Era un día muy cálido, con un sol radiante e ideal para nadar, así que decidió aceptar la invitación de Caleb y concurrir al lago, pero fue un poco más temprano de lo acordado porque quería caminar y recorrer un poco el lugar. Mientras andaba, recordaba lo divertido que era nadar allí cuando era tan solo una niña junto a su papá, y lo fenomenal que lo pasaban juntos. Se podía ver allí en medio del lago, entre risas y chapoteos, como si lo estuviera viviendo en ese mismo instante. En tanto que evocaba aquellos bellos recuerdos, fue interrumpida por un hermoso cachorro Golden color canela que se abalanzó sobre ella tirándola en aquel verde y brilloso césped. Al parecer el pequeño cachorro solo quería jugar. Entre la sorpresa que recibió y alegría que le provocó aquella situación (pues le encantan los perros), a lo lejos, un joven desesperado llamaba al juguetón canino:
-¡Roco, Roco!- Gritaba preocupado.
Pero el cachorro sin duda alguna, quería jugar con Becca.
Cuando éste llegó a donde la muchacha y el canino estaban, le ofreció disculpas por la sorpresa que había recibido, si la había asustado y le explicó que era la primera vez que salían ya que había sido un regalo de su hermana y aún no lo conocía muy bien.
Pero en cuanto sus miradas se fijaron, fue impactada por aquellos negros y profundos ojos. Tuvo la sensación de conocerlo de algún otro lado. A primera vista Becca quedó encantada con él. Fue algo de repente, sin pensarlo , pues no se lo esperaba.
-Soy Alex.- dijo sonriendo a la vez que extendía su mano para saludarla.
-Hola, mi nombre es Becca.- exclamó ella con una sonrisa mientras aún sujetaba su mano.
Y allí charlaron de Roco como si fueran grandes conocidos. Él había sentido lo mismo que ella, así que no dudó y la invitó a una fiesta que darían en la casa de Bruno, un amigo de éste y sin pensarlo, aceptó dichosa.
Tan a gusto se encontraban hablando cuando pudo ver a lo lejos a Caleb y al grupo de chicos que llegaban. Entonces le explicó que tenía que irse porque el grupo de chicos y chicas con los que había quedado en reunirse ya habían llegado.
-Claro, nos vemos más tarde, ¿cierto?- Preguntó animado.
-Eso creo.- dijo sonriendo tímidamente la muchacha.
Caleb vio cuando se despedían y se sintió desconcertado por un momento, ya que pudo notar que con aquel muchacho se veía diferente. Podía ver como sonreía cuando le hablaba, cosa que él no había logrado provocar en ella.
Becca caminó hasta donde estaban y se sentía bastante relajada y entusiasmada. Hasta fue muy amable y simpática con todos, incluyendo a Caleb. Fue como si algo en ella hubiese despertado y Caleb lo notó de inmediato.
Nadaron un rato, jugaron algunos juegos con pelotas y después de divertirse por un largo tiempo, uno de los chicos, llamado José sacó su guitarra y todos se sentaron en ronda. Mientras tocaba aquel instrumento el grupo se acoplaban al mismo entonando algunas canciones. A Becca le encantó ese momento y aunque no conocía la letra de aquellas, enseguida se las aprendió y se unió a las voces del grupo. Se sorprendió cuando oyó la voz de Caleb, quien cantó una canción muy hermosa. Su voz estremeció hasta lo más profundo de ella y a la vez le provocaba una inmensa paz y alegría que no podía entender. Él no dejaba de contemplarla con esa dulce mirada y mostrarle aquella sonrisa sincera, pero esta vez, a diferencia de las otras ocasiones, ella le devolvió la sonrisa, e hizo que los ojos del muchacho brillen de una manera casi sobrenatural.
Pronto comenzó a oscurecer, el tiempo había pasado casi de prisa. Becca se levantó y se despidió de todos, agradecida por la invitación. Expresó lo bien que la había pasado.
Se encontraba apresurada ya que deseaba ir a la fiesta a la cual la había invitado Alex y la verdad es que se sentía muy entusiasmada y no parecía haber nada que le impidiera asistir.
Cuando ya se estaba alejando, Caleb se levantó y corrió tras ella, y no entendía por qué el apuro. De inmediato se ofreció acompañarla hasta su casa para que no se fuera sola. Al principio la muchacha se negó, pero después accedió. Mientras iban de camino, él le contó el cambio que había notado, pero Becca no dijo nada. Otra vez, volvió a cerrarse y ya no parecía tan relajada como antes. Y claro, Caleb se dio cuenta de nuevo, así es que no la importunó más. Al llegar, se despidieron y la invitó el día miércoles, a su casa, ya que los chicos se reunían a ver películas y le expresó el gusto que le daría que pudiera asistir. Ella solo respondió con su: -ajam…- de siempre.
La muchacha corrió a su habitación y de inmediato se dio una ducha caliente. Buscó entre sus pertenencias la mejor ropa que tenía en su armario. Se encontraba ansiosa y a la vez apresurada, pues ya era un poco tarde. Cuando iba bajando por las escaleras, se topó con Eloisa y tanto era el entusiasmo que sentía en aquel momento que se le había olvidado pedir permiso. La abuela la veía tan diferente que era muy evidente que estaba sorprendida. La vio tan animada que no se opuso de ninguna manera a que asistiera a dicha fiesta. Becca le pidió un gran favor, y era el que le prestara la camioneta, porque no tenía cómo llegar a aquel lugar, y ella con mucho gusto accedió. Solo le pidió encarecidamente que se cuidara, y a la vieja camioneta, y por supuesto, que no llegara demasiado tarde.
….
Llegó a la fiesta sin conocer a nadie. Se sentía apabullada por las miradas curiosas de todos los presentes. Mientras caminaba hacia la entrada se preguntó nerviosa >
Así fue entonces que dio media vuelta y cuando se dispuso a marcharse fue detenida por Alex, quien la tomó del brazo firme pero suave a la vez. Aquel contacto encendió en ella una explosión de sensaciones, mientras que en el muchacho provocó que una corriente eléctrica lo golpeara, con tal fuerza para soltarla al instante. Sus ojos se encontraron...
-Viniste...- dijo Alex, con sus ojos perdidos en aquel par de esmeraldas que lo miraban con ternura.