En ese momento Becca comenzó a temblar, era muy extraño. La sensación que la invadía la asfixiaba. Deseaba que en ese mismo instante la tierra la tragase entera. Quería desaparecer de inmediato.
-¡Hola amigo!- Respondió Caleb sorprendido tanto como la muchacha.
-No me dijiste que vendrías, yo apenas salí esta mañana del hospital y me sentía tan bien que quise salir por un rato. Mi madre no me dejaba, ya sabes como es de exagerada.- dijo frotando sus cabellos con su mano.
-Si, pero debes cuidarte. No te invité porque pensé que estarías más tiempo internado por lo del golpe tan fuerte que recibiste.-
-Si, pero la verdad es que me siento de maravilla. Tuve que hablar con mi cuñado para que me dejaran salir pronto. No aguanté un minuto más en aquel lugar.- Contestó el muchacho.
Y después de haber dicho eso, se dirigió a Becca y dijo:
-¡Oh, lo siento! Soy Alex, amigo de este grandulón.- mientras le hacía algunas cosquillas a su amigo no podía dejar de sonreírle a la nerviosa muchacha.
El corazón de Becca latía a mil por horas, no podía ni siquiera hablar, los nervios la consumían por completo.
-Emm soy Becca.- logró pronunciar con la mirada esquiva.
Alex se quedó intrigado y mirándola como si por un momento la recordara.
-Sonará algo extraño, pero me pareces conocida.-dijo Alex aún buscándola entre sus recuerdos confusos.
-Si, ha llegado al pueblo hace unos meses, así que seguro la has visto, pues a convivido con nosotros.-irrumpió Caleb.
-Si, así es.- murmuró ella.
-Seguro que es eso. Y ¿a dónde van? ¿Puedo ir con ustedes? Es que vine solo y todo es tan diferente a como lo recuerdo.- dijo con un tono cargado de frustración.
Caleb no quería excluir a su amigo, además él la estaba pasando mal también. De modo que le dijo que no había ningún problema en que los acompañara.
Mientras que Becca no quería ni mirarlo a los ojos evitándo eso lo más que podía. Cuando llegaron a donde estaban los demás, se sentaron y continuaron la conversación. Todos sabían que Alex había perdido la memoria así es que no tocaron algunos temas, como ser el de Becca, claro está. Ni siquiera Sabrina, que le gusta hablar de más.
Gustavo llevaba su guitarra, así que tocaron y cantaron alrededor de una pequeña fogata que habían preparado, ya que la tarde estaba algo fresca.
-Ya es tarde, me tengo que ir.- dijo Becca mientras se levantaba y sacudía de su vestido las partículas de césped y tierra que se habían adherido al mismo.
Se despidió de todos los presentes con un gesto con las manos.
-Esta bien amiga, nos vemos pronto.-dijo Rosa preocupada por su amiga.
Caleb también se despidió de todos levantándose para ir detrás de la muchacha.
Alex se dirigió a Caleb y le pidió que se vieran al día siguiente ya que tenía que preguntarle algunas cosas, a lo que éste asintió.
Caleb se apresuró a alcanzar a la muchacha y colocó sobre los pequeños hombros de ésta su suéter ya que hacía un pico de frío.
Ella volteó a mirarlo y susurró:
-Gracias.-
De camino a casa, Becca no dijo nada. Caleb no quiso preguntarle nada tampoco, pues no quería incomodarla, ni mucho menos.
Al llegar a casa, ella se despidió muy agradecida por la tarde que habían compartido y lo último que le dijo fue, que por ningún motivo le dijera a Alex quién había sido en verdad ella para él.
-Si así lo quieres, así será. Pero tarde o temprano lo sabrá.- dijo aquel.
Becca estaba muy cansada así que directamente fue a su habitación. Pensaba en lo que había pasado durante la tarde, en el lugar más hermoso que había conocido y no pudo eludir el hecho de que había visto a Alex y lo que eso le provocó. Claro que aún lo amaba y le dolía lo que había sucedido, pero estaba decidida a vivir y a no quedarse solo con el pasado.
….
“Se encontraba en aquel lugar maravilloso que había conocido gracias a Caleb, pero esta vez estaba rodeada por cientos de flores de todos los colores y perfumes. El césped era más verde de lo normal, todo allí era de unos colores más intensos. Era como si la naturaleza tuviera vida propia. Todo parecía tener movimiento, lo cual es algo difícil de explicar. Becca vestía un vestido tan blanco que irradiaba luz. Se sentó sobre el césped y desde allí lo contempló todo. El cielo parecía susurrar y todo allí era hermosamente fantástico. A lo lejos, logró observar la silueta de un hombre, que estaba rodeado por un brillo, así como el de las estrellas que se ven desde la tierra. La muchacha no podía evitar querer acercarse, era como un imán que la atraía hasta aquel varón. Allí había una paz absoluta. Nada importaba, solo permanecer allí con aquel al que no conocía y al que tampoco podía ver el rostro con claridad, pero anhelaba más que a nada estar junto a Él. Éste, fue acercándose hasta donde ella se encontraba y a medida que lo hacía, su rostro se iba aclarando cada vez un poco más pero por más que ella se esforzaba por desentrañar de quien se trataba, no podía. Quedaban tan solo unos metros de distancia entre los dos, cuando ésta extendió su brazo para tocarlo, pero allí mismo despertó”.
Cuando logró incorporarse, pensó en lo hermoso que había sido aquel sueño, pero también lo más extraño que había vivido.
Quería dormirse para volver a soñar, pensaba que así podía descubrir de quién se trataba, pero fue inútil.
A la mañana siguiente, despertó muy feliz y llena de paz. No volvió a soñar con aquel lugar ni el hombre misterioso, pero la paz que sentía era maravillosa.
Ayudó a su abuela con los quehaceres. Limpió y ordenó (era algo no le agradaba demasiado). También hizo algunas modificaciones en su habitación y se dispuso a deshacerse de todo lo que no servía y ya no utilizaba.
Cuando quiso tomar una de las cajas que se encontraban arriba del armario, cayó una pequeña cajita y cuando la levantó recordó que era el regalo que le había entregado Caleb aquel día del cumpleaños doble, el cual no había tenido tiempo de abrir, por todas las cosas que habían pasado. Así que en ese mismo momento lo abrió. Era una hermosa cadena de oro, con un dije en forma de una bailarina, el cual tenía un grabado hermoso que decía “Becca”. La muchacha quedó encantada con el regalo, él sabía que ella amaba la danza. Nunca le habían hecho un regalo como ese. Se sintió tan mal por no haberlo abierto antes, por lo que allí mismo, frente del espejo se dispuso a colocárselo. Le quedaba muy hermoso y sus ojos brillaban mientras algunas lágrimas tímidas se asomaban al exterior.