Reacciona Yelena, no demuestres nada, fría como la Antártida. —¿Yelena? —preguntó ella al mirarme. —Hola, Abigaíl. —Lo tomé de la mano y nos acercamos a ellos. Andy aún abrazaba a Sharon, ella fingía una sonrisa. ¿Por qué se comporta así?— Te presento a mi novio. —Abigaíl extendió la mano de manera seductora y Larry arrugó su rostro de forma repulsiva, no pudo evitarlo. Mientras tanto, Jerónimo no apartaba su mirada de mi cuerpo. Se acercó y me susurró al oído. —Quítate ese vestido, por favor. —Se alejó sonriendo, y Larry me atrajo hacia él. —Que coincidencia verlos. —No comprendía las emisiones de mi cuerpo, las mariposas salían y se escondían al mismo tiempo. —Negocios —respondió la mujer que lo acompañaba con rabia. —Permiso —comentó mi vecino. Inclinó la cabeza ante Sharon—. Como

