Ni bien entramos a la habitación, Mateo empezó a besarme y yo… perdí todo autocontrol, todo atisbo de razón se esfumó y sólo podía pensar en lo mucho que me gustaba esto, que cuando Mateo me sujetó, alzándome un poco para acostarme sobre la cama, posándose sobre mí y volviendo a besarme de esa forma en que sólo él sabía hacerlo, porque sabía que nadie podría hacerme sentir de esta manera, tuve que cerrar fuertemente los ojos y reprimir las ganas de gritar como loca, porque esto se sentía tan alucinante que me sacaba fuera de mí, era como fuegos artificiales en una noche clara, como el ocaso en una tarde de playa, que su lengua en mi boca me hacía vibrar y sentir su cuerpo cálido sobre el mío, su fragancia, mis dedos en su cabello, su respiración agitada, todo esto se sentía tal como si no

