-¿Cómo te fue ayer? Preguntó curiosa Eloisa.
-¿A qué no te lo imaginas…?- dijo dejándola en suspenso.
-¿Qué cariño? ¡Dime! No me dejes con la intriga.- exclamó la anciana ansiosa.
-¡Alex me declaró su amor y me pidió que fuera su novia!- gritó feliz.
-Oh… ¿no te parece que es muy pronto hija? Digo, pues no se conocen lo suficiente aun.-
-Sé que no es fácil de entender, pero es como si nos conociéramos desde siempre. No puedo explicarte lo que siento…-
-Si tu estas bien y te hace feliz, no tengo por qué oponerme. Quiero que seas plena.- dijo mientras la abrazaba muy contenta.
Después del desayuno, Becca se alistó para salir de compras. Necesitaba algunos artículos personales como el protector solar que no podía faltar, ya que el sol de la zona se sentía demasiado fuerte.
Salió en la camioneta para ir al pueblo a buscar lo que necesitaba, ya que Eloisa la dejó a su disposición para cuando la necesitara, siempre y cuando la cuidara muy bien.
Mientras buscaba el protector solar acorde a su tipo de piel, en la misma sección de protectores solares se encontró con Caleb.
-¡Hola!- saludó Becca cordialmente.
-¡Hola!- respondió el muchacho y seguidamente preguntó: -¿Vas a asistir a ver la película mañana por la noche? Claro que puede venir también Alex. -
Ella se quedó mirándolo un tanto extrañada y preguntándose cómo es que lo sabía.
Caleb, al percatarse de la expresión en sus ojos, dijo:
-¡Oh!, No te preocupes aquí todo se sabe, ¿no has oído decir “Pueblo chico… -
-Si, es cierto.- Lanzó una pequeña risa y agregó. -Se lo propondré.
-Bueno, tengo que irme. ¡Que estés bien! Los esperamos.- Se despidió apresurado.
-¡Adiós!- respondió ella levantando la mano.
¿Qué fue eso? Las palabras realmente parecían no sólo por amabilidad, eran como si fuesen dos desconocidos que se encontraron por casualidad, en donde uno le pregunta la hora al otro y nada más que eso. Y aunque aquella situación la extrañó, de todos modos no le dio demasiada importancia y siguió con lo suyo.
Mientras esperaba en la caja pensaba en Alex, la ansiedad no le daba tregua, pronto lo quería ver.
Allí mismo recibió un mensaje en su celular, (el cual no lo usaba mucho, dado que en casa de Eloisa la señal era pésima) que le devolvió la tranquilidad, pues se trataba de Alex quien le comunicó que esa misma noche la llevaría a cenar al “Bar Moon”. Ella inmediatamente respondió :
"Claro que sí. Te amo". Con una sonrisa llena de satisfacción en su rostro.
....
Pasó toda aquella tarde probándose ropa, y tratando de decidir que le quedaba mejor para estar a la altura de la ocasión. La habitación era un desastre y al final no sabía qué ponerse. Eloisa, que escuchaba los lamentos de la pobre chica, se dirigió a su placar y tomo un vestido n***o que tenia guardado desde hace muchos años. El vestido de su primera cita con Román, su difunto esposo. La noche de su primera cita, fue la noche más hermosa que jamás olvidará ya que el amor la atrapó para toda la vida. Hasta ese día su amor por su esposo seguía intacto en su corazón, como una vela que aunque ya le queda poco, su llama flamea sin importarle lo que le quede de cera, llama vivaz como desde el momento en que fue encendida.
Allí se encontraba parada bajo al marco de la puerta, con ese hermoso y brillosos vestido n***o que se extendía sobre sus brazos, el cual permanecía a pesar de los años, impecable.
Con los ojos vidriosos, se lo ofreció a su amada nieta. Becca saltó de alegría, ese vestido siempre le había encantado. Se lo había probado de niña, jugando a ser una mujer.
“Perfecto”, esa era la palabra ideal para describir cómo le quedaba. Como si hubiera sido hecho a su medida por manos de sastres angélicos.
La muchacha estaba tan hermosa, llevaba un recogido desordenado pero elegante y unos aretes de perla, que su madre le había regalado en su cumpleaños número dieciséis.
El timbre se oyó y al mismo tiempo el corazón de Becca vibró de emoción. Había llegado quien era su enamorado tan deseado, el que la hacía reír, pero por sobre todo amar.
Esperando en la sala se encontraba algo nervioso, como si nunca hubiera hecho algo como eso, (el ir a buscar a una chica para llevarla a cenar). Pues si, era su primera vez. Los nervios lo atormentaban pero en cuanto vio que ella bajaba, tan bella, tan delicada, sus ojos solo podían ver a su amor, quien lo cautivo tan solo con una mirada y unido a ella estaba. Parecía que no existía nada que pudiera destruir el sentimiento que guardaban y compartían ambos.
Con los ojos llenos de admiración y un beso le dijo:
-¡Hermosa como toda una diosa!-
Ella se sonrojó y con una sonrisa tímida respondió:
-Alex, tú también estás más que hermoso.-
Camino al restaurante, él no podía dejar de decir lo afortunado que era por tenerla a su lado. Estos sentimientos y emociones jamás los había sentido nunca antes por nadie.
-Tú eres el primer amor de mi vida.- Dijo orgulloso.
-¿Y será qué también seré el único amor de tu vida?- preguntó con picardía la muchacha.
-¡Sí! ¡Claro que sí!- exclamó.
Ya dentro del lugar, se ubicaron en la mejor de las mesas , pues Alex la había reservado con anterioridad y quería que fuese una noche inolvidable para su novia. Tenía vista a las colinas con una luna llena que los iluminaba y parecía más grande que de costumbre.
El lugar era asombroso, muy romántico. Con velas por doquier y la iluminación artificial no era prioridad, era como estar en épocas de caballeros y doncellas.
Allí estaban los dos enamorados, como si nadie más existiera a su alrededor. El rostro de Becca a la luz de las velas irradiaba alegría infinita, brillaba cada segundo que pasaba a su lado más y más. Durante toda la cena no dejaban de reír, como ya saben él siempre muy gracioso y divertido, provocando sonrisas y risas a su enamorada, y nunca dejando que el aburrimiento se apodere de ella.
Desnudaron sus corazones el uno al otro, hablando de sus vidas y familias. Los padres de Alex estan divorciados desde hace más de diez años y vive solo con su madre, ella lo es todo para él, siempre estuvo a su lado. En muy pocas ocasiones visitaba a su padre quién vive en otra ciudad. Su hermana Maritza mayor que él también se encuentra en el pueblo y lleva más de cinco años casada con Juan, que es médico y tienen una pequeña hija de cuatro años llamada Celeste. Alex había sufrido mucho la separación de sus padres pero no lo demostraba, parecía que lo había superado, sacando siempre lo mejor de dicha situación y de cualquier otra, que para cualquiera fuera doloroso o triste, él le encontraba el lado bueno de las cosas. Es el tipo de persona que a todo le ve algo que salvar sin importar la gravedad del asunto.
Becca solo lo escuchaba, era algo que le encantaba hacer, pero él quería escucharla también así que le dio la palabra aduciendo que ya había hablado demasiado y ahora era su turno. Ella un poco incómoda, ya que no quería tocar ciertos temas, le contó sólo acerca de su padre y que éste había fallecido, y cómo su madre se había vuelto a casar. Además le dijo que tenía una hermana, pero no quiso entrar en muchos detalles. Entre otras cosas menos relevantes.
De pronto surgió la pregunta que Becca no quería responder y aunque había rogado al cielo para que no se la hiciera, de todos modos sucedió:
-¿Cómo es que llegaste hasta aquí? y me encontraste, claro.- sonrió con picardía.
-Emm… emm..- balbuceó la joven nerviosa e inquieta. -Quería cambiar de aires, ya estaba aburrida. Nada más.- concluyó.
Alex, con la sonrisa radiante que dejaba al descubierto esos dientes tan blancos como la nieve, le dijo:
-No importa como haya sido que llegaste hasta este lugar, aquí estamos y nos encontramos. No fue una casualidad, ya que no creo en ella, pero ese día mi corazón sentía que algo maravilloso iba a pasar. No se como explicarlo pero es así, y fue así que me crucé aquel mismo día con la mujer de mis sueños, por la que hoy estoy loco de alegría. ¡Te amo!-
Becca no podía continuar respirando ya que era tan fuerte su agitación que no podía oír con claridad lo que Alex le estaba diciendo, y el sonido de su corazón ,ni hablar, era como estar en un concierto de percusión. A los pocos segundos logró decir:
-También te amo y apareciste para cambiar mi vida sin duda alguna.-
Caminaron debajo del cielo estrellado. Aquella luna cómplice de su amor, desde arriba los contemplaba con total admiración.
Pasaron por el lago y se detuvieron allí por un momento. Alex quería hacer un pacto de amor con su amada, así es que tomó un brazalete que traía en su bolsillo, el cual era muy importante para él, ya que se lo había regalado su padre cuando era solo un niño. Ella por su parte tomó los aretes que su madre le había obsequiado y juntos cavaron un pequeño pozo a la orilla del árbol más hermoso, grande y antiguo que habitaba en el lago. Envueltos en un pañuelo, los enterraron aquella noche declarando su amor el uno al otro, prometieron que sería verdadero y para siempre. Allí dejaron establecido y confirmado su amor, el cual fue sellado con un beso con profunda e infinita pasión.
En la puerta de su casa, Becca recordó la invitación que le había hecho Caleb por la mañana, así es que lo invitó y aunque al principio él parecía algo indeciso en su respuesta, finalmente aceptó.
Se despidieron deseando volver a verse, pues no querían separarse ua que no podían estar, el uno sin el otro.
Feliz, feliz, feliz, era la canción que cantaba su corazón, ya nada podía opacar su felicidad, ningún recuerdo, nada. ¿Qué más podía pedir? Era feliz. Y su amor crecía a paso acelerado minuto a minuto. ¿Será que todo lo que está viviendo es real?