¡Qué noche! Literalmente podría escribir un libro o más bien una comedia barata. Y seamos sinceros… probablemente nadie lo compraría.
— ¿Osita? ¿En serio? —murmura Jake mientras subíamos las escaleras.
Bufé, sin mirarlo. — Ni me lo recuerdes.
Llegamos a la puerta de la habitación en que nos quedaremos, abro despacio, exagerando cada movimiento, como si estuviera a punto de revelar algo.
— Ta-dá —digo, girándome hacia él con una sonrisa amplia y ridículamente falsa.
— ¿Es en serio? —responde, arqueando una ceja mientras cruza los brazos.
La habitación es amplia, las paredes son de un color en un beige suave, cortinas de terciopelo gris, una cama king size cubierta con un edredón blanco, una mesita de noche de cada lado de la cama con unas lámparas, un sillón de color beige claro, un armario de madera oscura ocupa un rincon, unas puertas corredizas de cristal, Estas se abren hacia un balcón con vista al jardín.
Jake pasa a mi lado, evaluando el lugar.
— Bueno, no está mal. Aunque debo decir que esperaba algo más...no sé… ¿romántico? Velas, pétalos de rosa, tal vez un violinista escondido en el armario.
—Jaja… qué chistoso —respondo, tomando una almohada del sillón y lanzándosela directamente al pecho.
Jake atrapa la almohada con una facilidad.
—Tienes buena puntería —dice, acercándose con la almohada en la mano—, pero yo también.
—Ni se te ocurra—digo, alzando las manos como si eso fuera a protegerme. Empiezo a retroceder, pero el muy maldito es rápido.
Con un movimiento, lanza la almohada directo a mi cara. Consigo esquivarla, pero pierdo el equilibrio, cierro los ojos por instinto, pero antes de caer al suelo, siento sus manos enredarse en mi cintura. Abro los ojos lentamente.
—Te tengo, escucho que dice.
Mis manos se apoyan instintivamente en su pecho.
—Gra… Gracias—digo
Él mira mis labios, sonríe.
—Creo que ya puedes soltarme —murmuró.
¿Y si no quiero? —responde, inclinándose un poco hacia mí, lo suficiente como para sentir su aliento.
Mi corazón late tan rápido y fuerte que estoy casi segura de que él también puede oírlo. Carraspeo, apartando la mirada como si hubiera algo extremadamente interesante en las cortinas.
—Pues entonces será incómodo para ambos —digo, intentando sonar sarcástica, pero mi tono parece más… nervioso.
Jake suelta una risa breve, pero no se mueve ni un centímetro. —No pareces tan incómoda.
Y tiene razón, porque mi cerebro parece haberse desconectado por completo. Mi única reacción lógica en este momento sería apartarme, pero mis pies se niegan a cooperar.
—Jake… —murmuro.
Él arquea una ceja, pero antes de que pueda decir algo más, sus manos finalmente se retiran de mi cintura.
—Relájate, julieta. Solo estaba asegurándome de que no termines en el suelo. Otra vez.
Mi boca se curva en una sonrisa involuntaria.
—¿Te da risa, eh? —le digo, sin poder ocultar del todo mi sonrisa.
Jake se deja caer en el sillón, observándome con esa sonrisa que me pone los nervios de punta. Se inclina hacia atrás, apoyando las manos detrás de su cabeza.
—Así que… ¿qué hacemos ahora? ¿Alguna actividad emocionante? mi Julieta.
Humm… dejame pensar… digo mientras me dirijo al balcón, al salir puedo ver el cielo lleno de estrellas.
—¿Y? —murmura en mi oído, con voz baja
Caray, ¿en qué momento llegó hasta mí?
—Jake… —empiezo, pero me interrumpe.
—Vamos mi Julieta, No seas aguafiestas.
Me giro lentamente, sólo para encontrarlo a unos centímetros de mi rostro.
Aguafiesta ¿yo?, me ofendes, digo con fingida indignación.
Se acerca mas a mi, y coloca un mechón de mi pelo detrás de la oreja.
— ¿Por que me miras asi?, pregunto mirándolo fijamente.
—Porque me intrigas —responde, su voz baja, casi un susurro.
—¿Te intrigo? —repito, intentando sonar casual, aunque mi tono suena más nervioso que otra cosa.
Jake asiente, su mirada intensa fija en la mía.
—Eres fuerte, pero vulnerable. Dices que no te importa nada, pero tu mirada dice lo contrario. Te sonrojas por todo y eso mi Julieta me fascina.
El calor sube por mi rostro, y desvío la mirada.
—¿Siempre eres así de... directo? —pregunto.
—Cuando algo me importa, sí.
Mi mente queda en blanco ante su respuesta. Levantó la mirada, me mira con una intensidad, ¡Dios! Me siento expuesta, su mirada es como si pudiera leer cada uno de mis pensamientos.. como si pudiera ver hasta el lugar mas recondito de mi alma.
— Me gustas… como no tienes idea.
El mundo parece detenerse. Cierro los ojos por un instante ¿acaso escuche lo que creo que escuche? eso seria imposible ¿no?... digo… Nos conocimos hace poco.
¡Ay Dios!
Mi corazón late como loco, siento que saldra de mi pecho en cualquier momento, late tan fuerte que estoy segura de que él puede escucharlo.
Definitivamente eso no es normal… Creo que me va a dar un infarto.
—Jake... yo... —empiezo, pero las palabras se me quedan atoradas en la garganta.
Él se inclina hacia mí y roza mi nariz con la suya.
— ¡Suuuu! No tienes que decir nada —murmura, con sus ojos fijos en los míos.
Mi respiración está fuera de control. Jake está tan cerca que siento su aliento cálido contra mi piel.
—Jake, esto… —intento decir algo, cualquier cosa, pero es imposible.
Su mano se desliza hasta mi mejilla, su pulgar rozando mi piel con una ternura que me deja sin aliento.
—Dime que me detenga y lo hare —dice, con voz ronca.
¿Qué está haciendo este hombre conmigo?
Podría decirle que se detenga, pero la verdad no tengo las fuerzas para hacerlo. Hasta podria intentar mentirle, pero mi cuerpo me delataria.
¿Cómo llegamos a esto? Hace apenas unas semanas, era solo un desconocido que aceptaba ser mi novio falso.
Desvio la mirada hacia el cielo, mi cuerpo tiembla y no se si es por el frío de la noche o por lo cerca que está.
—Esto no está bien —digo, aunque ni yo misma estoy convencida.
Me alejo un paso,necesito espacio, estar tan cerca de él nubla mi juicio.
—¿Por qué no? —pregunta.
Lo miro, buscando una respuesta lógica, pero no la encuentro. Y eso me asusta más que cualquier otra cosa.
—Porque… Porque no estoy lista… Porque me da miedo… Porque si doy este paso, no hay vuelta atrás.
Jake da un paso hacia mí, me quedo quieta, incapaz de moverme, de respirar siquiera. Su mirada baja a mis labios por un instante. Su mano se levanta, lentamente, hasta rozar mi mejilla. Es un toque ligero, apenas perceptible, pero hace que mi piel se encienda bajo su tacto.
—¿Puedo...? —pregunta.
— Asiento.
Se inclina hacia mí. Sus labios rozan los míos con tanta delicadeza que casi parece algo irreal. Es tierno, cálido, suave, mis dedos encuentran su camisa, y lo sostengo, porque siento que si no lo hago, puedo caerme.
El beso se profundiza, sus labios se mueven con los míos en una sincronía perfecta, como si hubiéramos hecho esto mil veces antes.
Sus manos bajan hasta mi cintura, y me acerca un poco más a él. Mi corazón late con fuerza, cuando finalmente se aparta, lo hace con lentitud, apenas un par de centímetros, dejando su frente apoyada en la mía. Ambos respiramos con dificultad, me siento como si hubiera corrido un maratón.
— ¿Qué estás haciendo conmigo?