La música del lugar se oía tan fuerte que apenas podían escuchar lo que decían. Así que él le invitó unos tragos y ésta encantada aceptó. Sentados en un sillón de jardín, un poco alejado de la ensordecedora música, charlaron casi por dos horas y media. Ella estaba relajada y se sentía muy cómoda. Con cada palabra que él pronunciaba ella no dejaba de admirarse. Cuando él la miraba a los ojos, encendía algo en su roto corazón y las mariposas que se habían escapado tiempo atrás, de a poco regresaban a revolotear.
El tiempo había pasado de prisa, puesto que era tarde y se tenía que marchar. Alex se ofreció a acompañarla pero ésta se negó.
-No te preocupes. Puedo regresar sola, voy a estar bien.- sonrió.
Y así, se despidió del muchacho con un beso en su cálida mejilla.
Mientras se subía a la camioneta no dejaba de sentir aun sobre sus labios la calidez de aquel beso y con una inmensa sonrisa dibujada en su rostro se fue muy contenta de aquel lugar.
Durmió esa noche como una niña y con una sonrisa que permaneció en su despreocupado rostro mientras descansaba.
A la mañana siguiente sorprendió a su abuela con un rico desayuno mientras cantaba una canción de lo contenta que se sentía. A Eloisa le dio mucha alegría ver a su nieta tan animada. Charlaron acerca de cómo estuvo la fiesta y le contó también sobre todo lo que hablaron. Cada vez que mencionaba el nombre de Alex sonreía muy feliz, era inevitable, pues él provocaba ese brillo diferente en ella.
A eso de las nueve am se oyó el timbre de la casa. Era Caleb, quien al parecer se había ofrecido con anterioridad a realizar los mandados a Eloisa. Becca lo recibió y con un cálido saludó le indicó dónde colocar las cosas, en la cocina. Eloisa al oírlo, bajó de su habitación para agradecerle el favor al muchacho.
-Es un gusto.- dijo Caleb.
Esta vez había algo diferente en él, su sonrisa no era la misma, parecía que solo sonreía por compromiso por lo que se percibía algo vacía. Ella se dio cuenta pero siguió como si nada hubiesepasado. Aquel parecía distante, y ya no buscaba conversación. ¿Qué es lo que estaba pasando? ¿Qué era lo que molestaba al muchacho? Él se disculpó y se retiró apresurado, como si algo lo incomodara. Eloisa sorprendida solo observó aquella situación, y no intervino de ninguna manera.
Becca solo quería volver a ver a Alex, no podía pensar en otra cosa. En ese mismo momento se escuchó el teléfono, y fue como si un huracán de adrenalina irrumpiera sin permiso en su interior.
> Se preguntó nerviosa.
Mientras a lo lejos podía escuchar los pasos de su abuela que se dirigía a contestar la llamada. La muchacha no podía más de la curiosidad, pues la ansiedad era su compañera. Alcanzó a oír que su abuela respondió:
-¡Hola! Si, aquí está. Ahora te la paso.- exclamó mientras llamaba a su nieta.
Su corazón galopaba como un caballo de carrera. Quería con todas sus fuerzas por una lado, sentir lo que sentía, pero por el otro quería negarse la oportunidad de volver a amar, porque de nuevo , en esos segundos, irrumpió en su memoria, como si se tratase de una película, todo lo malo que le había pasado.
-¿Hola?- Dijo la joven tímidamente.
Alex con su característica voz varonil respondió:
-Linda, ¿qué te parece si nos vemos hoy en el lago? Tenemos que hablar. Es importante lo que tengo que decir.-
-Sí, allí nos vemos.- respondió intrigada. Y se despidieron.
Mientras pensaba y se preguntaba una y otra vez:
> los miedos volvieron a acosarla y la ansiedad fue su compañera más concurrente.
....
La hora había llegado, pronto debía salir para encontrarse con Alex. Mientras caminaba por el ancho camino de tierra, meditaba en qué sería lo que aquel tenía que decirle. Cientos de ideas pasaron por su cabeza: desde “no puedo verte más ”, hasta un “quiero ser más que tu amigo".
Llegando al lugar, allí se encontraba él, sentado frente al lago. Los ojos de la muchacha lo podían ver tan hermoso.
> Se preguntaba incansablemente.
Sentía un calor que la recorría de pies a cabeza. Era como una corriente eléctrica que volvía a encender el interruptor del amor en ella. Pero, no debía ser así, puesto que aún no sabía qué era lo que él iba a decir.
El muchacho volteó la vista y la vio venir a su encuentro. Se levantó de inmediato y corrió hacia ella como si una fuerza lo atrajera con violencia. Tomó las tibias manos de ésta y mirándola fijamente a los ojos le dijo:
-Te amo.-
En un santiamén el corazón de Becca se aceleró a una velocidad inexplicable, como si en algún momento se le estuviera a punto de salir del pecho.
El continúo hablando:
-Te amo desde la primera vez que te vi. Se que suena loco. Se que solo hace unos días nos conocimos, pero cuando tus ojos me miraron, sentí que nuestras vidas se enlazaban de una manera que no puedo explicar, y fue... fue como si te conociera de antes. Sé que esto que te digo se escucha imposible o un tanto cursi, pero es cierto.- dijo tratando de coordinar las palabras.
Ella no podía pronunciar palabra. Le parecía estar en ese tipo de sueño en el que la persona que lo experimenta quiere decir algo, pero por más que se esfuerce y lo intente una y otra vez apenas si sale un insípido quejido. Estaba como inmóvil pero él no soltaba sus manos.
-Dime por favor, ¿qué es lo que sientes?- Preguntó desesperado mirándola a los ojos.
Ella quería responder, sin embargo no salían las palabras. Apenas pudo susurrar un:
-Te amo...-
En su interior se debatía una lucha para no sentir aquello, resistiéndose a la realidad que le hacía frente, pero no pudo evitarlo más.
-¡Te amo!- Dijo, y esta vez sus palabras fueron firmes. -Pensé que estaba loca, a mi también me pasó lo mismo. Desde que te vi venir, me pareció conocerte de toda la vida.-
-Quería decírtelo porque no podía guardarlo por mucho tiempo más. No te imaginas lo dichoso que me siento de que esto sea correspondido. ¡Te amo, te amo, te amo!- exclamó feliz levantando a su amada entre sus brazos.
-¡Yo también!- respondió Becca más que feliz.
-Entonces, ¿Quieres ser mi novia?- Preguntó de inmediato.
-¡Sí quiero!- Contestó casi gritando de alegría.
Los ojos de Alex se encendieron como una noche llena de estrellas y Becca desbordaba de amor por él.
Alex tomó con su mano derecha el fino y delicado mentón de Becca, luego se acercó lentamente y lo suficiente hasta que la pequeña nariz de ella y la de él se rozaron. Y cuando sus labios tocaron los de ella se produjo un acto de locura entre los dos, y allí se embriagaron de tanto amor.
Se quedaron sentados frente al lago viendo al sol ocultarse detrás de las verdes colinas, sin decir nada pero al mismo tiempo diciéndolo todo.
Caminaron tomados de la mano hasta casa de Becca. Alex contaba los chistes más divertidos, y hacía que ella no dejara de reír, hasta que le dolían las mejillas de lo feliz que la hacía en esos momentos. Se despidieron con un beso dulce y tierno; y un te amo sincero.
> pensó para sí, mientras su rostro reflejaba un estado de plena felicidad.
Su abuela no se encontraba en casa por lo que dejó una nota en el refrigerador que decía:
“Cariño, fui a la iglesia con el grupo de damas y voy a regresar un poco tarde, hay comida en el horno. No me esperes. Elo.”
Becca estaba deseosa por contarle la noticia.
Después de cenar y darse una ducha se fue a la cama. El día había sido muy bueno y lo había pasado estupendo. Por nada quería arruinarlo con malos recuerdos. Acaso ¿no se merecía ser feliz?