul océano, las cortinas color beige. Estaba tan ordenado todo que no parecía el dormitorio de un hombre. Y ahí estaba él, acostado sobre las sábanas, ni siquiera se había puesto el pijama, porque estaba con la ropa del día anterior. Recostado en la orilla, boca abajo y con un brazo que colgaba tocando el piso alfombrado. Verlo dormir le producía un alto grado de ternura. Se acercó un poco más al lado de la cama, y se sentó en el piso mientras lo contemplaba con amor. En un momento se oyó el teléfono, Becca saltó del susto. Alex comenzó a moverse y el teléfono no dejaba de sonar. Se levantó rápidamente y corrió por las escaleras. Al lado de estas se encontraba el teléfono, y cuando levantó el tubo para contestar la llamada, se trataba de su cuñada- Quien le comunicó que Celeste estaba mucho mejor y ya se encontraba comiendo. También le dijo que los médicos le comunicaron que algo había sucedido con los últimos estudios, y por ello debían volver a ser realizados ya que al parecer habían salido muy bien, ¡Demasiado bien! porque decían que no tenía nada en su cerebro y que estaba totalmente sana, y como no lo podían creer era necesario realizarle unos nuevamente. Becca le explicó cómo estaba todo por allí, y muy contenta exclamó: -¡Gracias a Dios, la ha sanado!- -¡Si!- dijo llorando su cuñada de alegría. Después de hablar con Maritza, marcó el número de su casa para avisarles lo que había ocurrido. Eloisa gritaba de alegría, y le dijo que iban a seguir orando. Su suegra estaba muy emocionada. Se despidió de ésta e inmediatamente se dirigió a la habitación de Alex para contarle lo sucedido. Cuando entró y lo vio dormido tan lleno de paz, no se atrevió a despertarlo, así que esperó recostada a su lado hasta que despertara por sí solo, pero se quedó dormida. “Se encontraba hablando con un hombre al que no podía verle el rostro. Pero se sentía muy bien con él, su voz le producía paz. Poco después, vio a Alex a lo lejos que corría hacia donde ella estaba, pero de pronto, comenzó a desvanecerse, y ya no estaba. Se despertó exaltada.” Alex, que se había despertado desde hacía media hora, la veía dormir. -¿Qué sucede mi amor?- Preguntó mientras acariciaba su rostro. -Solo tuve un mal sueño, nada más- respondió un poco afligida. Él le sonrió, luego le preguntó qué era lo que hacía allí acostada y durmiendo a su lado. -¡Oh sí, es cierto! no te quería despertar y al final me quedé dormida, tengo que decirte que tu hermana llamó. Y allí le contó todo lo que había sucedido. El muchacho estaba atónito, -¿Cómo es posible?- Preguntó aún sorprendido. -Así es, Celeste va a estar muy bien. Es increíble pero real.- dijo ella muy feliz. Él la besó y permanecieron abrazados. Ella se quedó recostada sobre su pecho por largos minutos. -Estoy tan agradecido de haberte conocido. Te amé desde el primer momento en que te vi, y quiero amarte cada día mucho más y para siempre- le dijo mientras acariciaba con el dorso de su mano la mejilla tibia de su amada. -Yo también. Fue algo que no busqué. Te amo y no quiero separarme nunca de tu lado. Quiero siempre estar contigo.- El acaricia ahora el cabello de Becca, mientras ella ama escuchar los latidos que da el corazón de su amor, y pensaba: > Al cabo de media hora, Alex exclamó: -Tengo que darme un baño.- -¡Oh, sí, apestas!- exclamó ella riéndose a carcajadas. -¿Enserio?- Preguntó él con una mueca graciosa en su rostro. -No, ¡es broma! Voy a preparar unos sándwiches, tengo hambre y creo que tú también- dijo la muchacha mientras salía de la habitación. -¡Gracias!- gritó Alex mientras se dirigía al cuarto de baño. Becca lo esperaba en la cocina con los sándwiches y en cuanto bajó, almorzaron juntos. Se veían muy felices. Las noticias eran muy buenas, ¿qué más podían pedir? Oyeron el sonido de las llaves, y seguidamente la puerta abrirse. Era Berenice. -Hijo ¿cómo estás? No ha llamado aún Maritza?- Dijo ella algo agitada dejando su bolso en la mesa redonda que daba al lado de la puerta principal. -Hola mamá, aún no lo hizo, pero no te preocupes, pronto lo hará, deben estar ocupados-. Fue en el mismo momento en que terminó de decir aquellas palabras a su madre, que se escuchó el teléfono, era Maritza, para confirmar las buenas noticias. -¿Sí?- Preguntó la señora apresurada. -¡Hola mamá! Está todo bien, Celeste está completamente sana. Los médicos dijeron que eso era imposible y que fue un milagro, así me dijeron ¡un milagro!. Cuando le hicieron los estudios necesarios , estos arrojaban que tenía cáncer, un tumor en el cerebro. Los volvieron a realizar para confirmar el diagnóstico y era así, eso lo confirmaba. Por lo que nos dijeron que debían iniciar con el tratamiento de inmediato aunque no nos daban muchas esperanzas. En la mañana temprano cuando le volvieron a realizar los análisis de rutina, se sorprendieron porque no se veía nada, como si nunca hubiese estado eso en su cerebro. De modo que decidieron volver a realizarlos para comprobar nuevamente los resultados y definitivamente no estaba, no tenía absolutamente nada.- Todo aquello lo contó muy emocionada y agradecida por lo que había sucedido, se escuchaba muy feliz. -¡Eso es grandioso hija querida!- gritaba de alegría la madre, -¡No hay duda que Dios la sanó!- Decía sin parar. Alex y Becca salieron por un momento al jardín para charlar. -¡Que grandioso!- Dijo ella muy emocionada, su rostro reflejaba total paz. -¡Así es! exclamó Alex aun sorprendido con la noticia, y la sonrisa que se dibujaba en su rostro era inmensa. -Que bueno que ahora está todo bien, pronto las tendrás en casa.- dijo muy feliz. -Creo que es hora de que me marche a casa- se despidió la joven con un cálido beso. -Te llevo mi amor- dijo el muchacho al instante. -Mmm… Creo que será mejor que te quedes con tu madre, por cualquier cosa que necesite. Yo voy a estar bien.- dijo mirándolo a los ojos con ternura y su sonrisa que reconfortaba su corazón. Él, le devolvió la mirada y la sonrisa. Luego exclamó en un tono de resignación: -¡Pero si que eres terca eh!- -Enserio, voy a estar bien. Te amo, lo sabes.- -¡Yo también! Te iré a ver en cuanto todo esto pase- dijo el mientras la sujetaba con amor entre sus brazos. Becca con su mejilla sobre el pecho de su amado y un beso dijo: -Despídeme de tu mamá.- Se despidió y salió por el camino de piedras que se encontraba en el jardín, el cual la llevaba directamente a la calle. Caminando por aquel camino, meditaba en todo lo que había sucedido y pensaba en lo bueno que Dios había sido con ella. Todo lo que estaba viviendo la había hecho volver a sentir y a ser quien fue tiempo atrás, pero aún mucho mejor. Estaba rodeada de personas que la amaban y volvía a sentirse muy feliz. Sintió la necesidad de ir al lago, quería contemplar la hermosura que la rodeaba. Cuando vivía en la ciudad, solía salir de vez en cuando a mirar el cielo estrellado, era algo que la reconfortaba bastante. Estaba allí sentada al lado del enorme árbol que yacía a la orilla de las aguas del lago, en donde habían sellado su pacto de amor poco tiempo atrás. En el lugar no había nadie, solo ella y claro, el azulado lago. La tarde se encontraba nublada y parecía que en cualquier momento caería un aguacero. Rodeada de tanta belleza y tranquilidad pensaba en lo hermoso que era vivir, podía respirar un aire de paz y libertad. Al poco tiempo de estar allí, fue increpada por el sonido avasallador del motor de una camioneta. Parecía haber salido de la nada.
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