Capítulo 6: El señor frívolo, tal vez no es tan frívolo.
—Señor Moon —dijo el chico mirando a Edward casi con temor—, un placer conocerlo.
Edward lo miró fijamente de esa manera que hacía que te sintieras completamente intimidado.
—¿Qué hablaban? —respondió Edward.
Casi vi al chico tragar saliva pesadamente, se notaba incomodo o tal vez atemorizado por Edward, es que no lo culpaba, Edward era más alto, además de que su actitud seria y misteriosa le daba ese aire atemorizante o tal vez...
¿Sabía algo de Edward que yo desconocía?
—Me estaba invitando a una fiesta que tendrán esta noche. —le expliqué a Edward al ver que el chico se había quedado sin palabras.
—Ah, eso suena bien. —dijo el señor frívolo.
El chico sonrió incomodo dando pasos hacia atrás como si quisiera desaparecerse de ahí.
—Vamos Chuck. —dijo el chico y ni siquiera nos miró cuando agregó: — Nos vemos entonces.
Se fue con el perro tan rápido que tuve que voltear a mirar a Edward a ver si también le pareció extraña su reacción, pero Edward parecía más frívolo de lo usual, solo lo veía fijamente con los ojos entrecerrados hasta que el chico se fue, su quijada apretada y su ceño fruncido.
¿Acaso estaba celoso?
¿Por mí?
—¿Vamos a la casa? —preguntó Edward o más bien me demandó porque ni siquiera me miró o me dio opción de responder, solo me tomó de la muñeca comenzando a caminar conmigo.
Él no hablaba, parecía molesto.
Llegamos a la casa y me solté cuando llegamos a la sala, él caminó hasta la nevera sirviéndose un vaso de agua y azotando la nevera como si quisiera enfatizar que estaba enfadado.
Uhm.
No sabía exactamente cómo reaccionar, así que me acerqué a la encimera y apoyé mis codos del mesón mirándolo con algo de curiosidad. Lo peor de no conocer a mi pareja de estos 28 días era que ni siquiera sabía si le importaba lo suficiente como para que estuviera celoso de mí.
—Oye —comencé a decir— ¿Estás molesto?
—Claro —se volteó hacia mí fijando sus ojos azules como dardos en mí, sin ocultar su ceño fruncido y su quijada apretada—, no haces lo que viniste a hacer.
¿Qué?
Intenté no ofenderme y solo solté un bufido burlón mirándolo con incredulidad.
—¿Que no hago lo que vine a hacer? —repetí incrédula— Pero si estábamos en la playa y solamente me levanté a jugar con un perro.
Él dejó el vaso con el que bebió agua en el lavaplatos y comenzó a caminar lejos de mí hacia las escaleras, pero no iba a dejar que me reclamara y simplemente se fuera, así que me interpuse en su camino, él se detuvo, no parecía esperarse que le iba a hacer frente, nuevamente el estar tan cerca de él me produjo esa rara sensación en el pecho por su cercanía, este hombre podía remover todo dentro de mí con tan solo mirarme.
—¿Qué es lo que te molesta? —dije—, porque solo estaba jugando con un perro.
Él mantuvo esa mirada en mí, típica del señor Edward —frívolo— Moon.
—Yo te vi hablando con otro hombre. —refutó.
¿Entonces sí era eso? ¿Celos? Por Dios, ni siquiera nuestra conversación duró más de 3 minutos.
—Yo te vi echándole bloqueador en la espalda a una mujer. —repliqué, no iba a mentir, eso si me pareció indignante, porque la estaba tocando frente a mí.
Él pareció indiferente.
—Lo que yo haga no tiene nada que ver —refutó—, se supone que eres mi pareja. Mia. No puedes coquetear con otras personas.
Me parecía completamente fuera de lugar lo que me decía, ¿él si podía hacerlo, pero yo no? ¿El respeto eran para mí nada más?
No me iba el machismo.
Las reglas de pareja eran para los dos, no solo para mí.
—Si vamos a comenzar a actuar como una pareja —repliqué—, entonces debes respetarme la cara.
Edward no parecía esperarse que siguiera la discusión con él, de seguro estaba acostumbrado a que todos sus empleados se callaran la boca dándole la razón, yo no me consideraba su empleada, era un trato, uno donde ambos saldríamos beneficiados de alguna manera, él con mi compañía y yo con el dinero.
Nos consideraba una especie de socios.
—¿Respetarte la cara? —repitió mis palabras pareciendo confundido.
Me llené de valentía mirándolo fijamente a sus ojos azules, casi lo vi un poco sorprendido por mi arrebato de seguridad, pero yo nunca fui tímida. Toqué su pecho con mi dedo índice al decirle:
—No quiero que toques a otra mujer, ni las mires, ni las pienses —me acerqué más a él pegando mi pecho al suyo y envolví mis brazos alrededor de su cuello de modo que no habia espacio que nos separara—, este mes solo soy yo, ¿entiendes? Solo tendrás ojos para mí.
Él quería que fuera cariñosa y actuara como una completa loca enamorada, así que tenía todo el derecho a decirle lo que quería.
No mentía cuando le decía que quería que solo tuviera ojos para mí, a menos lo que durara nuestro tiempo juntos.
Él seguía pasmado, como si estuviera hipnotizado ante mí, así que aproveché el momento y me acerqué dándole un beso en la mejilla que se convirtieron en besos repetitivos por todo su rostro y deslicé mis labios por su cuello lentamente sintiéndolo estremecerse, lo escuché ahogar un gemido al mismo tiempo que sus manos se aferraron a mi cintura, pegándome más a él calentandome mas rapido que un microondas, sentia que estaba en llamas, pude sentir lo duro que esta debajo del pantalón, y comencé a mover las caderas únicamente para incitarlo, la poca tela que nos vestía se sentía como todo un estorbo cuando sus manos bajaron hasta mi trasero apretándome con él y entonces…