Llegué hasta el grupo, la última canción yo la interpretaría. Una letra hecha para él, que me llenó de ternura y me convida a huir, le canté diciéndole que tiene alma de ladrón, ojos de gitano… Era el dueño de mi amor… posee piel de vividor… y no me importa porque lo amo. No sé qué fue más emocionante, si el rostro de Jerónimo o la felicidad de mis amigos. Por primera vez sentí miedo de tanta dicha, la abuela sonreía desde la ventana, su mirada era diferente, la conozco bien, algo la entristece, mi novio volvió a abrazarme cuando terminé de cantar. —No me arrepiento de haberte escogido. —Le sonreí—¿Así qué soy un gitano y un vividor? —Más o menos —mordí mis labios. —¿Te encuentras bien?, no quisiera aprovecharme. —Estoy perfecta, nada más un poco mareada —me acerqué a su oreja—. Deseo

