No creía poder engañar a la abuela. Al regresar dejó la bebida en el tocador y se retiró, salí apenas ella cerró la puerta del cuarto. Tomé la bebida e intentaré dormir, sentía el pecho más pequeño, cuál semilla de mostaza. —Era una tonta, ¿por qué me enamoré de un ser como él? — El celular sonó, era Sharon. —Hola. —¿Te fue mal en el paseo? —noté el pesar en su voz. —¿Cómo sabes lo de la salida? —Te fui a visitar y la abuela me puso al tanto con lo de Jerónimo. —hablaba con mucho cuidado. —Fue maravilloso, sin embargo, entre más tiempo paso con él, más difícil es aceptar que jamás se fijará del modo en que lo deseo. —Yele… —detestaba esa voz, no quería despertar su lástima. —¿No debí enamorarme de él? —Qué tonta pregunta. —Tal vez aún no sepas el porqué de las cosas, muy seguro el

