Me acosté en la cama, reviví el desaire de ayer. Sharon habló por teléfono, luego se sentó a mi lado. —¿Qué pasó, Yele? —acarició mi cabello—. Larry no se explica lo que te hizo. —Cuando llegamos al aeropuerto le solté la mano, hasta ahí era nuestro trato. Él volvió a tomarla y en el trayecto a la casa nos desviamos a un lugar oscuro e intentó decir algo… Se le enredaron las palabras y yo como una tonta lo malinterpreté, comencé a besarlo y en menos de nada nos desvestíamos en la parte trasera de su auto… —Siempre te ha parecido horrible ese tipo de comportamientos. —Ayer no me importó, había dado por sentado el que sería su novia. —Me secaba las lágrimas, las cuales no dejaban de salir. —Amiga… —Subí al cielo, Sharon. Me trepé en lo más alto, para luego caer al vacío. Al llegar a la

