-Alex no es lo que tu piensas.- dijo Caleb tratando de alguna manera justificarse.
-Ya lo sé todo. Solo vengo a disculparme por lo de ayer. ¡Fui un completo estúpido!-
-No te preocupes, está bien.- dijo el muchacho más aliviado.
-Gracias por haberla salvado. No sé cómo podría pagarte lo que has hecho por ella.- exclamó agradecido.
-No, no debes pagarme nada. Lo volvería a hacer una y otra vez. Sabes que lo hice porque la quiero.- dijo bajando la mirada.
-Lo sé, por eso necesito que me ayudes a encontrar a esos infelices. Quiero que paguen por lo que le hicieron.- Sus palabras estaban llenas de dolor y rencor.
-Becca no quiere que se haga nada. No quiere saber nada que tenga que ver con esos.- contestó él.
-Pero esto no puede quedar así. ¡No lo voy a permitir! Y si la quieres deberías ayudarme ¿no lo crees?- dijo furioso.
-¿Lo has hablado con ella?- Preguntó.
-No, porque se que no va a estar de acuerdo.- dijo corriendo la mirada.
-Bueno, no lo hagas, pues ella no lo quiere así.- insistió.
Caleb se quedó hablando con él para que dejara de lado aquella idea. Al terminar una larga conversación Alex al fin se convenció de no hacerlo, pues, entendió que no era el camino más adecuado y que todo a su tiempo se solucionaría. Su amigo lo animó y le aconsejó que acompañase a Becca durante este tiempo difícil. También le recordó que estaría siempre para los dos. Los apreciaba y quería lo mejor para ambos, sin importar lo que eso implicase.
Cuando Becca despertó y vio la nota que Alex le había dejado, estaba mucho más animada. Eloísa estaba feliz, por que no hubo necesidad de insistirle para que comiera algo, fue ella quien preguntó sobre lo qué había para desayunar. De a poco volvía a ser ella. No negaba lo que le había pasado pero entendía que debía continuar.
Luego de tener aquella conversación, Alex fue a su casa para ayudar a su madre con unos pedidos (pues, su madre tiene una empresa de marroquinería y realizan venta de carteras de cuero artesanales y él era el encargado de distribuirlas en la ciudad). Después de una extensa jornada laboral regresó a su casa y cortó unas lindas rosas rojas del jardín de su madre. Estaba ansioso por ver a su amada Becca.
Mientras conducía camino a casa de su novia pensaba en lo maravilloso que sería estar junto a ella por el resto de su vida. La amaba con todo su corazón y se preguntó por qué debía esperar más tiempo, si no había nada que se los impidiera.
Así que se detuvo a la orilla del camino y dio la vuelta. Regresó nuevamente a su casa, buscó dinero que tenía ahorrado y manejó directo a la ciudad para comprar el más hermoso anillo de compromiso, pues Becca se merecía el mejor.
Conducía a gran velocidad, lo cual no le importó, puesto que quería llegar rápido ya que sentía que no podía perder más tiempo.
Apenas llegó a la ciudad, pasó por una joyería en la calle “Libertad”. Se estacionó en frente del lugar. La señora que atendía allí era muy amable y le infundía confianza. Ésta exclamó:
-¡Buenos días muchacho! ¿Qué estás buscando? Oh sí, ¡ya lo sé! seguramente un anillo de compromiso.- y sonrió de una manera especial .
-¡Así es! Pero, ¿cómo lo supo?- Preguntó sorprendido.
-Por tu sonrisa y esa cara de felicidad que no puede ocultar el amor que lo invade. Ah, sin dejar pasar que te ves algo nervioso.- dijo ella.
-Es que quiero lo mejor para ella. Estoy profundamente enamorado. Como un loco se podría decir.- sonrió y los ojos se le iluminaron.
-Pasa por aquí.- le dijo.
Le mostró unos anillos maravillosos, todos y cada uno de ellos. El muchacho no podía decidir cuál sería el mejor para Becca. Después de varios minutos tratando de decidir, volteo la vista hacia su izquierda en donde pudo apreciar un precioso anillo de esmeralda, que estaba solo, apartado de los demás. Era como si lo hubieran preparado para tal ocasión.
-¡Ese!- Exclamó con ímpetu.
-¡Oh!- dijo ella sorprendida. -¿Este anillo? Éste ha estado por más de cincuenta años en el mismo lugar. Es extraño, pues nunca nadie lo había elegido. Realmente parece que fue intencionalmente apartado y guardado para alguien en particular. Por eso es que no te lo había mostrado, me había acostumbrado a que estuviera siempre en el mismo lugar y a que jamás lo hayan escogido.- dijo ella algo nostálgica.
-¡Es perfecto para mi Becca! ¡Lo llevaré!- dijo convencido.
La mujer estaba pasmada aún por la venta de aquel anillo de compromiso. Pensó que jamás saldría de allí y hasta cierto punto le dio algo de tristeza separarse de él.
Mientras lo envolvía para entregárselo, le narró una historia acerca de aquel anillo y la emoción la invadía por completo. Además le parecía justo que Alex conociera la historia de aquella reliquia.
-A esta sortija la diseñó y elaboró mi tatara tatara abuelo, el primer joyero de la familia, desde hace más de ochenta años. Él había conocido en aquel entonces a una mujer llamada Ana. Era una muchacha muy hermosa que había llegado al pueblo. En cuanto él la vio y sus ojos se cruzaron fueron unidos y fue como si siempre se hubiesen conocido. Se enamoraron apasionadamente. Él quería casarse con ella, es así que quiso diseñar con sus propias manos el anillo que le daría para proponérselo. Tenía que ser el más hermoso y especial. Fue así que un amigo le indicó que en una de las minas en las que estaban trabajando, habían encontrado un mineral llamado berilio que era muy hermoso. Entonces se fue hacia aquel lugar y comenzó a indagar hasta que muy en lo escondido, por debajo de todas esas rocas en aquella cueva oscura, una luz verde titilaba como si lo llamara y le dijera “aquí estoy”. No dudó en tomarla, la llevó a su casa y comenzó a trabajar. Era necesario que lo hiciera con mucho cuidado debido a su gran fragilidad. Lo trabajó por más de una semana, hasta que le dio la forma deseada. Preparó el oro y le dio forma a la argolla y terminación a su obra. Después de eso le propuso matrimonio y se casaron al mes de estar comprometidos. Una tarde que volvían de una fiesta en la ciudad, unos hombres bloquearon el camino y detuvieron su carreta. Estaban dispuestos a asaltar a la pareja. Uno de los hombres sujetó a su mujer, y a él lo sostenía otro. El que sujetaba a Ana, quiso abusar de ella, la tomó con violencia y obligó a su esposo a ver toda la escena, pues no podía moverse, no lo dejaban. Lo golpearon hasta casi dejarlo inconsciente. Ella gritaba para que la dejara, pero también la golpeó por resistirse. En ese mismo momento una luz muy fuerte encegueció a todos los que estaban en el lugar. Solo permaneció por unos segundos y aquellos hombres fueron literalmente enceguecidos. Cuando aquella luz desapareció, los hombres gritaron y corrieron despavoridos diciendo: -¡gigantes, gigantes!- Y se tropezaban porque caminaban sin poder ver por dónde iban. Él corrió y levantó entre sus brazos a Ana, que se encontraba en el piso. Estaban pasmados, no entendían lo que había pasado, pero sea lo que sea, los había salvado de aquellos maleantes. Subieron a su carreta y fueron a casa. Estuvieron casados por un poco más de cincuenta años. Cuando murió Ana, él quedó muy triste. No tuvieron hijos, porque la mujerera estéril. Así que había guardado el anillo de su esposa por más de un año y después murió. Él nunca había pensado siquiera en venderlo. Pero cuando su hermano se quedó con todo el negocio. Siguió con la joyería y la puso a la venta. – suspiró al recordar aquella historia. -¡Es hermoso! No podía entender porque nadie lo quería, pero ahora lo sé, no era para cualquiera. Ha estado guardado por todos estos años para la persona destinada a ser su portadora.- exclamó mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, estaba muy emocionada. Y continuó:
-Este anillo guarda una historia de amor extraordinaria. Se amaban demasiado por lo que pude conocer. No sé en realidad porque te he contado todo esto. Bueno, en realidad sí lo sé. Es por que fuiste el único después de tantos años en escogerlo.-
-Guau, no sé ni que decir. Pero es que en cuanto lo vi, fue inmediato, no lo dudé, ese es el que quiero para Becca- dijo nuevamente y más convencido que nunca.
Ella seguía muy conmovida, y en cuanto éste le quiso pagar, no lo aceptó.
-Por favor, acepte el dinero.- le pidió el.
-No, no puedo. Es que, ese anillo jamás había estado a la venta. Seguramente así lo deseaba él. Tú lo encontraste, te pertenece. Bueno, a esa muchacha.- dijo ella sin dejar de llorar.
El muchacho no supo como proceder, pero claro que lo aceptó. Su corazón estallaba de felicidad, una felicidad indescriptible.
-¡Muchas gracias!- Exclamó el muchacho desbordando de alegría.
-No, gracias a ti. El anillo te ha estado esperando y aquí estás al fin. Me da gusto que así haya sido y aunque no te conozco sé que amas demasiado a esa muchacha. Se nota… y si alguna vez llegaras a necesitar algo, puedes contar conmigo, no dudes en venir.- dijo ella con una inmensa sonrisa dibujada en su rostro.
-¡Gracias, lo tendré en cuenta! Este día ha sido genial, después de todo lo que hemos pasado. No veo las horas de proponérselo.- Dijo con lágrimas que corrían por su mejillas.
La mujer le sonrió y se despidieron. Él salió casi corriendo de aquel lugar. Subió al coche y condujo de regreso a casa.
Las lágrimas no dejaban de brotar de sus negros ojos, eran producto de la plena felicidad que sentía. Todo aquello que había vivido hacía tan solo unos minutos atrás, ya no podía esperar más, deseaba encontrarse con su amor. Estaba completamente decidido a estar por el resto de su vida solo con ella.
Mientras conducía a gran velocidad, la rueda derecha trasera se desprendió del vehículo de un salto y salió disparada en medio de la carretera. Alex perdió el control del mismo. Trató de frenarlo pero se desbarrancó por el peñasco junto al camino. Recibió un fuerte golpe en la cabeza y quedó inconsciente. Una familia que pasaba por el lugar vio el hecho, el padre de familia llamó urgente a emergencias e inmediatamente enviaron a la ambulancia, la policía y los bomberos. Alex...