Le dije, quería decirle más cosas, pero preferí ser lo más simple, tomó la linterna, la dejó encendida, observó el regalo. —Hace tiempo lo compré y no había encontrado el momento oportuno para dártelo. Te pertenece, al fin y al cabo, es tuyo. —Gracias. —Se me formó un nudo en la garganta—. ¿Por qué un sol? —No sabía en ese tiempo que te gustaba tanto la naturaleza. Nos miramos, la tenue luz otorgada por la linterna fue suficiente para dar un ambiente nostálgico… Nos estábamos despidiendo. » Lo compré por otras razones. —¡Cuáles! —hacía frío. —Me pediste no hablar de sentimientos y de palabras de las cuales pesarán al recogerlas. —pasé saliva en seco, trataba de luchar para no llorar. —¿Por qué me compraste un sol, Yelena? —negué, intenté decir algo, pero no pude—. Dime por qué par

