Capítulo XIX

4615 Words
Edmund cabalga a galope, las lágrimas salen sin remedio alguno, el viento en su rostro permite que las lágrimas en sus mejillas se sequen, pero eso sólo lo incita a derramar más, su pecho no ha dejado de arder y sus músculos no se han relajado. Alexandra coloca tinta en la pluma, Noah sonríe ampliamente, porque sabe lo que realmente dice aquel papel, aquel párrafo que el señor omitió, diciendo que una vez uniendo los reinos, la riqueza es de los dos, y nada ni nadie podrá separar aquella unión ni el derecho que Noah tendrá sobre las tierras y sobre la riqueza de los Deveraux. La princesa se inclina hacia el frente para poder firmar. Noah se acerca a su oído y susurra: –La unión de nuestros títulos por amor. “Títulos”. Alexandra repasó en su mente cada momento, cada mirada, hizo consciente todas las veces que vio al príncipe cortejar a otras damas, cómo las damas hablaban de él cuando ella estaba presente, pero en su momento lo decidió ignorar. Cómo el cortejo fue reciente, aunque siempre se mantuvo cerca, apenas un año que el príncipe se presentaba casi todos los días en el castillo, declarando el deseo por ella. “Sé que él está enamorado, lamento decirle que no es de usted”. Alexandra tragó en seco. “Le aseguro que en la menor provocación, él querrá tomar su trono”. ¿Qué era lo que el príncipe estaba haciendo en ese momento? Aquella pregunta resonaba en su cabeza al igual que las palabras de Edmund. Este era su momento de claridad, ella lo sabe. Se gira para mirar a Noah, él está impaciente, pues, sabe que los reyes no tardarán en llegar y su plan se verá comprometido. –¿Qué hace, princesa? Debe firmar. Fue como si le quitaran la tela de seda de sus ojos, sí veía lo que tenía frente a ella, pero se veía precioso, ahora lo ve como es, un hombre hambriento de poder, enamorado de un título, enamorado de la riqueza. Sin decir una palabra, soltó el bolígrafo, se levantó sintiendo un gran mareo, pero nada de eso le importó, Noah quiso tomarla del brazo pero no lo consiguió, ella corrió como nunca lo había hecho, por momentos no sentía el piso debajo de sus pies. Lo único que tenía en su mente era la imagen vívida del rostro de Edmund, sus palabras resonaban en su cabeza una y otra vez. Noah corre detrás de ella, pero es claro que él no tiene el conocimiento del castillo como Alexandra, lo que lo ha dejado en desventaja. Alexandra visualizó a Eric junto con Esmeralda, corrió hacia ellos sintiendo la presión del príncipe detrás de ella. –¡Eric! –Princesa, ¿qué ocurre? –¿Dónde está Edmund? –Se fue, princesa– respondió Esmeralda. Alexandra ahogó un suspiro, no sabía qué hacer. –¿Hace cuánto partió? –Hace unos minutos, puede que lo encuentre en el camino, ¿qué necesita? –¡Princesa!– se escuchó el grito del príncipe en el castillo. Alexandra miró con preocupación a Eric, él lo entendió. –Venga conmigo. Corrieron hacia el establo, Eric supo qué caballo tomar, se prepararon y la princesa subió. –Gracias. –Vaya. Asintió y salió galopando con rapidez, la adrenalina que sentía en ese momento jamás la había sentido, podía sentir su sangre correr por sus venas, el cielo anunciando una tormenta era exactamente la manera en la que se sentía. Edmund, ya estaba en la mitad del camino, más rápido no podría haber galopado, su único deseo era alejarse lo más posible de Aureum, pero al escuchar el cielo tronar, su mente trajo la imagen de Alexandra bajo esa noche estrellada y se detuvo. Llevó su mano a su frente, el sudor resbalando por su rostro mezclados con sus lágrimas, su visión borrosa, su corazón acelerado, todo su cuerpo temblaba, y lo único que veía eran aquellos ojos dorados. No pudo evitar dar la vuelta y regresar, regresar por su princesa, no le importaba si ella pisoteaba su orgullo y dignidad, él la quiere, la desea a su lado, no importa si sólo es para insultar, a él le gustaba que ella lo insultara, sólo con saber que ella tenía algo para decirle, era más que suficiente. De una manera paralela, los dos galopaban con fuerza y rapidez en la dirección del otro, pero no se habían visto, los dos estaban sintiendo el ardor en todo su cuerpo, como si estuvieran a punto de saltar al precipicio, pero no les importaba. El cielo hizo su entrada, las nubes hicieron su parte, las gotas de lluvia invadieron Aureum, lo que era el cielo azul, ahora era gris. Alexandra recordó el atajo que Edmund había dicho donde tomaban una curva que era exclusivamente para caballos, ahí no entraban carruajes debido a lo angosto del camino, y entre lágrimas y la lluvia, pudo ver con claridad la curva. La lluvia se intensificó, las lágrimas de Alexandra y de Edmund se disfrazaron y perdieron entre la lluvia, llegó un momento en el que no podían ver. Los dos escucharon al caballo del otro, pero no les importó pasar al lado de otro caballo, sin pensar que sería a quien querían ver. Pasaron uno al lado del otro con fuerza y velocidad. A metros, cada uno detuvo su caballo, con el pensamiento de haber visto la ilusión del otro, lo podían sentir en su ser, podrían estar equivocados, pero lo podían sentir. Alexandra respiraba con dificultad, Edmund bajó corriendo del caballo, la princesa saltó hacia el lodo y corrió hacia la curva. Los dos se vieron entre la lluvia, las dos siluetas queriendo ver al otro, conectaron sus ojos a lo lejos, supieron quiénes eran, comenzaron a correr hacia el otro, sus corazones podrían sentirse el uno al otro antes de tener algún contacto. En un abrir y cerrar de ojos, sus cuerpos impactaron, él la sujetó, ella pudo llorar en sus brazos. Alexandra lo abrazaba con fuerza, con sus brazos alrededor de los hombros de Edmund, sentía que su corazón volvió a latir, ella volvió a sentir, sentía el fuego interno incrementar, se sentía viva con sólo abrazarlo. Edmund, por su lado, tenía la sonrisa más grande que pudo diseñar en ese momento, con sus ojos cerrados y su rostro escondido en el cuello de la princesa, sonreía grandemente, la sujetaba con fuerza, con sus dos brazos alrededor de su cintura. Inclinó su cabeza para atrás, con la lluvia impactando en su rostro. “Así se siente estar vivo”, pensó con lágrimas corriendo por sus mejillas. Los sollozos de ambos y la lluvia eran lo único que escuchaban. Se separaron por centímetros para mirarse. Edmund la tomó, sujetó su rostro con delicadeza, no podía creer lo que estaba viendo, aquellos ojos dorados que lo miraban con emoción. –Edmund, yo- –No digas nada. Se acercó a ella, la miró por su aprobación, ella asintió lentamente mientras sentía que su corazón saldría de su pecho. Edmund entendió y contempló el momento, los dos ansiosos por saber cómo se sentirían, los dos sonrieron, y entre la lluvia sus labios se fundieron en un beso de amor. Alexandra se derritió allí mismo, el agua y ella eran uno mismo. Edmund sentía cómo su ser flotaba, cada toque que sentía era una brisa de aire fresco. Jamás se habían sentido tan vivos como en ese preciso momento. La manera en que sus labios encajaban perfectamente, era exquisito. Se miraron a los ojos. –Te amo, Alexandra. Alexandra ahogó un suspiro. Su respiración acelerada no le permitía hablar. Ella llevó su mano al rostro de Edmund, lleno de gotas, sus ojos grises y profundos la miraban intensamente, él sabía que era lo único que quería ver por el resto de su vida, y ella sabía que aquellos ojos grises eran lo que siempre estuvo esperando. Alexandra no pudo evitar soltar una lágrima por su ojo derecho. –Te amo, Edmund. Aquellas palabras eran suficientes para que Edmund también derramara una lágrima. Se mantuvieron en la misma posición por un par de minutos, hasta que decidieron volver, las sonrisas en sus rostros eran imborrables. Regresaron al castillo empapados, todos llegaron al cuidado de la princesa, Edmund fue tomado por guardias de acuerdo a la petición de Noah, avisando que Edmund quería abusar de la princesa. Los reyes estaban sumamente preocupados, no querían creer lo que mencionó Noah, sin embargo, al ver el estado de la princesa, no pudieron más que darle la razón. –¿Qué pretendía? ¿Acaso creyó que no sabríamos de sus planes? Me da asco, pobre francés– Noah lo miró despectivamente. –¡Suéltenlo!– Esmeralda llegó corriendo, el príncipe la detuvo. –¿Qué hace? No debe acercarse a un criminal. –No es un criminal, ¡suéltelo! Noah disfrutaba de aquella vista, una de las mujeres más hermosas que había visto, en sus brazos, pero aquella vista se retiró de inmediato cuando Eric llegó y alejó a Esmeralda del príncipe. –¿Por qué lo ha detenido? –Quiso perjudicar a la princesa. –¡No hice nada! –¡Tú cállate!– exclamó Noah con molestia. Edmund y Noah se miraron enfurecidos el uno con el otro, pero sólo uno tenía el poder en ese momento. –No puede detenerlo, príncipe– comentó Eric con un tono tranquilo, pero su semblante era de molestia. –¿Y usted quién es para darme órdenes?– rodó sus ojos con prepotencia y se giró hacia los guardias dándoles instrucciones. –¿¡Qué hace?!– Esmeralda saltó hacia su primo, impidiendo que se lo llevaran. –Está bien, Esme, no te preocupes, no podrán hacerme nada– Edmund murmuró con tranquilidad mientras veía al príncipe –. Ve con Eric, expliquen todo a los reyes, ellos sabrán que dicen la verdad. –¡Retírenlo! Los guardias se llevan a Edmund, Eric sujeta a Esme para evitar más problemas, Esme asiente repetidamente con su cabeza mientras mira a su primo, sabe lo que debe de hacer. En cuestión de segundos, baja el rey preguntándose qué había sucedido. –Su Majestad, he puesto orden, el joven Dubois ha intentado lastimar a la princesa. –¡No es cierto!– exclamó Esmeralda. Todos en el salón se giraron a verla, era inaudito que algún plebeyo levantara la voz frente a los reyes, pero a Esmeralda no le importó en absoluto, su primo estaba siendo falsamente acusado –. Su Majestad, tengo información acerca de una posible conspiración en contra del reino, le pido que nos reciba en una audiencia privada. El rey caminó hacia ella, nadie se movía, Noah no sabía de qué trataba pero seguro estaba nervioso. –¿Usted está involucrada en esa conspiración? –No, Majestad– levantó su mirada con lágrimas en sus ojos de la impotencia –, el joven Eric y yo tenemos información importante para su conocimiento, y sé que el detenimiento de mi primo es parte de ello, él no cometió nada, sólo pregunte a la princesa. Noah palideció ante la seguridad de Esmeralda, fue entonces que supo que la dicha conspiración podría ser la suya, pero no tenía sentido, él había sido precavido en todo, no podría decir nada porque no tenía evidencia contra él… ¿o sí? –Majestad, el detenimiento del joven Dubois ha sido por obvias razones. El rey se giró a verlo, con una sola mirada todos los presentes temieron. –Lleven al príncipe Chadburn al segundo salón, lleven al joven Dubois al tercer salón y dos guardias se quedan con él– todos obedecieron ante las órdenes del rey –. Ustedes vienen conmigo. Eric y Esmeralda asintieron ante las órdenes, al mismo tiempo, Alexandra se encontraba angustiada mientras las damas de la reina se apresuraban a cambiarla, quitarle cualquier ropa mojada para evitar un resfriado. –¿Dónde está padre? –Regresó al salón principal para saber lo que sucedió con el joven Dubois. –Debe decirle que no es responsable de nada– explicó Alexandra con preocupación –. Yo decidí ir por él, tomé el caballo, regresamos juntos, no hay nada de peligro en ello. –Hija, deben secar tu cabello. La reina no creía por completo lo que su hija relataba, no se le podía culpar, pues, después de querer comprometerse con el príncipe, esa situación resultaba muy extraña y fuera de sí, confiaba en que su esposo encontraría la verdad detrás de todo el caos. –Eric, yo confío en usted, ha sido un buen guardia y ha sabido proteger a mi Alexandra, por ello, le he concedido este tiempo, explique qué sucede y de qué conspiración usted y usted, señorita Dubois, están hablando. Esmeralda miró a Eric y asintió, cediendo el momento de hablar. –Tenemos la sospecha de que el príncipe Chadburn ha tenido un lugar en el proceso de muerte de la joven Amanda– empezó a relatar Eric sintiendo el dolor cubriendo su cuerpo, cuando le era difícil continuar con su relato, Esmeralda sujetaba su mano por debajo del escritorio, eso le era de ayuda. –Me han explicado lo suficiente, colocaron los momentos en el momento preciso, sin embargo, me veo en la obligación de cuestionar su evidencia, si yo decido creer, será algo basado en mi juicio, y eso cualquiera puede debatirlo. –Lo sabemos, Su Majestad, es por esa razón que decidimos buscar la pieza faltante, y la hemos encontrado– expresó Esmeralda sintiendo la presión en sus manos, tomó el libro que había encontrado y lo dejó sobre el escritorio, señaló las páginas y el rey se acercó a leer. Frunció su ceño conforme iba leyendo. Esmeralda y Eric se miraron, sabiendo perfectamente cuál era la reacción que ellos tuvieron en su momento. –Su Majestad, ese libro no pertenece a este reino, alguien lo ha escondido aquí, ciertamente como usted puede observar, el reino de Caeruleum ha caído, y la única salvación sería- –Casarse con mi hija. El rey miró a los dos jóvenes sin poder creer lo que estaba en sus manos, un libro con los datos del reino, el libro más importante que cada reino tiene, no había razón lógica que explicara qué hacía ese libro escondido en su castillo más que lo que explicaban Eric y Esmeralda. Caeruleum había caído, estaban a meses de declarar públicamente que estaba en la ruina y desaparecería para siempre, aquellas hojas estaban firmadas por el mismo Chadburn, y todo cobraba sentido en ese momento. El rey se dio cuenta por qué no confiaba en el casamiento, y ahora lo ve, Noah nunca amó a su hija, quería salvar su familia porque una vez desapareciendo Caeruleum, el pueblo pasaba a ser parte de Aureum, pero la familia Chadburn dejarían el título, no serían más que una familia conocida. –Traigan a Noah de inmediato– exclamó el rey a los guardias en la puerta. Esmeralda se estremeció al escucharlo, Eric tomó de su mano dándole un pequeño apretón, lo habían logrado. Fueron escoltados hacia el salón donde permanecía Edmund, una vez llegando, Esmeralda corrió a abrazar a su primo. –Lo hicieron– susurró Edmund abrazando a su prima y mirando a Eric. Una lágrima resbaló por la mejilla de Eric, después de semanas sin dormir y pensando en lo peor, una paz entró a su cuerpo, sabía que hizo lo mejor, estaba en paz con la partida de Amanda, estaba en paz con él mismo. La persona que no estaba en paz era Alexandra, la reina no la dejaba salir hasta que recibiera órdenes de su esposo, no quería exponer a su hija en un estado vulnerable ante situaciones que podrían acabar en tragedia. –¿Han detenido a Edmund? ¿Madre? –Hija, no sé lo que está sucediendo, no pienso salir para saber, será mejor que esperemos a que tu padre nos indique, deberías descansar. –No puedo descansar sabiendo que Edmund está allá fuera, y que el príncipe pensará en situaciones mal interpretadas. Las damas de la reina permanecían en silencio, sabían que cuando salieran de la pieza, sería de lo único que hablarían durante la noche, esas mujeres vivían para hablar de las situaciones del castillo. Eric llegó a la pieza de la princesa, la reina salió a hablar con él, por el semblante de Eric, la reina Susan pudo deducir alguna información. Él informó lo que el rey le mencionó, no más ni menos detalles, la reina asintió con pesadez, ella regresó a la pieza por Alexandra y salieron juntas hacia el salón principal junto con Eric. Alexandra y su madre llegaron al salón, allí se encontraban el rey y Noah. El príncipe se levantó de su asiento una vez entrando la princesa y la reina, se pudo tranquilizar por un momento sabiendo que la princesa estaría de su lado y nada de su plan se desmorona. –Hija, el príncipe Noah me ha expresado su deseo de casamiento, ¿cuál es tu deseo? Alexandra pasó la mirada de su padre a Noah, él sonrió, se encontraba confiado aún sin saber por qué razón ella regresó con el joven Dubois. –No, padre, yo no deseo casarme con el príncipe Chadburn. El corazón de Noah dejó de latir en ese momento, su sonrisa cayó, sintió su mundo desmoronarse, no podía creerlo. ¿Aquí se termina todo? –Princesa– quiso acercarse pero un guardia lo detuvo –, usted lleva el anillo que usó mi madre, y todas las generaciones de Caeruleum, usted aceptó mi propuesta, usted me ha dado su palabra– fingió ahogar un sollozo, aunque sí tenía deseos de llorar pero de molestia. Los reyes miraron a Alexandra con sorpresa y decepción. –¿Eso es verdad? –Sí…– Alexandra bajó la mirada a su mano, el anillo estaba en ella, pero no en su dedo anular, lo retiró cuando salió del castillo, pero lo guardó, aún así, en ese momento era el recordatorio de la mala decisión que tomó. El rey bajó la mirada con desaprobación, el que Alexandra haya dado su palabra era problema suficiente, pero se podía resolver. –A pesar de lo antes hablado, no obligaré a mi hija a casarse con alguien que no desea, lamento que tenga que enterarse de esta manera, príncipe, pero no desposará a mi hija. Noah enfureció. –¿Cree que puede retraerse de un día a otro? Su hija me ha prometido amor eterno así como yo lo hice con ella, no puede simplemente dejar de lado su palabra, ¿qué pensarán de la futura reina? Las intenciones de Noah nunca se vieron más claras, el rey confirmó lo que Eric y Esmeralda habían relatado anteriormente, Noah iba detrás del título más alto, no de su hija. –¿Qué pensarán de la familia Chadburn cuando se declaren en bancarrota, duque? Noah sintió una puñalada en el corazón, “duque”, fue sentir su pecho arder en ira, mientras que, la reina y Alexandra no podían creer lo que el rey dijo. –Usted nunca quiso a mi hija, sólo está detrás del reino, no lo voy a permitir. Noah enfureció, no sabía si seguir con el acto de amor profundo hacia Alexandra o ir directamente hacia la amenaza. –¿Cómo puede acusarme de algo así, Su Majestad? Alexandra ha sido quien está deshonrando la palabra que me dio, yo he amado a su hija desde el primer día que la vi– fingió retirar una lágrima para girarse hacia Alexandra –. ¿Cómo puede hacerme algo así? Yo creí en usted, yo creí que usted me amaba, que estaría conmigo hasta el final, usted me prometió amor verdadero. Alexandra se avergonzó de sus actos, sabiendo perfectamente lo que le dijo. Se acercó a él cuidadosamente para regresarle el anillo, Noah no podía creer lo que estaba viendo, no sabía en qué momento todo cambió. –Príncipe, usted sabe que no me ama. –¿Y su plebeyo la ama?– espetó con molestia –. Nadie creerá que se casará por amor, es obvio lo que está tratando de hacer, una alianza, esperanza hacia el pueblo, usted no lo ama, no como a mí. Alexandra miraba aquellos ojos profundos con extrañeza, sabiendo que el brillo que una vez vio, ya no estaba allí, eran unos ojos azules ajenos a ella, no los conocía. Sin embargo, no lo podía culpar de todo, ella dio su palabra, estuvo cegada mucho tiempo. –Adiós, príncipe. Sacaron al príncipe y lo detuvieron, Alexandra estaba devastada, no podía creer lo ingenua que fue para creer y caer en la trampa de Noah, siempre fue tan obvio. Noah no había terminado con su plan, él sabía que al día siguiente lo sacarían hacia la corte y todo el pueblo lo vería, por eso, la misma noche se golpeó a sí mismo hasta sangrar, cada golpe fue como si su padre se lo hubiera dado, recordándose que lo había decepcionado y que estaba en sus manos el futuro de Caeruleum. Los rostros sorprendidos de cada habitante del pueblo al ver el rostro ensangrentado y las ropas hechas trizas del príncipe, todas las mujeres querían acercarse a tocarlo, todos se preocuparon por él, preguntándose por qué le habían torturado. –¡El rey me hizo esto, cuando yo sólo le pedí la mano a la princesa! Exclamó con fuerza, haciendo que todos reaccionaran con susto y sorpresa, no podían creer lo que escuchaban. –¡Suéltalo! –¡Dejenlo libre! –¡Libéralo! Más y más bullicios en favor del príncipe. El llanto de su madre se hizo sonar por las calles al ver a su hijo ensangrentado, su padre sabía perfectamente que nadie por órdenes del rey lo había torturado, se lo hizo saber con una diminuta y efímera sonrisa, eso lo hizo sentirse orgulloso de sí mismo, Noah le sonrió en respuesta. –¡¿Qué te han hecho, hijo mío!? Noah escondía su rostro en los brazos de su madre, rápidamente lo alejaron de ella para llevarlo dentro del castillo, donde se determinaría lo que le sucederá. El pueblo amaba a Noah, todos estaban contrariados sin saber lo que sucedía, sabían que el rey Dominic era empático y noble, nunca ejercía la violencia, por ello había duda en la situación actual, ¿por qué razón torturaron al príncipe Noah? ¿Acaso era verdad? Aún así, por tanta duda que hubiera, los hechos eran otros, el príncipe estaba destrozado, los rumores de haber visto a la princesa con el anillo de compromiso eran más fuertes porque las fuentes de aquella información venían del castillo, era inevitable pensar en otra cosa que no fuera la versión que daba el príncipe. Alexandra veía todo desde su alcoba, nunca imaginó que esto sucedería al aceptar la propuesta del príncipe, ella tenía que hablar con él antes de que lo lleven al veredicto. Se escabulló, logrando hablar con él, Noah se sorprendió al verla, decidió seguir con su actuación. –¿Ha venido a ver lo que su padre me ha hecho? –Noah, deje de mentir, ningún guardia lo ha lastimado, ¿por qué está haciendo esto? Alexandra coloca su mano en la ventanilla de la puerta, Noah se acerca lentamente, dejando ver su rostro con cortes y sangre seca; levanta su mirada despacio, dando la mejor actuación del año. –¿Algo de lo que me dijo fue real? –Le puedo hacer la misma pregunta, princesa. Alexandra sintió las lágrimas apoderarse de ella, no podía evitar sentirse culpable, y el verlo en esas condiciones le agregaba poder a Noah. –Estaba confundida, todo sucedió tan rápido, usted estaba ahí para mí, me contuvo todo este tiempo, ¿por qué haría eso si no me amaba? La mirada de sufrimiento se convirtió en una mirada fría, un escalofrío recorrió el cuerpo de Alexandra, se quiso retirar pero Noah tomó de su mano por aquella ventanilla, la tomó con fuerza, con una mirada que la intimidaba. Cada segundo que pasaba, aquellos ojos azules penetraban los ojos dorados de la princesa, ella no lo podía entender, ¿acaso siempre la vio de esa manera y lo supo esconder? Estaba aterrada. –Luce patética, princesa, ¿acaso creía que la amaba? ¿Yo? Yo pudiera tener a cualquier mujer del reino, y creo que usted sabe que lo hice– Alexandra lo miró con asco –, así como usted no dejaba de fantasear con su amor de realeza, y yo lo único que quiero es gobernar, estoy enamorado del poder, usted es sólo un paso. –Va a recibir todo lo que merece– espetó queriendo zafarse de su agarre, no podía. Los nudillos de Noah se tornaron blancos debido a la fuerza, todo su enojo se estaba canalizando en la muñeca de la princesa, ella no sentía, la adrenalina estaba apoderándose de su cuerpo. –Lo haré, porque ahora, gracias a mi acto, todos estarán en contra del rey, su pobre padre no podrá comprobar que nadie me golpeó, es más, yo me encargaré de que usted sea mi esposa, o todo su reino caerá. –¿Cuál es su lógica? ¿Quiere salvarse de su reino caído para venir y hacer caer otro? –No me entendió, princesa– la tomó con más fuerza, lastimándola –. Su reino caerá, el mío comenzará. La certeza con la que pronunció aquellas palabras fueron suficientes para volver a sentir un fuerte escalofrío recorrer toda su columna, sintiendo un verdadero terror. Salió corriendo de ahí, en camino a su padre, queriendo decir todo, pero no le dejaron entrar, aunque ella gritara y dijera que era urgente, nadie por excepción de los reyes podían entrar a la corte, al veredicto. Tal y cómo Noah predijo, el rey tuvo que aceptar el casamiento de su hija, el honor estaba en riesgo, aquellos duques y formales de la realeza llegaron al mismo acuerdo, evitarían una terrible crisis en el reino si Noah y Alexandra se casaban, todo sería perdonado. La acusación de la muerte de Amanda fue irrelevante, nadie creyó aquella acusación, parecía que el rey estaba haciendo lo posible para que su hija no se casara, lamentablemente, no consiguió nada. El gran duque Chadburn filtró a uno de sus guardias para retirar aquel libro que Esmeralda y Eric entregaron como evidencia, lo que dejó al rey sin pruebas suficientes. Los gritos desesperados de Alexandra se hicieron sonar en todo el castillo al darle la noticia. El pueblo estuvo feliz por la noticia, al final del día, era lo único que conocían y lo único que les daba esperanza, un casamiento real, una gran fiesta, la economía de dos reinos y un apuesto príncipe desposando a la mujer más bella del reino. El orden de los eventos eran los siguientes: el cumpleaños de Alexandra, la gran boda Real, la coronación. –¿Qué me está diciendo, princesa? Edmund la miraba sin poder creer lo que escuchaba, su corazón latía más rápido de lo que podía soportar. –Jamás podremos estar juntos, Edmund– mordió el interior de su labio tan fuerte que sintió la sangre brotar y mezclarse en su boca –. Me casaré con Noah. El mundo de Edmund se derrumbó, sintió el vacío en su pecho, como si una parte de él le hubiera sido arrebatada. Aquella noche, el corazón de aquellos jóvenes se rompió, sus ojos no se despegaban del otro, sus almas desfallecen con el simple pensamiento de no poder estar juntos, ni ahora, ni mañana… jamás.
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