Ahora, ¿qué voy a hacer? Decidí meterme en la cama, el cansancio de la noche me venció en cuestión de segundos. La abuela fue quien me despertó a las carreras. —Yelena despiértate, se te hará tarde. —Fue tener un grado de conciencia para salir disparada al baño—. El desayuno te lo dejaré en el comedor hija. Yo bajo las maletas. —¡Gracias! El baño fue veloz, cepillé mis dientes, agarré el cabello en una cola alta. Cuando salí de mi habitación miré el reloj, iban a ser las siete de la mañana. —¿Cuál era la prisa? —La escuché reírse en la cocina. Al llegar me tendió un plato de frutas—. ¿Vas a llevarme al aeropuerto? —Por supuesto. —Se sentó a un lado—. Hija, ¿Ya te has leído alguna página del libro? —pillada. —Nada más la primera hoja. —Con su mirada me di cuenta de que la había decepc

