Alexandra se conmovió al ver a los primos en esa escena, Eric también se conmovió de cierta manera, prefirió retirarse en vez de interrumpir y estar en un lugar donde no es necesitada su presencia. La princesa notó el pensamiento de Eric y lo acompañó hasta llegar al salón, donde los abuelos estaban conversando alegremente.
–¿Qué ha pasado? Tienen unos rostros de tristeza.
–No es nada, señora, me golpeé de manera accidental y la princesa se preocupó.
Alexandra se limitó a contestar con un asentimiento.
–Iremos a ver los caballos, abuela.
–Muy bien, aquí los esperamos para la cena, no tarden.
Alexandra se adelantó hacia la salida para ir al establo, pero la realidad es que ella sólo quería pasear por los alrededores y se mantenía confiada de que Eric estando a su lado, no podía pasar nada más.
–Me aflige saber que Esme está triste, y aún más el saber que no puedo ayudarle en este momento– confesó la princesa.
–Esa preocupación también está llegando conmigo, pero me mantengo tranquilo al recordar que Edmund está con ella, es un buen primo.
Alexandra se sorprendió al escuchar esas palabras, sonaron como si conociera a Edmund.
–¿Ha hablado con él?– preguntó de manera curiosa y disimulada, o eso creía ella.
–Sí, cuando en la mañana partimos para el pueblo por frutos, o cuando le ayudo con el trabajo del establo.
–¿También es malhumorado con usted?
Eric reprimió una risa.
–No, princesa– aclaró su garganta antes de continuar –. Es un joven particular, pero es agradable.
Alexandra hizo una mueca aprovechando que Eric no podía verla, ella se decepcionó porque no podría quejarse del comportamiento de aquel joven hacia ella, no había nadie con quién hablar y eso la estaba matando.
–Eric, ¿cree que podamos permanecer aquí durante dos meses?
–Sí, princesa. ¿Usted no lo cree así?– cuestionó tomando una rama del árbol pequeño detrás de ellos.
–Sí, pero extraño mis libros, mis dibujos, mi música, todo lo que hacía en el castillo– suspiró tomando asiento en una banca de madera algo vieja pero que aún servía.
–Aquí hay libros, puede dibujar, me parece que su abuela tiene en su control algunas hojas limpias y carboncillo, de seguro puedo preguntarle por usted, si así lo desea.
Alexandra sonrió y asintió de inmediato, eso había hecho que recobrara su estado de ánimo alegre.
–¿Usted dibuja?
–¿Yo? No– negó con su cabeza mostrando una ligera sonrisa –. No dibujo, no escribo, no toco ningún instrumento; sólo sé defenderme y defender a otros, supongo que cada persona nace con su don.
–En eso tengo que coincidir con usted, Eric. Pero también creo en los sueños y en el aprendizaje, ¿usted tiene algún sueño?
Esa pregunta le hizo abrir los ojos y quedarse en blanco por segundos infinitos, pues, él nunca había pensado si tenía sueños, qué es lo que quería aprender y lograr, no tenía ni un pensamiento acerca de eso, era como si sólo estuviera programado para servir en el Reino.
–Yo...no, no he pensado en eso, Su Alteza.
–Eric, debe de haber algo, usted es talentoso, lo puedo sentir– Alexandra le mostró una sonrisa cálida y amistosa, eso hizo que Eric volviera en sí y recordara lo buena que su ama había sido todos esos años.
–Me temo que no puedo pensar en algo aparte de mi preparación para su seguridad.
–Vi que es un buen bailarín, eso no me lo puede negar– sonrió Alexandra con picardía.
Eric negó rotundamente con su cabeza, ese pensamiento nunca había cruzado por su mente, o tal vez sí... en uno de aquellos bailes de la realeza, cuando tocaba una melodía tan hermosa como aquella dama de compañía, sólo esa noche pudo pensar en tomarla de la mano y arriesgarse a bailar con ella, no por miedo al rechazo, era por miedo a ser su primera vez bailando.
–El primer paso, es invitar a la dama.
Alexandra finge estar sentada en un baile mientras espera por un caballero que la invite a bailar, Eric la observa y sabe que no lo dejará irse sin antes compartir segundos de baile con ella, y eso hace, se inclina para invitarla a bailar.
Alexandra toma de su mano y se levanta, Eric se encarga de colocar su mano izquierda a la altura de su cintura, pero se asegura de que sea ligeramente más arriba de su cintura, con su mano derecha sostiene la mano izquierda de la princesa, ella mantiene su sonrisa. Eric empieza a dirigirla en el baile, no había música, por ello, él debía de improvisar y asegurarse de que pudiera seguir los pasos a la perfección, no importaba con qué melodía.
–Puede arriesgarse un poco y girarme– habló con diversión al ver el rostro concentrado de Eric.
El joven concentrado asintió y dulcemente giró a la princesa, ella giró con gracia y delicadeza, haciendo una imagen divina de aquellos amigos; ella regresó a su posición inicial y sonrió ampliamente para después saltar a los brazos de aquel joven nervioso.
–¡Lo logró!– exclamó la princesa riendo de diversión y emoción.
Eric también sonrió y dejó salir algunas risas de nerviosismo mientras mantenía a la princesa en el abrazo amistoso, pero eso no pensaban los primos que veían aquella escena a pasos de distancia, ellos estaban sorprendidos por encontrarlos de esa manera, pues, nunca pensaron que su relación era más que amistosa.
El joven se dio cuenta de sus espectadores y dejó de reír, soltó delicadamente a la princesa, ella se dio cuenta de que algo había pasado, fue entonces que volteó hacia el origen de la mirada extraña del joven y, pudo ver a los primos de cierta manera sorprendidos, porque ellos pensaban en sólo una cosa, mientras que sin saberlo, estaban completamente equivocados.
–Disculpen la intromisión.
Esmeralda tomó a Edmund del brazo para caminar de regreso a la casa.
–Oh no, esperen– Alexandra caminó hacia ellos para detenerlos –. Estábamos esperando que ustedes se desocuparan, ¿cómo está, Esme?
–Bien, gracias– respondió evitando cualquier contacto visual con Eric.
La incomodidad sólo crecía, y aunque estuvieran al aire libre con un bello atardecer, sólo parecía que estuvieran dentro de un salón pequeño y no pudieran salir.
–Su demostración de baile me pareció excelente, señorita Devereux.
–Oh, eso no fue nada en particular, sólo un baile informal, nada en comparación al baile que presentaron en casa.
–No sabía de la estima entre ustedes– habló Edmund por primera vez.
–Es algo prácticamente nuevo, a pesar de los años, nunca conversamos hasta ahora.
–Sí, ahora somos nuevos amigos, así como Esme y yo– sonrió Alexandra y eso disminuyó la tensión entre esos cuatro jóvenes –. Pero me temo que debo regresar a casa, ustedes pueden disfrutar del bello paisaje, permiso.
Alexandra recoge un poco de su vestido para asegurarse de que no lo pisará, hace una reverencia y se abre paso entre los primos para poder pasar y regresar a casa.
Tuvo una deliciosa cena junto con sus abuelos, conversaron durante toda la velada, hasta que Catherine decidió que era hora de escuchar los dotes musicales de Esmeralda.
–Su madre me dijo que desde pequeña mostró gusto por el piano, y dado el momento, tu abuelo y yo pudimos regalarle uno, así podría aprender y ensayar todo lo que quisiera, desde entonces ha permanecido pegada a ese piano en la medida de lo posible. Te sorprenderás al escuchar con qué delicadeza toca el piano.
La abuela habló en voz baja mientras Esmeralda se acomodaba en el piano, estaba preparada para desahogar cualquier emoción de aquel intenso día.
Alexandra se quedó pensando en la familia de aquella chica, ella era joven, incluso más joven que su dama de compañía, "¿qué pasaba con su familia?" pensó.
Su pensamiento paró cuando los dedos de Esmeralda tocan las teclas de aquel piano, el salón fue invadido por notas musicales; es una de las melodías favoritas de Esmeralda, siendo que su madre la tocaba para ella cuando era pequeña.
El sonido llegó hasta los oídos de Edmund, quien estaba terminando de limpiar el establo, sonrió al escuchar que su prima estaba tocando el piano de nuevo, y que regresó con esa melodía, pues, él también recuerda a su tía tocando para ellos.
Edmund salió del establo y se detuvo a mirar el valle, viendo el sol desaparecer entre las nubes, y viendo cada vez más cerca a la luna; fue como si todo a su alrededor se detuviera y sólo podía escuchar las notas musicales y su calmada respiración.
–Gracias tía– susurró Edmund viendo al cielo con una sonrisa y con lágrimas en sus ojos.
El pensamiento de Edmund era exactamente el mismo que el de Esmeralda, sus dedos fluían de manera automática y con el corazón enfrente de ella, era todo aún más fácil, su mente lo único que proyectaba era la imagen de su madre, su sonrisa cálida en aquellas noches frías. Esa melodía acariciaba el corazón de Esmeralda, y le daba el abrazo que necesitaba en ese momento, el abrazo de su madre.
Esmeralda dejó salir una lágrima, al mismo tiempo que Edmund, pero todos los demás ya habían derramado algunas lágrimas, los abuelos, la princesa y el joven Fitzwilliam estaban quietos en su lugar.
Con lágrimas resbalando por sus mejillas, sin explicación alguna, porque aunque sentían una tranquilidad, la emoción y sentimiento de Esmeralda eran lo que hacía la diferencia, un sentimiento dentro del corazón inexplicable pero profundo.
Los minutos pasaron y Esmeralda tocó la última nota con la precisión que se esperaba, todos se pusieron de pie para aplaudir a la joven con cabellos alborotados y algunos de ellos pegados debido a las lágrimas en sus mejillas.
–Bravo, querida.
–Wow.
Alexandra giró su cabeza para ver a Eric conmocionado por aquella interpretación, sonrió con lágrimas en sus ojos, regresó su mirada con Esmeralda, ella está enrojeciendo y con su sensibilidad al tope.
–Eso ha sido hermoso, Esme– Alexandra se acercó a ella para tomar de sus manos, las cuales tenían un temblor debido a la emoción del momento.
–Muchas gracias– respondió con algo de dificultad, retiró sus manos del agarre de Alexandra –. Perdonen, debo retirarme.
Salió del salón con rapidez, no podía contener el sentimiento por más tiempo, porque todo estaba llegando a ella conforme los segundos pasaban, pudo llegar hasta la entrada por detrás de la casa, un camino que dirige al establo. Edmund pudo verla salir y observar cuando dejó salir sus lágrimas con todo lo que llevaba dentro, él limpió sus mejillas y caminó hasta llegar con ella.
–Esme, pude escuchar lo que tocaste, fue hermoso– tocó su hombro mientras ella limpiaba su rostro debido a la vergüenza de verla llorar, aunque entre ellos no había vergüenza en absoluto, los dos fueron criados como hermanos, y de esa manera se quieren y se cuidan.
–La extraño– murmuró entre sollozos.
–Lo sé, yo igual– Edmund la atrajo hacia él para reconfortarla con un abrazo.
Él sabía lo importante que es su mamá para ella, y aunque sea un amor diferente el de tía con sobrino al de madre con hija, Edmund amaba y ama a su tía como si fuera su segunda madre, y él puede llegar a entender el sufrimiento de Esmeralda, lo que los lleva a ser más unidos.
Alexandra salió del salón con la esperanza de encontrar a Esmeralda en la cocina, así podría conversar con ella y darle palabras cálidas, pero no la encontró, se asomó por la ventana de la cocina y fue cuando vio a los primos en un abrazo, ahora ella supone que aquella melodía fue sólo la punta del iceberg ante aquella situación llena de lágrimas y abrazos.
Los vio por última vez y antes de darse la vuelta, la mirada de Edmund capturó la suya, ella se alejó de inmediato con los latidos de su corazón acelerándose, y su respiración agitada; era la segunda vez en la que Edmund la descubre en una situación que quedaría mal para la reputación de cualquiera, y más para una princesa.
Cerró sus ojos y pasó con cuidado sus manos por su cabello recogido, pudo recobrar su postura y se retiró de la cocina de una manera discreta para que no la vieran desde fuera.
–¿Será prudente comprar otro piano? Siento que... ¡Oh querida! ¿Encontraste a Esmeralda?
La entrada de Alexandra irrumpió la conversación entre los abuelos, ella tomó asiento en el salón junto a sus abuelos.
–La vi conversando con su primo, no quise interrumpir.
–Bien hecho, cariño– respondió Joseph –. Deberíamos irnos a descansar, hoy ha sido un día lleno de todo, ¿cierto Alex?
–Sí, es cierto, abuelo.
–Subiré para acomodar todo, te espero Cathy– el abuelo se acerca a su esposa para darle un beso de buenas noches.
–Iré enseguida, Jo.
–¿Necesita algo, abuela? Puedo traerlo, o prepararlo si así lo desea.
–No, Alex– sonrió su abuela –. Sólo necesito que seas una buena amiga para Esmeralda, esa niña ha pasado por mucho y nosotros la queremos como si fuera nuestra nieta.
–No hay necesidad de pedirlo abuela, siento que Esme es como una hermana para mí, sin duda es una joven increíble, y hoy he podido ver lo que significa para mí su amistad, pues, he estado preocupada por ella durante todo el día, y me temo que también durante toda la noche.
–Alex– la señora tomó la mano de su nieta –. Antes de que Esmeralda viniera a vivir aquí, su madre, Fleur, trabajó aquí, fue casi al mismo tiempo en el que nosotros nos mudamos a estas tierras, y fue que conocimos el corazón de ella y de su amada hija. Ella no trabajó aquí hasta que tuvo quince años, pero fue por su propia decisión, pues, lo único que quería era que su madre no trabajara más. Ellas se mudaron cuando su padre falleció, y eso sólo le dejaba trabajar para ella y su hija, nosotros no nos negamos y sus tareas eran pequeñas, la mayoría del tiempo sólo le pedíamos que tocara el piano. Fleur le enseñó a tocar el piano, ella fue una maravillosa maestra, a todos nos conmovía con su magnífica interpretación, al igual como hoy nos lo demostró Esmeralda.
–Abuela, usted mencionó: "fue una maravillosa maestra".
–Sí, mi niña– Catherine bajó la mirada y limpió lágrimas que se avecinaba a salir –. Fue al principio del año pasado, ella enfermó pero no pudo recuperarse de la enfermedad, aunque ya habían pasado años de luchar contra ello. Ahora los deberes habían cambiado, Esme se encargaba de la casa mientras Fleur tocaba el piano; pero fue un día del frío Enero, que no escuchamos su melodía, le pedí a Edmund que revisara cómo se encontraba, y fue cuando unos gritos me erizaron la piel... Fleur ya había tocado el cielo.
Alexandra no pudo contener sus lágrimas, al igual que su abuela, quien al relatar lo sucedido, revivió aquel triste día como si hubiera sido ayer.
Después de compartir algunas lágrimas entre abuela y nieta, escucharon que los primos habían entrado a casa, lo menos que querían era verlos y aturdirlos con su repentina tristeza, por ello se levantaron sin hacer el menor ruido y subieron los escalones hasta llegar a sus correspondientes piezas.
Alexandra se cobijó y entró a un sueño profundo después de minutos de sollozar en silencio, ella extrañaba a su padres, pero después de hoy ver con otra perspectiva lo que es la vida sin una madre o sin un padre, su corazón se entristeció y no pudo contener las lágrimas por minutos tras minutos.
Ella ama a sus padres, y la sola idea de haberse enojado con ellos por algo tan vano, le remordía la conciencia, en ese momento lo único que quería era regresar a casa y verlos de nuevo, el rostro de sus padres fue el último pensamiento antes de caer profundamente dormida.